La recuperación económica verde es posible y con soluciones locales

Un futuro próspero, justo y sostenible es absolutamente viable en nuestro país

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“Si sigues probando las mismas fórmulas no esperes nuevos resultados”, dice una frase muy conocida. Y este es el problema: tenemos la convicción de que estamos bien en el siglo XXI con soluciones del siglo XIX. El error es seguir intentando ponerlas en práctica. Las ideas que circulan en la actualidad siguen siendo las mismas de los últimos 100 años: subsidiar los combustibles fósiles, rescatar a los históricos espacios de poder, recuperar los niveles de consumo y potenciar la industria conocida.

Pero, hay otro camino para alcanzar la recuperación económica. Las soluciones sostenibles pueden dar esa respuesta que necesitamos; un futuro próspero, justo y sostenible es absolutamente viable en nuestro país.

Muchos de los prejuicios sobre la sostenibilidad (sobre todo, los relacionados con la prosperidad y el desarrollo) están saldados hace años. ¿Pero, cómo puede nuestro país hacer esta transición? Fácil, basándose en la última evidencia científica disponible. ¿La de los poderes de países extranjeros? No, la de la ciencia que nuestra propia capacidad nacional nos provee. La de nuestra gente, que emprende, innova y quiere un país mejor para vivir.

Esa tan ansiada recuperación económica puede venir de muchos lugares. Numerosos estudios muestran con números cómo ese futuro sostenible se puede alcanzar con una transición energética real, que abandone progresiva y sostenidamente los combustibles fósiles, en pos de fuentes renovables, como la solar y la eólica, para lo que nuestro país tiene amplias capacidades. Un parque solar o eólico de gran escala puede construirse y ponerse en funcionamiento en menos de dos años. Es más, esta generación no sólo puede reemplazar los sistemas centralizados tradicionales, sino que también plantearse de manera que sean accesibles y así tener una red a la medida de las necesidades, combinando energía centralizada y descentralizada, generada en los lugares en donde se la consume. Y eso puede hacerse en muchísimo menos tiempo.

La transición energética brinda muchas oportunidades para el desarrollo de tecnología y conocimiento local. Con una mirada de largo plazo se pueden incentivar hoy numerosas carreras y empleos verdes que tendrían un futuro más que prometedor.

Otra potencialidad muy tangible en la Argentina tiene que ver con el hidrógeno, un combustible del que no se habla, pero que tiene un enorme potencial y un futuro muy prometedor: podría ser la fuente de almacenamiento que tanto se necesita, en Argentina hay ejemplos de empresas que generan en escala industrial. La lista se completa con un aprovechamiento racional de bioenergía y un progresivo avance hacia la electrificación de nuestro sistema energético.

Todas estas transformaciones, claro está, requieren de tiempo, dinero y decisiones importantes. Pero, si tan sólo viéramos los recursos que se destinan a subsidiar las industrias que hoy dan pérdida y no tienen futuro, como la petrolera, veríamos que la transición no es tan difícil como la creemos. La energía renovable instalada y funcionando al día de hoy en Argentina representó una inversión estimada de 6 mil millones de dólares, un poco menos de lo que recibieron las petroleras sólo en 2018 en concepto de subsidios.

El sector agropecuario y forestal también es sumamente importante para el futuro de nuestro país, aunque los últimos meses hayan dejado en evidencia la poca consideración que se tiene al respecto. Aquí, hay oportunidades como la agroecología y la conservación de ecosistemas clave para alcanzar la sostenibilidad y que nos permitirán vivir mejor. Nuevamente, es tan solo mirar lo que nos dice la ciencia.

Estas líneas no son un mero ejercicio de pensamiento abstracto. Son soluciones concretas que se pueden encontrar con mucho más detalle un trabajo de FARN que contribuyen con mucha seriedad a un problema real, en el que todos los ministerios, el Presidente y los tomadores de decisión tienen injerencia. Estas son algunas posibles soluciones a un problema que ya está sobre nosotros, y que atenta contra nuestro bienestar, nuestra seguridad y, en última instancia, nuestra existencia.

El autor es experto en Cambio Climático de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN)




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