Por qué no se puede gobernar sin agenda

Un gobierno sin un plan explícito se autolimita a administrar. Además de la buena suerte (que hay que saber aprovecharla) o de enfrentar la mala suerte (que hay que saber ahuyentar), hay que tener una hoja de ruta

La realidad elabora su propia agenda. A esa hay que cabalgarla. Pero sin agenda propia y sin capacidad de jinetear la realidad, ese vacío, lo ocupa -si o sí- una agenda ajena (Presidencia)
La realidad elabora su propia agenda. A esa hay que cabalgarla. Pero sin agenda propia y sin capacidad de jinetear la realidad, ese vacío, lo ocupa -si o sí- una agenda ajena (Presidencia)

Para ejercer la plenitud de un gobierno, además de la buena suerte (que hay que saber aprovecharla) o de enfrentar la mala suerte (que hay que saber ahuyentar), hay que elaborar una agenda propia, la cual debe ser revelada, expuesta, desplegada. La ausencia de agenda es una redonda violación de la más elemental norma de la ética política. La Argentina lo ha sufrido muchas veces.

La prueba es que la decadencia en la que está sumida el país desde hace décadas no es la consecuencia de una agenda que la promueva, sino del acceso al gobierno de quienes lo han ocupado sin ella o, si se quiere, sin la revelación, ni la exposición, ni el despliegue de la misma.

Sin duda que la realidad elabora su propia agenda. A esa hay que cabalgarla. Pero sin agenda propia y sin capacidad de jinetear la realidad, ese vacío, lo ocupa -si o sí- una agenda ajena.

La ausencia de agenda es una redonda violación de la más elemental norma de la ética política. La Argentina lo ha sufrido muchas veces

Toda agenda ajena se ejecuta mal o ¿es posible gobernar sin agenda propia? La diferencia entre gobernar y administrar, es la que cabe entre navegar sin rumbo, al garete, y tener un rumbo y orientar las velas. ¿Tiene el presidente Alberto Fernández, que tiene el gobierno, una agenda?

El Presidente luego de haber cerrado el riesgo de default -habría implicado caer en un pozo profundo sin posibilidad de rescate- ha dado los primeros pasos en busca de un nuevo acuerdo con el FMI, el principal acreedor externo. Llegar hasta aquí, por la razón que sea, le devoró ya un quinto de su mandato.

No hubo durante todos estos meses ni un pequeño paso en materia ofensiva hacia el crecimiento. Sólo acciones defensivas para detener el adicional derrumbe económico que provocó la cuarentena. En los términos iniciales, pura administración. La razón del silencio acerca de la agenda propia era supuestamente la de resolver primero el default que era parte de la agenda ajena que dejó Mauricio Macri.

Respecto del FMI, que también es un tema pendiente de la Agenda Macri, podrán estar concluidas tal vez en el primer trimestre de 2021. Para entonces estará concluido el cash flow de las finanzas públicas federales de servicios y amortización, en dólares, en ese momento se sabrá cuánto y cuándo, habrá que pagar.

Las negociaciones con FMI, que también es un tema pendiente de la agenda Macri, podrán estar concluidas tal vez en el primer trimestre de 2021 (Reuters)
Las negociaciones con FMI, que también es un tema pendiente de la agenda Macri, podrán estar concluidas tal vez en el primer trimestre de 2021 (Reuters)

Una idea del orden de las necesidades en juego la enunció el presidente del Banco Central que dijo “La Argentina necesita exportar por USD 90 mil millones” anuales. Eso implica un incremento del 65% si se proyectan los USD 27 mil millones de exportaciones realizadas este semestre. Un salto enorme de producción exportable. Más allá de la orfandad de propuestas en este sentido, es importante que un funcionario de alta jerarquía haya puesto en primer lugar la palabra “exportaciones” y además le haya puesto un número. Un número que le falta el cómo y el cuándo que, cabe insistir, debe formar parte de una agenda. Lo que está más a mano, en ese rubro, es el área rural.

Es importante que un funcionario de alta jerarquía haya puesto en primer lugar la palabra “exportaciones” y además le haya puesto un número. Un número que le falta el cómo y el cuándo

Pero, ¿cómo está el clima rural? Rotura de silo bolsa, incendios; sequía y un discurso político no demasiado amigable. No hay palabras, ¿tal vez hechos? A saber: ¿Alguna línea de crédito para implantación de pasturas, instalaciones de riego, etc.? ¿Algún programa de infraestructura para potenciar el sector? Dejo de lado el “avance chancho chino” porque, como es habitual, seguramente vendrá llave en mano como hasta los durmientes gestionados por la dupla ferroviaria nacional y popular de Florencio Randazzo y Axel Kicillof.

La negociación de la deuda

El eje común de ambas negociaciones, con los privados y con el FMI, es alargar el calendario de vencimientos, lo que siempre es posible. Mientras que con la deuda que tienen los privados la clave es bajar el costo. El ministro Martín Guzmán logró una tasa promedio de 3% anual que permitirá ahorrar casi USD 35.000 millones, en contraste con la negociación del gobierno anterior que acordó una tasa de 7% anual y pago ya. Un horror para no olvidar.

Si para la deuda con los privados “el tema” era “la tasa”; para la deuda con el FMI “el tema” es “bajar” el costo de las condicionalidades de sus programas. Hay antecedentes “favorables”, en el acuerdo con Eduardo Duhalde y en el convenio privilegiado de Macri, por el apoyo inusual de Donald Trump. El FMI además de una enorme suma de dinero, incorporó flexibilidades para asistir en planes sociales.

El eje común de ambas negociaciones, con los privados y con el FMI, es alargar el calendario de vencimientos, lo que siempre es posible. Mientras que con la deuda que tienen los privados la clave es bajar el costo

Por esos antecedentes y porque el deterioro del modelo neoliberal ha corroído la economía mundial, es probable que “la cuestión social” sea aceptada como una condición necesaria para poder “cumplir” los compromisos que se asuman de ahora en más y que las llamadas “reformas estructurales” sean aligeradas y postergadas de modo que el frente interno del gobierno no estalle estrepitosamente.

Pero cualquiera que habría de suceder a Macri -cualquiera fuera- sabía de los problemas estructurales que requerían de otra visión política y económica distintas de la del PRO que claramente, lejos de resolverlos, los había agravado: es el caso de la estanflación, que es anterior a la “crisis de deuda Macri”, como lo fueron el incremento de la pobreza, el desempleo y la desigualdad, y la ausencia de inversiones.

Lo que no aparece aún en escena es la Agenda Propia de Fernández, aquella que habría de proponerse la resolución de los problemas estructurales de la Argentina y que, como es obvio, son los que hace 46 años se los pretende resolver con “deuda externa”. Se ha construido una “economía para la deuda externa”. Transformarla es la misión de una Agenda ineludible.

Por lo que se puede ver si nada se propone como enérgica reforma estructural para el desarrollo, después de la pandemia, continuará la erosión de lo poco que queda de viejas glorias. La pregunta más importante es ¿Alberto Fernández tiene una Agenda? Según dijo a comienzo de semana, la incógnita comenzará a despejarse el próximo 15 de septiembre con la presentación del Presupuesto 2021 y proyecciones hasta fin de mandato.

El autor fue subsecretario de Economía del ministro José Ber Gelbard y uno de los que redactó ese plan, además de escritor, autor del libro “Economía y política en el tercer gobierno de Perón”, y profesor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA

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