¿El Presidente eligió a su adversario?

Alberto Fernández subió al ring a Horacio Rodríguez Larreta, un dirigente político que viene en franco crecimiento en términos de opinión pública

Sociólogo, autor del libro "Gustar, ganar y gobernar" (Ed. Aguilar)
Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta
Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta

A menos de un año de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, el calendario electoral parece haberse acortado repentinamente, y tanto gobierno como oposición comenzaron a definir posicionamientos y movieron sus primeras fichas en el tablero electoral.

Como en el ajedrez, el Gobierno se decidió aprovechar la ventaja que goza quien juega con las piezas blancas y movió primero: tras la crisis que desató el reclamo por parte de la policía de la Provincia de Buenos Aires, Alberto Fernández decidió consolidar un adversario político, subiendo al ring a un dirigente político que viene en franco crecimiento en términos de opinión pública.

La polarización, como el tango, se baila de a dos, y el jefe de Gobierno, aunque con un estilo más moderado que el del ex Presidente y los “halcones” del PRO, parece haber aceptado la invitación.

La fragilidad de la democracia: una tarea compartida

La semana que pasó dio cuenta de un fenómeno, por momentos ignorado por la política. Lo característico de la democracia es su porosidad y su maleabilidad. A diferencia del autoritarismo, la democracia es una experiencia esencialmente inacabada: la constante construcción del sistema político, las trasformaciones de las prácticas sociales, los cambios en la cultura política y la discusión y deliberación pública son algunos de los factores que le dan vigor y la hacen crecer. Sin embargo, existe un conjunto de temas que, al activarse, disparan toda clase de alertas, ya que parte del futuro de la democracia está en juego con su resolución.

El conflicto -a priori circunscripto a lo salarial y laboral- con la Policía Bonaerense no parece ser uno de esos fenómenos. Sin embargo, resulta preocupante la postura antiinstitucional que tomó un sector de la fuerza, que incluyó algunos actos de clara impronta intimidatoria como la presencia de móviles con personal armado tanto en la Quinta de Olivos como en la residencia del gobernador en La Plata. Esto pone en evidencia la importancia de generar nuevos y más fortalecidos canales de diálogo entre los diversos sectores que integran la diversa realidad social argentina, y la política. Y esto no solo involucra al gobierno provincial o al gobierno nacional, sino también a todo el arco político.

La oposición no tiene un rol institucional secundario. Por lo contrario, son estos momentos en lo que se evidencia la necesidad de consolidar un espacio opositor –con un liderazgo claro- que pueda proponer alternativas políticas pero sin mezquindades ni oportunismos que puedan empañar la vida institucional de la democracia.

La jugada de Alberto Fernández

El desenlace de la puja salarial por parte de la Policía Bonaerense derivó en que el gobierno nacional tomase una decisión política de alto voltaje. Con la redistribución de la coparticipación federal, pasando 1 punto de la Ciudad de Buenos Aires a la Provincia de Buenos Aires, Alberto Fernández movió una ficha en su tablero de ajedrez y con ella se generaron dos situaciones.

La primera es la desactivación del conflicto policial al garantizarle al gobernador Axel Kicillof los fondos para el aumento de sueldos y las mejoras en las condiciones laborales. Cabe remarcar que en esta decisión se conjugaron dos fenómenos. Por un lado, la débil situación económica que atraviesa desde hace varios años la provincia. Basta que aún el leve desbarajuste impacte sobre ella para que todo el sistema institucional tambalee. El segundo fenómeno que hizo necesaria la inmediata asistencia del gobierno nacional fue la desmedida protesta policial, mostrando signos de sublevación y situaciones límites como rodear de patrulleros la Quinta Presidencial de Olivos.

La segunda situación que se generó tras la decisión de Alberto Fernández y su jugada en el ajedrez político argentino fue la de acorralar al jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ya que el punto de la participación que el mandatario nacional transfirió desde la Ciudad a la provincia lo afecta directamente. Si bien es cierto que el tema estaba en la agenda de diálogo Nación-Ciudad, también lo es que la pandemia lo había puesto en stand by, y que no fueron pocos los funcionarios porteños que creyeron ver en la relación que ambos mandatarios construyeron durante estos meses de crisis una posibilidad de resolver favorablemente dicha discusión.

Así las cosas, es evidente que la jugada del Presidente tuvo un triple objetivo. En primer lugar, galvanizar los apoyos dentro de un kirchnerismo que por momentos mira con recelo ciertos gestos y decisiones presidenciales. En segundo lugar, resolver una situación que impacta en un distrito que concentra al 37% de la población nacional en momentos en que la seguridad vuelve a convertise en una de las principales preocupaciones ciudadanas. Por último, y quizás lo más relevante, Fernández aceleró una jugada propia de la contienda electoral: identificar y exponer adversarios. Es muy probable que, en la noche del jueves, muchos argentinos hayan percibido que el adversario natural de Fernández ya no es Macri, quien en el ostracismo y reticente a volver a la arena política no logra liderar las filas de la oposición, sino que es Horacio Rodríguez Larreta.

La política no sólo son propuestas y posicionamientos propositivos. Las identidades políticas también están marcadas por los antagonismos que se generan y cuya resolución está en las manos de los electores. Como señala el agudo escritor y académico italiano, Umberto Eco, en uno de sus últimos textos, “tener un enemigo es importante no sólo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor”.

Tras el anuncio de Fernández y la cautelosa respuesta de Larreta, la incógnita de ahora en más es si la polarización contará con dos nuevos protagonistas o si por lo contrario será necesario elegir otro adversario.

*Sociólogo, consultor político y autor de “Comunicar lo local” (Parmenia, 2019)


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