El bien común como utopía de la pospandemia

Se abre un horizonte, un más allá, un futuro ideal tras la pandemia del coronavirus

El papa Francisco
El papa Francisco

Buscar el bien común es misión de todo cristiano

Durante la catequesis del miércoles último, el papa Francisco se refirió a la pandemia del Covid-19, y dijo que podrá ser una oportunidad para el mundo. Y dijo: “La respuesta cristiana a la pandemia y a las consecuentes crisis socio-económicas, se basa en el amor, ante todo el amor de Dios que siempre nos precede (cfr 1 Jn 4, 19). Él nos ama primero y nos precede en el amor y en la solución. Nos ama incondicionalmente, y cuando acogemos este amor divino, entonces podemos responder de forma parecida”. Diríase, divinamente.

“Dios -dice el Papa- nos precede en el amor y en la solución”.

Francesco di Bernardonde -se nos ocurre oportuno recordar: no era intelectual, ni teólogo, ni doctor-pertenecía a una familia rica del monte Subasio, Asís, Umbría. De muy joven tuvo algunas experiencias decisivas en su camino: caer prisionero tras una batalla contra la vecina Perugia, encontrarse con el leproso, con el crucifijo de San Damián, con los evangelios y conocer las experiencias de Cristo. Y a partir de esas experiencias cambió su vida: se insubordinó a la cultura del estatus familiar del medievo y se hizo pobre. Y por ese camino eligió una vida que quedó grabada en la historia universal.

El Francisco de hoy insiste en la respuesta al amor de Dios: “Amo no sólo a quien me ama (…) sino también a los que no me aman” afirma con fuerza porque es preciso “amar a todos, incluidos los enemigos”. Y agrega: “es difícil, es un arte, pero hace bien”.

Dimensiones del amor: el amor en la vida política

Mas adelante en su exposición en el Patio San Dámaso del Vaticano afirmó que el amor no se limita a las relaciones entre dos o tres personas, o a los amigos, o a la familia. “Incluye las relaciones cívicas y políticas (cfr Catecismo de la Iglesia Católica [CCC], 1907-1912), incluso la relación con la naturaleza (Enc. Laudato si' [LS], 231). Como somos seres sociales y políticos, una de las más altas expresiones de amor es precisamente la social y política, decisiva para el desarrollo humano y para afrontar todo tipo de crisis (ibid., 231)”.

Nadie puede decir que un auténtico amor de los políticos no es posible cuando cualquiera puede advertir el amor que sienten muchos curas, médicos, enfermeros, docentes y otros ciudadanos que acompañan y con gran coraje lo hacen en estos tiempos de Covid-19 y sirven a los más necesitados en una indiscutible acción social y política la más de las veces no partidaria. Francisco se refiere claro está a una extensión del amor en el ámbito político.

Y en tal sentido e indagando en la lógica del amor en la vida del cristiano, Francisco afirma: “Sabemos que el amor fructifica a las familias y las amistades; pero está bien recordar que fructifica también en las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas, permitiéndonos construir una ‘civilización del amor’, como le gustaba decir a san Pablo VI. Y a los enemigos, a los oponentes políticos, debemos amarlos, debemos dialogar, debemos construir esta civilización del amor, esta civilización política, social, de la unidad de toda la humanidad. El amor inclusivo es social, es familiar, es político. El amor lo impregna todo”.

“El coronavirus -agregó el Papa -nos muestra que el verdadero bien para cada uno es un bien común y, viceversa, el bien común es un verdadero bien para la persona (cfr CCC, 1905-1906)…Un virus que no conoce barreras, fronteras o distinciones culturales y políticas debe ser afrontado con un amor sin barreras, fronteras o distinciones”.

Pospandemia, ¿sobre arena o roca?

¿Sobre qué base se construirá esa nueva “civilización del amor” después de la pandemia? El Papa advierte sobre el peligro de que las soluciones a la pandemia lleven la huella del egoísmo (entonces) “quizá podamos salir del coronavirus, pero ciertamente no de la crisis humana y social que el virus ha resaltado y acentuado. Por tanto, ¡cuidado con construir sobre la arena (cfr Mt 7, 21-27)! Para construir una sociedad sana, inclusiva, justa y pacífica, debemos hacerlo encima de la roca y la roca es el bien común. Y el bien común es construído por cada ciudadano”.

La salud de uno es un bien de todos

Francisco subraya una lección del mal del coronavirus que -dice -"nos muestra que el bien para cada uno es un bien para todos, que la salud de cada persona es también un bien público. Por eso, una sociedad sana es la que se hace cargo de la salud de todos". Hacerse cargo de todos implica una acción concreta de cada uno y esa es la forma de poner ladrillo sobre ladrillo para la construcción de la civilización del amor.

El bien común como utopía de la pospandemia

Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26) y, por lo tanto, entre muchas otras cosas, somos libres de decidir. Luego, dice el Santo Padre: “Lo que haces en la familia, lo que haces en el vecindario, lo que haces en el pueblo, lo que haces en la gran ciudad e internacionalmente es lo mismo, (la acción) es la semilla que crece, crece, crece y da fruto. Si en la familia, en el vecindario empiezas con la envidia, con la lucha, al final será la guerra. En cambio, si empiezas con el amor, con compartir el amor, con el perdón, será amor y perdón para todos".

Diríamos con el Papa que en el mundo de la pospandemia se abre un horizonte, un más allá, una “utopía” no como ideología -según el mismo ha dicho -sino como futuro ideal que trasciende el momento, la utopía como “causa final”, aquello a lo que tenemos que llegar, al bien común. Claro que, según el entonces cardenal de Buenos Aires advertía, ese propósito tiene un “límite” y entre la plenitud y el límite está la tensión polar en la que viven el hombre y la mujer como ciudadanos (Bergoglio, discurso del bicentenario 2010-2016 “Nosotros como ciudadanos, nosotros como pueblo”) en la construcción del edificio social.

MAS NOTICIAS

Te Recomendamos