La falta de escucha divide a los argentinos y agrava los conflictos sociales y económicos

La palabra propia indigesta. Por eso es sabio y alivia, escuchar al otro. La política es la responsable del progreso sin rebelión ni violencia

Quien escucha aleja la urgencia, la cual ocurre cuando ya es tarde
Quien escucha aleja la urgencia, la cual ocurre cuando ya es tarde

Saber escuchar. ¿No es acaso uno de los elogios menos comunes y más valorados de la vida social? Un padre que no escucha enferma a sus hijos. La autoridad que no escucha despierta rebeliones. Implica la capacidad de administrar el tiempo. Quien escucha aleja la urgencia, la cual ocurre cuando ya es tarde.

En los viejos tiempos los jefes de las Estaciones del Ferrocarril eran una fuente permanente de información, por ejemplo, sobre la marcha de la actividad rural. Avisaban de la seca y de la manga de langosta, del exceso de lluvias; en fin, preparaban para la noticia, la cual es siempre el resultado de todas esas cosas que antes avisan y que se deben escuchar para no ser sorprendidos que, rara vez, es gratamente.

Escuchar exige un orden: hay lo que suma y también lo que quita; y la demora en la escucha impide el inventario y hace que muchas sumas se multipliquen y, la gran paradoja, es que esos resultados amplificados, finalmente dividen. Eso está pasando.

Escuchar exige un orden: hay lo que suma y también lo que quita; y la demora en la escucha impide el inventario y hace que muchas sumas se multipliquen y, la gran paradoja, es que esos resultados amplificados, finalmente dividen

También, en otros tiempos menos esdrújulos, nos alertaban los comentarios sensibles de los curitas de las Parroquias que estaban diseminadas en todo el territorio que se canalizaban y, finalmente, se hacían una voz audible. La escucha sensible hace audible la voz menos acentuada. Escuchar la voz de los que no tienen voz.

La misma faena hicieron y hacen, los delegados sindicales y de allí a las dirigencias y otro tanto las organizaciones empresarias que, en la medida de la “sensibilidad auditiva” de la organización, proveían información, pre diagnósticos, anticipación inteligente. Ese es uno de los tantos significados de aquello de “el que avisa no traiciona”.

Escuchar. No silenciar. No distraer. No confundir. ¿Puede haber una virtud mayor en el poderoso que la capacidad de escuchar al otro? No es virtud escucharse a sí mismo.

El uso de la propia palabra como alternativa a la escucha, el abuso de la palabra, genera la indigestión por escucharse a sí mismo. La palabra propia indigesta. Por eso es sabio y alivia, escuchar al otro.

En el Congreso es común los grandes monólogos en el que pocos escuchan, en particular al del partido opositor
En el Congreso es común los grandes monólogos en el que pocos escuchan, en particular al del partido opositor

Hace tiempo, un documental de la BBC, relataba que en antes del terremoto que sufrió la ciudad de Hélice (373 A.C.) según relatos griegos de la época, huyeron de la ciudad ratones y comadrejas. En los últimos años se ha escuchado que los tsunamis matan pocos animales, lo que avalaría que algunos huyen antes que la catástrofe se manifieste.

Carentes de esa sensibilidad, los humanos -sensatamente- hemos establecido una red mundial de alertas de tsunami. No los evitan, pero nos podemos preparar para controlar los daños. Escuchar tal vez no evita, pero permite prepararse para el control de daños. Afortunadamente el aviso siempre existe. No hay tal cosa como no “avisaron”.

Pero el aviso, para existir realmente, exige estar atentos a la escucha. Ahuyentar el halago de los próximos.

Tal vez, no creo equivocarme, la escucha es la primera condición del buen gobierno.

No creo equivocarme, la escucha es la primera condición del buen gobierno

Nada ocurre súbitamente. Siempre explican los historiadores y comentaristas, que son aquellos que procuran una mirada panorámica, que antes que sucedan las cuestiones que perturban, por ejemplo, las historias significativas de la Revolución Francesa a la Revolución Rusa del 17, hubo señales olímpicamente ignoradas por los que habrían de sufrir sus consecuencias. Si las señales no llamaron la atención, es decir, si no hubo escucha atenta y ordenada, lo que ocurrió es que el camino transcurrió en una enorme insensibilidad a la escucha. Es esa una atrofia de la principal víscera de la política.

La historia enseña que la ausencia de escucha produjo males que se podrían haber evitado. Las rebeliones tienen que ver con la ausencia de escucha. La política es la responsable del progreso sin rebelión ni violencia. Y por eso la escucha es virtud de la política.

Polonio, en el I de Hamlet (W. Shakespeare) aconseja “A todos presta oídos; tu voz, a pocos. Escucha el juicio de todos, y guárdate el tuyo”. Pues bien “el animal político”, sobre todo cuando gobierna, debe ser un gran escuchador y esa es la primera diferencia con el resto de las especies cuando se trata de conducir.

En una primera lectura, quizás la única verdadera, el episodio de la policía de la provincia de Buenos Aires fue uno de aquellos que revelan una obstinada incapacidad de escucha de la dirigencia política, tanto provincial como nacional (Reuters)
En una primera lectura, quizás la única verdadera, el episodio de la policía de la provincia de Buenos Aires fue uno de aquellos que revelan una obstinada incapacidad de escucha de la dirigencia política, tanto provincial como nacional (Reuters)

En una primera lectura, quizás la única verdadera, el episodio de la policía de la provincia de Buenos Aires fue uno de aquellos que revelan una obstinada incapacidad de escucha de la dirigencia política, tanto provincial como nacional.

