El último tren a la estación sensatez

Desconfianza, falta de diálogo y una grieta cada vez más evidente

El presidente Alberto Fernández
El presidente Alberto Fernández

Un conocido refrán dice “la confianza, como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas las preguntas”. Lo vivido en las últimas horas desafía ese saber popular.

Llama la atención el desentendimiento entre la política y la sociedad, cuando la primera pone en juego el tejido de una nación, personalizando la batalla entre personas cuando la decisión fue y es desde la política. Esa batalla la quieren plantear entre argentinos del interior vs argentinos “porteños”.

Los anuncios del Presidente (realizados sin diálogo con la oposición), frente a las protestas de la policía (realizada sin diálogo con sus propios jefes), dejan espacio al Jefe de Gobierno a hacer otro anuncio sin diálogo. Es que el diálogo, parece, anda corto de presupuesto para tener un mejor posicionamiento en el mercado.

Miremos la escena con calma objetiva (si es que se puede). Las imágenes que consume la sociedad son de policías reclamando (con un ícono de un policía colgado a una antena tratando de suicidarse, sólo). Un presidente anunciando medidas en un monólogo sin conversación (aunque detrás de él un ejército que lo acompaña para la batalla), un jefe de Gobierno anunciando respuestas a esas medidas, también en otro monólogo sin conversación (y también acompañado de su ejército).

La única foto de diálogo que vivimos en estos días fue entre los voceros del Presidente y algún representante policial parados improvisadamente y a las corridas en la puerta de la quinta de Olivos. Si ese es el concepto del diálogo sobre el que vamos a construir soluciones, es claro que obtendremos certezas de respuestas sin escuchar ninguna pregunta. Es muy fácil explicar sólo con este breve recorrido que el único indicador que no tuvo ningún cambio de tendencia en estos últimos cinco meses de cuarentena fue la confianza que tiene la gente en las instituciones, por sobre todo en la política. La sociedad lee lo que le muestran y juzga en consecuencia. De esta manera este indicador se hundió cada vez más, a una velocidad cada vez mayor.

Pero este nivel de desconfianza y falta de diálogo termina expresándose en un grieta dentro de cada argentino: 6 de cada 10 personas criticaron negativamente la iniciativa de la agenda kirchnerista para reformar la Justicia, pero casi 6 de cada 10 creen que, principalmente, el problema de la inseguridad es responsabilidad de la justicia que tenemos. Estamos tan solos, y tan desconfiados, que estamos diciendo lo mismo, pero no podemos ponernos de acuerdo en cómo tenemos que abordar ese problema.

La buena noticia es que parecería que ante la capacidad de romper puentes de la política y mientras la tan mencionada grieta se hace cada vez más evidente (5 de cada 10 argentinos cree que está más viva que nunca), la población se desentiende de esa pelea, la mira de lejos y construye cada vez más confianza con quién tiene al lado; su vecino. Este indicador aumentó 5 puntos desde el comienzo de la cuarentena, evidenciando el deseo argentino de empatía por los problemas del otro, de encontrar más preguntas que respuestas.

¿Se puede atender al bien común cuando el Gobierno, la oposición y los medios no dan señales de unión? ¿Cómo construimos proyectos colectivos entre todos cuando, 6 de cada 10 creen que su principal problema a futuro y el de su familia en las próximas semanas o meses va a ser la alimentación? Y entonces, ¿podríamos haber construido una solución entre todos para este problema en que nos encontramos, consultándonos, construyendo opciones, escuchándonos, preguntándonos que necesita el otro?

Cuando las soluciones dejan de considerar las necesidades del otro, y presentan sólo las propias, es cuando la sensatez (una construcción colectiva), desaparece del horizonte. Si nuestros líderes empiezan a estar más atentos a las posibles preguntas, las certezas solitarias (que enojan) dejarán lugar a las certezas colectivas; y de eso se trata cuando se piensa en un futuro para todos. De todas maneras, parecería que la sociedad argentina aun se niega a perder la sensatez de saber que estamos todos en el mismo bote, y que si uno se hunde, nos hundimos todos. Así como si uno se para, nos paramos todos.

El autor es director de Taquion

(Con la colaboración de Sofía D’Aquino y Franco Sabra)



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