Lo que pide la gente

Mientras el gobierno nacional muestra preocupación por la evolución de los datos, la administración porteña sigue de cerca los sondeos de opinión

Horacio Rodríguez Larreta y Alberto Fernández (Foto: Franco Fafasuli)
Horacio Rodríguez Larreta y Alberto Fernández (Foto: Franco Fafasuli)

Por más que se intente disimular, hay un dato irrefutable: los casos positivos de Covid-19 en nuestro país aumentaron en las últimas semanas. Esto se puede verificar al tomar los casos promedio de cada semana, tanto a nivel nacional (la semana 32 promedió 6.467 casos y la semana 36 promedió 10.081 casos), y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (la semana 32 promedió 1.062 casos y la semana 36 promedió 1.243 casos). La curva crece y no se advierte aún un amesetamiento.

La enorme mayoría de las encuestas -si no todas- evidencian el componente subjetivo del agotamiento de un sector mayoritario de la población frente al aislamiento dispuesto por el gobierno nacional. En casi todas las mediciones entre un 25% y un 30% pretende hacer más estricto el aislamiento, mientras que el 70%-75% restante prefiere mantenerlo como hasta ahora o flexibilizarlo aún más.

Si bien es cierto que la mayoría cumple con el ASPO y con las medidas de cuidado, también existe un sector minoritario pero intenso que milita expresamente contra él. Y como suele ocurrir, la minoría ruidosa se lleva la atención con la complicidad de algunos medios de comunicación, mientras la mayoría silenciosa los observa con una mezcla de impavidez y vergüenza ajena.

No obstante, desde el gobierno porteño se niegan a dar marcha atrás con las aperturas otorgadas, aunque de ellas se desprenda riesgo epidemiológico, como pudo observarse el último fin de semana en las adyacencias de los bares de la Ciudad, colmadas de consumidores impacientes por un vaso de cerveza.

Frente a esta realidad, el gobierno nacional queda desde lo comunicacional desposicionado de cara a la opinión pública. Se hace responsable de las restricciones mientras que el gobierno porteño es el promotor de las flexibilizaciones. Si las propuestas del ejecutivo capitalino son aprobadas, el reconocimiento es para Horacio Rodríguez Larreta; en cambio si dichas propuestas son finalmente rechazadas, los platos rotos los paga Alberto Fernández. En definitiva, una trampa en la que el gobierno nacional entró por propia voluntad, de la que ahora es difícil escapar y que complica el imprescindible consenso que requiere la eventual aplicación del “botón rojo”.

Para que una medida de esa naturaleza tenga el efecto deseado (reducir la circulación, los contagios y los decesos) tiene que tener como punto de partida un diagnóstico en común entre los diferentes niveles de gobierno. Mientras el gobierno nacional muestra preocupación por la evolución de los datos y el estado clínico/anímico de los y las trabajadores de la salud, el gobierno porteño mantiene su perfil aperturista, siguiendo los consejos de los sondeos de opinión.

A su vez, el gobierno nacional debe monitorear la situación alarmante que se vive en Jujuy, Buenos Aires, Mendoza, Neuquén y Santa Fe, por nombrar algunas de las provincias más castigadas y de diferente signo político, pues el virus ha logrado sellar la grieta y afectar transversalmente a nuestra población.

La salida de este laberinto, como nos enseñó Leopoldo Marechal y aplicó con poca fortuna Rodrigo Palacio, es por arriba. En estos días en los que Argentina está viviendo momentos de angustia porque a la delicada situación sanitaria se le añaden temas institucionales, la dirigencia política no debe especular electoralmente. La prioridad debe estar puesta en garantizar la salud de la población y evitar el mayor número de muertes posible. En 2019 los argentinos elegimos mayoritariamente liderazgos moderados, y la cooperación entre el gobierno nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires que se ejerció durante las primeras semanas de la pandemia fue muy valorada por la sociedad. Una porción significativa de los argentinos está agotada por la cuarentena, pero el agotamiento se incrementa si la dirigencia no encuentra acuerdos básicos de gobernabilidad frente a temas tan elementales. Y espera que el acuerdo no sea la consecuencia del colapso del sistema de salud.

*Los autores son licenciados en Ciencia Política (UBA) y analistas políticos.


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