Macri: una estrategia errática y reactiva

El ex presidente Mauricio Macri tiene por delante un desafío único, por diversos motivos, en particular si su ambición es liderar la oposición y volver a competir por la primera magistratura dentro de tres años
El ex presidente Mauricio Macri tiene por delante un desafío único, por diversos motivos, en particular si su ambición es liderar la oposición y volver a competir por la primera magistratura dentro de tres años

Existen dos problemáticas que enfrenta y que nunca han ocurrido antes. La primera y más significativa de ellas es que, si bien fue el primer presidente no peronista en terminar su mandato (con la salvedad de que no fue el que más gobernó, ese sitial lo detenta Raúl Alfonsín que los hizo cinco años y medio cuando los mandatos eran de seis), también fue el primer presidente de la historia argentina, que buscó su reelección y no la consiguió.

Sin ingresar en las anormalidades previas a la ley Saénz Peña, la Constitución de 1853 no permitía las reelecciones consecutivas de los presidentes. Cuando Hipólito Yrigoyen completa su primer mandato en 1922 y con el intervalo de Marcelo Torcuato de Alvear, es reelecto en 1928. Luego Juan Perón modifica la Constitución y consigue su reelección en 1952. Desde allí los períodos constitucionales fueron muy breves por los golpes militares, aunque puede considerarse que Perón consigue su segunda reelección en 1973. Carlos Menem volvió a modificar la Carta Magna en 1994 y en 1995 obtuvo su reelección. Por fin, Cristina Fernández de Kirchner es reelecta en 2011 y electa vicepresidenta en 2019.

En síntesis, todo presidente que concluyó su mandato en la Argentina y se postuló para la reelección, la logró. El uso del aparato estatal y la tendencia conservadora del electorado cuando “las cosas no están tan mal” definió la posibilidad de reelecciones. Tanto con el caso de Yrigoyen, como el de Perón en su segunda reelección, el partido que los postuló se encontraba en el poder y gozaba de la ventaja de manejar el Estado.

Si miramos al exterior, podemos ver que, por ejemplo, en los Estados Unidos en 1992, George Bush padre buscó la reelección y perdió con Bill Clinton. No volvió a candidatearse. Años antes, en 1980 Jimmy Carter también buscó su reelección y fue derrotado por Ronald Reagan. Jimmy no volvió a ser candidato.

Macri tenía el Estado pero no pudo reelegir, lo cual lo puso en una situación compleja. Fue presidente y hoy no tiene un lugar institucional adecuado para ejercer oposición al gobierno actual. Se manifiesta desde una carta, una columna de opinión o un tweet, pero carece de una posición de relevancia. Y su imagen ante la opinión pública, está lejos de ser la mejor. El contexto lo pone, en el mejor de los casos, en el lugar un “comentarista experimentado” de la realidad.

El segundo gran problema está relacionado con lo indicado en el párrafo anterior. El ex presidente rivaliza por encabezar la oposición con personas que, al contrario de él, sí tienen un lugar institucional relevante. El Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, protagoniza hoy una pelea trascendental con el Gobierno nacional. Todo su electorado se ha puesto la camiseta del titular del Ejecutivo local y buena parte del partido y la alianza electoral Juntos por el Cambio, lo acompañan. Si gana dicha pelea, Larreta será el dirigente victorioso, no Macri. Si la pierde, será la víctima del Gobierno nacional, no Macri.

Existen otros contendientes eventuales, de menor volumen político, al menos de momento: Martín Lousteau es senador nacional, Alfredo Cornejo es diputado nacional y tiene un evidente peso en las decisiones del gobierno de Mendoza, Gerardo Morales gobierna Jujuy. Macri está en la FIFA.

Estos dos impedimentos requieren una estrategia original, articulada, constante y definida, para alcanzar sus objetivos, si realmente desea volver a ser presidente, porque si situación es única.

Además de superar su peculiar posición relativa en la política argentina, Macri debe tener en cuenta que tiene que remontar una elevada imagen negativa, el trabajo más complicado para una estrategia política; y analizar seriamente una postulación a un cargo electivo en el comicio de medio término de 2021 para alcanzar una tarima institucional desde donde hacer oposición de cara a 2023, a efectos de equilibrar, aunque sea un poco, la ventaja que sus rivales internos le llevan en ese sentido. La resurrección requiere constancia y contracción.

Hasta el momento, con las particularidades políticas que la pandemia ha generado, Macri realiza apariciones fugaces tras las cuales desaparece, emprende viajes que no tienen mayor explicación política al menos para el electorado, y en cada aparición, especialmente en esta última, radicaliza su discurso, pero lo hace en términos muy similares a lo que ya mencionaron otros dirigentes, sea que estos tengan peso institucional o no. No hace ninguna diferencia que Macri repita los mismos conceptos sin agregarle, al menos, recetas con soluciones originales que puedan ser producto de la sesuda elaboración de equipos técnicos en capacidad de gobernar.

En síntesis, si el ex presidente pretende superar los obstáculos mencionados, debe elaborar una estrategia de presencia constante y a la vez original, debe proponer ideas lúcidas y no críticas repetidas. Debe trabajar sin descanso en la reconstrucción de su liderazgo en todo el país, aprovechando la única ventaja que ofrece el lugar institucional de sus rivales internos: ellos se tienen que dedicar a gobernar. Recorrer el país, no con actos políticos no permitidos por la situación de pandemia, pero cerrando acuerdos con dirigentes importantes que vayan a sostenerlo en su proyecto.

Sin duda, debe buscar un cargo electivo en 2021. Macri ya fue diputado, estuvo claro que ese lugar no le era cómodo, que no lo disfrutaba, pero en este momento le es indispensable. Si lo busca y lo consigue, sin duda debe liderar su interbloque y desde allí, remontar esa imagen negativa que mencionábamos. Nadie vuelve desde la platea. Nadie vuelve desde una estrategia simplemente reactiva. Si tal hace determinada cosa yo declaro esta otra cosa. Si fulano se planta en cierto lugar, yo mando una carta a un periódico. Eso le sirve al medio, no al candidato.

La estrategia debe estar cuidadosamente elaborada, debe ser original porque las circunstancias son únicas. Debe contener plazos y metas a cumplirse y requiere a la figura/candidato volcado las 24 horas de hoy al 2023, a cumplir ese objetivo. Lo hecho hasta ahora, fue tiempo perdido.

* El autor es abogado y consultor en comunicación

MAS NOTICIAS

Te Recomendamos