Peor que una verdadera devaluación

No se puede modificar abruptamente un precio de la economía sin que tenga consecuencias

 Banco Central de la República Argentina (REUTERS/Ricardo Moraes)
Banco Central de la República Argentina (REUTERS/Ricardo Moraes)

Las recientes medidas cambiarias me han dejado sorprendida. No solucionan ningún problema y crean varios más. Por evitar una verdadera devaluación nos llenamos de regulaciones complejas. Se asumen todos los costos y no queda claro que haya beneficios.

La nueva medida crea múltiples dólares: para exportadores, para importadores, para personas, para empresas, para deudores, para dejarlos en Argentina o llevarlos al exterior, para operaciones en blanco y de las otras, para los que pueden esperar en un parking, para los que quieran importar libros, etcétera. Un galimatías.

El BCRA no puede agregar impuestos, por lo que seguramente trabajó en conjunto con el Ministerio de Economía, que acababa de preparar el presupuesto que se presentó el día anterior con supuestos totalmente diferentes. Sólo un día duró el presupuesto.

El BCRA intenta proteger las reservas actuales, pero no hay muchas esperanzas de que vuelvan a aumentar reservas. Cuando se acaben las que están, no hay nada que indique que ingresarán masivamente -ni siquiera en cuenta gotas- más dólares que los estrictamente necesarios de los sufridos exportadores que están obligados a liquidar sus ventas para poder seguir produciendo. El año que viene habrá menos cosecha por la simple razón de que la proporción entre costo de insumos y precio de ventas se ha duplicado. Sí, duplicado. Las exportaciones de la industria del conocimiento rápidamente se dejarán de facturar desde Argentina. Por el contrario, una devaluación al menos hubiera fomentado las exportaciones.

Las empresas y provincias están casi obligadas a entrar en default. No sólo necesitan más pesos para comprar dólares, sino que tendrán que renegociar forzadamente con sus acreedores una refinanciación del 60%. De poco sirve haber renegociado una parte importante de la deuda pública si ahora los privados tienen problemas para pagar la suya. La única forma de hacerla es con muchos más pesos que sólo podrán obtener subiendo precios.

Las normas no sólo son una retención de impuestos adicional. Implican cambios en el acceso al mercado de capitales, por lo que suma un problema a los muchos que ya hay.

El impacto sobre precios posiblemente sea mayor que si se devaluaba ya que los costos relativos para las empresas aumentan más que con una devaluación. Al mismo tiempo se pierden los beneficios que hubieran tenido para los exportadores. Al contrario, se les castiga aún más. Los importadores que consigan un permiso (guiño de ojos) podrán comprar a tipo de cambio oficial. Se cierra la economía, dudo que sea bueno para crecer. Es más, la única herramienta que tiene Argentina para salir de este fango es exportando más. ¿Seguiremos esperando una nueva oportunidad?

Por un largo tiempo podemos descartar el ingreso de dólares a tipo de cambio oficial para financiar actividad productiva. Sin actividad productiva adicional no hay crecimiento. Recordemos que hacer mantenimiento cuesta caro, pero no hacerlo cuesta más todavía. Las empresas sólo pueden financiarse con su propio margen de ganancia que, con estas normas, acaba de reducirse.

Menciono sólo algunos detalles pequeñitos, para mostrar que esta norma nos toca a todos. Mantener tus contactos de celular en la nube resta del cupo. La publicidad en Facebook o Google de la cual dependen muchas pequeñas empresas se encarece. Tenemos ley de teletrabajo (horrenda), pero tampoco se podrá aplicar porque será más caro tener computadoras o internet. Los bancos y tarjetas de crédito tienen que adecuar sus sistemas, pero los programas y sistema de archivo se cobran en dólares. El sachet o cartón de leche es importado. Nada hay 100% doméstico. Nunca lo fue, nunca lo será.

Es posible que haya quien piense que comprar dólares era especulación. Es posible que haya quien crea que el Estado tiene más derecho a los dólares que los ciudadanos. Lo que no puedo creer es que haya quien crea que se puede modificar abruptamente un precio de la economía sin que tenga consecuencias. Se agregaron cambios regulatorios adicionales a mercado de capitales, de deuda, financiación de empresas y de provincias.

A pesar de estas preocupaciones, todo tiene un lado positivo: el día que desregulemos será más fácil crecer desde tan abajo que habremos llegado.

La autora es economista de la UCEMA

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