Empresas en fuga, síntoma de la decadencia

El Gobierno y la sociedad toda deben tomar conciencia de que para poder generar trabajo la gente que invierte (tiempo, dinero o bienes) tiene que obtener por ese sacrificio presente un retorno mayor que el consumo que está posponiendo

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El gobierno ya debería estar preocupado y evaluando cuáles son las razones de la “pandemia” que afecta a las empresas que están decidiendo retirarse de la Argentina. La reciente decisión de Falabella, que incluye a CMR y Sodimac, se suma a las de Latam, Nike, Saint Gobain, Axalta, Pierre Fabre, Walmart y Wrangler, por nombrar algunas. A estos nombres conocidos hay que sumar 60.000 pymes, según encuestas realizadas por CAME, que ya han cerrado sus puertas o están a punto de hacerlo y muchas otras cuyos nombres todavía no son públicos. En todos estos casos los propietarios han optado por cortar las pérdidas, muchas veces dilapidando un patrimonio construido durante toda una vida.

A diferencia del COVID, en este caso no existe la cuarentena que no cura pero que puede evitar, o al menos retrasar, la enfermedad. Casi todas las empresas de la Argentina están contagiándose de esta enfermedad y si cuanto antes no se comienzan a aplicar los remedios la mortalidad no se detendrá.

¿Debería el Estado preocuparse de la salud de las empresas? La respuesta es un rotundo sí, porque los afectados por la muerte de ellas son, ante todo, personas: empleados, propietarios, proveedores y también clientes, en definitiva ciudadanos que tendrán menos opciones para trabajar y elegir, en detrimento de salarios, precios y calidad.

El Gobierno y la sociedad toda deben tomar conciencia de que para poder generar trabajo la gente que invierte (tiempo, dinero o bienes) tiene que obtener por ese sacrificio presente un retorno mayor que el consumo que está posponiendo. Eso es lo que está pasando en Argentina. No existe el premio extra en el futuro por el sacrificio actual.

Las razones de esta decadencia son múltiples y de larga data. Es necesario comenzar ya a aplicar medidas correctivas para cambiar la tendencia. Son muchas y abarcan diversos aspectos, pero tres de ellas son las principales. Primero, bajar impuestos. El Estado debe dejar de ser el socio principal de todos los argentinos. Un socio calificado que reclama su parte en las buenas y se lava las manos, o lo que es peor, sigue exigiendo en las malas. ¿Quién invertiría con un socio así? La respuesta es casi nadie, y eso es lo que está sucediendo en Argentina. Para poder bajar los impuestos, hay que eliminar el gasto público improductivo. La baja de los impuestos será consecuencia de la mejor administración del estado.

Un segundo aspecto imprescindible es una reforma de las leyes laborales para reducir los sobrecostos que cargan sobre los salarios y para permitir y promover trabajos de mayor productividad. Los políticos y los representantes sindicales deben entender que los costos salariales no pueden superar la capacidad de producción del empleado. Los cuentapropistas y los empleados de empresas pequeñas, que están muy cercanos a todos los aspectos del negocio, entienden esto perfectamente. Un ejemplo claro de trabajo de baja productividad es la carga de combustibles. Argentina es de los pocos lugares del mundo donde está prohibida la carga del combustible por parte del consumidor, algo que tiene toda la lógica ya que lo puede hacer fácilmente en lugar de esperar sin hacer nada. Esta prohibición obliga a estos empleados a tener salarios bajos y a los consumidores a pagar más caro el combustible.

Por último, es necesario tener estabilidad en las reglas de juego. Nadie va a invertir, y por lo tanto generar empleo, si una vez que la inversión está realizada se cambian las reglas de juego, casi siempre en desmedro del inversor que ya no tiene salida. Los ejemplos abundan es esta área.

Por supuesto que, casi siempre, tomar medicamentos es desagradable o doloroso, pero es necesario para curarse. Cualquiera de las medidas planteadas puede traer dolor en el corto plazo, pero son absolutamente necesarias para nuestra supervivencia como país en serio. Si no lo vemos así o no estamos dispuestos a mejorar, resignémonos a continuar con nuestra decadencia y a incrementar la pobreza. Pero esto sería como si una persona joven y llena de potencial, ya que eso somos como país, prefiriera que su enfermedad avance en lugar de tomar los remedios que lo sanarán y le darán vitalidad. Así de simple, pero la sociedad y los políticos todavía deben tomar conciencia de ello. Sería una locura no hacerlo.

El autor es socio de Infupa S.A.

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