Sólo bastaba con mirar dos recibos de sueldo, el de CABA y el de la provincia. Una jurisdicción es la responsable y la otra es la que debe auditar esas responsabilidades.

Sólo bastaba con mirar dos recibos de sueldo, el de CABA y el de la provincia. Una jurisdicción es la responsable y la otra es la que debe auditar esas responsabilidades

El Estado Nacional carece de territorio, pero es el responsable de la totalidad: diseña, provee y audita para el conjunto. Esa distinción lleva a la meneada, en estos días, cuestión del federalismo que está en la esencia de la Confederación Argentina. La que existe “por voluntad y elección de las Provincias que la componen y en cumplimiento de pactos preexistentes”. No se debe olvidar.

Las fuerzas policiales son las únicas armadas que conducen las autoridades provinciales. Pero forman parte del dispositivo de seguridad que asegura la paz interior.

Las últimas encuestas de opinión pública coinciden en la creciente preocupación por la “inseguridad y el delito”. Preocupación que, en algunas encuestas, lidera por encima del coronavirus y las variables económicas.

Hay momentos en que es mejor reconocer la ignorancia que, por hacerse el conocedor, dar a entender que se está dispuesto a jugar con fuego. El fuego quema.

La realidad brama, los problemas se multiplican y -como se dijo antes- esa multiplicación termina por dividir. La ausencia de escucha, la ausencia de esa virtud de gobierno, divide.

Hoy la Argentina, este episodio policial, presupuestario, fiscal y finalmente de conflictividad jurisdiccional, ergo, federal, demuestra la división y fortalecimiento de “tribus” y compartimentos estancos, además carentes de líderes. Es natural que las fuerzas policiales no tengan líderes, por la misma esencia de su función tiene que tener autoridades.

Quien en esos cuerpos ejerce la autoridad, delegada por la política, la debe sostener por esa virtud que se adelanta a la necesidad, al requerimiento. Por eso conduce. En este episodio lamentable quedó de manifiesto esa carencia. Y es la elección, y la ausencia de auditoria, de parte de la política la última responsable.

La decisión de reducir la coparticipación a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para financiar el presupuesto de la policía provincial, podrá ser o no legítima desde el punto de vista moral o desde el punto de vista jurídico. Lo que no cabe duda es que el método con el que se ejecutó es irrepetible (Télam)
La decisión de reducir la coparticipación a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para financiar el presupuesto de la policía provincial, podrá ser o no legítima desde el punto de vista moral o desde el punto de vista jurídico. Lo que no cabe duda es que el método con el que se ejecutó es irrepetible (Télam)

La decisión de reducir la coparticipación a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para financiar el presupuesto de la policía provincial, podrá ser o no legítima desde el punto de vista moral o desde el punto de vista jurídico. Lo que no cabe duda es que el método con el que se ejecutó es irrepetible.

No se puede convocar a intendentes de la misma fracción política del Jefe de Gobierno, al que le van a reducir la coparticipación sin avisarle previamente del anuncio, anuncio que – además – no se conversó en tiempo y forma con las autoridades a las que se va a perjudicar. Y mucho menos creer o sostener que esa decisión es un aporte al federalismo.

La cuestión de la coparticipación, el sistema tributario, la puesta de recursos en el marco territorial, que deriva de la incapacidad de articular una política nacional, es el origen de la violación del federalismo que consiste en que la mayor parte del territorio nacional dispone de un PBI por habitante miserable comparada con las regiones más ricas del país.

La cuestión de la coparticipación, el sistema tributario, la puesta de recursos en el marco territorial, que deriva de la incapacidad de articular una política nacional, es el origen de la violación del federalismo

Esta Confederación ha destruido -en términos relativos- las condiciones productivas y de vidas de las provincias que la constituyeron en 1853. El problema no es nuevo.

Más allá de su éxito material, que bien puede ser minúsculo para muchos, el Acta de Reparación Histórica, que en 1973 formuló incentivos para el desarrollo productivo de las provincias que más hombres aportaron a la Independencia, más allá de sus éxitos o debilidades, brindó una ruta de objetivos e instrumentos para la materialidad del federalismo.

Otra vez el legado del líder del peronismo fue groseramente olvidado por los gobiernos que reivindican ese origen: Carlos Menem no sólo liquidó pueblos e historias de vida levantando las vías del ferrocarril sino que construyó una pista de aterrizaje en Anillaco, La Rioja, que no generó trabajo para nadie; y los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner le dieron a Santa Cruz enormes fortunas en cabeza de algunos personajes menores que compraron pisos suntuarios en Nueva York y que -obvio- no aumentaron el PBI provincial por habitante.

Las consecuencias sobre la vida de cada uno de los argentinos de esa enorme incapacidad de la política por generar las condiciones para hacer habitable -en el sentido profundo del término- el lugar donde se ha nacido, se puede medir observando cómo se acumula la pobreza de los obligados a emigrar por esa incapacidad.

El verdadero problema de la coparticipación

Sí, la coparticipación es parte del problema. Pero no es la escasez de repartos tributarios la causa del problema. La causa del problema es la ausencia de inversiones que no generan capacidad contributiva en la mayor parte del territorio. ¿Nunca una reflexión sobre las causas? Detrás de ella está el olvido del desarrollo del enorme potencial que existe en todas y cada una de las provincias.

El federalismo esencialmente es escuchar la tierra yerma, la falta de trabajo y la condena fiscal del empleo público como sustituto de una política de desarrollo. Escuchar para terminar con ello. Eso es federalismo.

El autor fue subsecretario de Economía del ministro José Ber Gelbard y uno de los que redactó ese plan, además de escritor, autor del libro “Economía y política en el tercer gobierno de Perón”, y profesor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA

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