¿Para qué insistir con la unidad nacional?

El país necesita otra oposición, creíble, eficiente, dura en la ley y el respeto a la patria, como a la historia que hizo grande a este país

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el Palacio Presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins
FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el Palacio Presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

Si los políticos de Juntos por el Cambio continúan insistiendo en que la quita de 35 mil millones de pesos a la ciudad de Buenos Aires para ser enviados a la provincia de Buenos Aires debe ser leída como un conflicto entre dos regiones, están cometiendo un error de percepción política grave. El problema central es entre el kirchnerismo y la oposición. Las poblaciones de uno y otro lado no deben ser involucradas. No es regional el asunto sino político e ideológico. Y como tal debe ser abordado.

Cuando al kirchnerismo le fue mal con la 125, retenciones al campo que naturalmente podrían llegar a ser confiscatorias, se apoderaron de las AFJP, para responder con esos fondos al disparate de incorporar millones de nuevos jubilados que no habían aportado como correspondía. Violaron las leyes del sistema capitalista y su espíritu y no hablaron de unidad nacional. Por el contrario, vamos por todo.

El kirchnerismo siempre va a encontrar una caja para solucionar de mala manera los problemas económicos que debería resolver en términos de concordia política o en el marco del sistema capitalista.

Lo cierto es que Juntos por el Cambio no está a la altura de la situación. Corrieron como niños al lado del Gobierno cuando veinte patrulleros rodearon la Quinta de Olivos. Para que a la noche los saquearan. No saben de política.

No sirven como alternativa, su ingenuidad es proverbial. Acá podríamos remedar la vieja frase del dirigente ruso de 1917 cuando afirmaba, frente a otras circunstancias, que la estupidez llevada a ese nivel equivale a la traición. En este caso, la ingenuidad llevada a ese nivel equivale a la inutilidad.

El gobierno de los Fernández no tiene nada adelante que les complique su pasar. Asustarse y correr al lado del Presidente porque un grupo de patrulleros hicieron sonar bocinas y bombos frente a la quinta presidencial y criticar el hecho evidencia que la política la hacen otros, no la oposición. No hay unidad nacional, ni la va a haber. Insistir con esa monserga es un intento de frenar los acontecimientos que tengan que venir para sacarnos de este pantano. Cada espacio debe plantear su proyecto claramente y de frente a la sociedad. Hay elecciones cada dos años: que se resuelva ahí quién manda y quién ordena.

¿Acaso hubo unidad nacional cuando una multitud apedreó el Congreso, la sede del Poder Legislativo, con complicidad parlamentaria? ¿Acaso hubo unidad nacional cuando de manera sistemática cortaban las calles las organizaciones sociales, o se apoderaban de tierras en el sur y la Gendarmería actuaba en defensa del sistema capitalista y la propiedad? ¿Acaso hubo unidad nacional cuando Néstor Kirchner les espetó en la cara a las Fuerzas Armadas “no les tengo miedo”?

¿Por qué plantearla ahora? El Gobierno no la quiere. ¿Y si no la quiere para qué insistir? La ancha avenida del medio con la que algunos soñaron en 2019 no se dio. Deberían preguntarse por qué. No hay condiciones históricas para ello.

Esa es una consigna de los que creen que Alberto es otra cosa. El Gobierno debe resolver los problemas del país, para eso fue votado y lo debe hacer en los términos que indica la Constitución Nacional y la autoridad de los otros poderes. Cualquier decisión que vulnere el sistema deberán pagarla ante la Justicia. Claro, en caso de que esta exista. Si no hay vía judicial tendrá que haber vía política.

Por eso el país necesita otra oposición, creíble, eficiente, dura en la ley y el respeto a la patria, como a la historia que hizo grande a este país. El discurso moral, intelectual y cultural del kirchnerismo ha derruido los pilares fundacionales de la nacionalidad. También que la política deje de ser definitivamente refugio de vagos y mal entretenidos es otro objetivo claro a futuro.

¡Que Dios y nuestro pueblo lo quieran así!



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