El Covid-19 aceleró la digitalización de las organizaciones

La pandemia y el confinamiento quemaron nuestras naves y nos obligaron a actuar con sentido de urgencia para adaptarnos de la mejor manera posible

El futuro puede ser alentador si se consolida la convicción de acelerar el desarrollo de las capacidades humanas y tecnológicas que nos permitan convertirnos en organizaciones más flexibles, preparadas para adaptarnos muy rápido a nuevos escenarios. (Shutterstock)
El futuro puede ser alentador si se consolida la convicción de acelerar el desarrollo de las capacidades humanas y tecnológicas que nos permitan convertirnos en organizaciones más flexibles, preparadas para adaptarnos muy rápido a nuevos escenarios. (Shutterstock)

En nuestra vida cotidiana solemos usar la frase “quemar las naves”, para expresar que alguien forzó al extremo sus opciones en pos de lograr un objetivo determinado aún a riesgo de una gran pérdida. La expresión se remonta a un hecho histórico en medio de una guerra. Una vez en tierra con su ejército y ante un enemigo más poderoso, Alejandro Magno quemó las naves de su flota para dejarle claro a sus generales y soldados que no había posibilidad de retroceder o huir; solo les quedaba avanzar, triunfar y volver a casa en los barcos de su enemigo.

La pandemia del COVID-19 y las posteriores medidas de confinamiento pueden ser analizadas en múltiples dimensiones, una de ellas es la dinámica del entorno laboral. En esta dimensión, como en tantas otras, la coyuntura del coronavirus vino a quemar las naves y a empujar a las organizaciones hacia adelante, pulverizando en cuestión de días razones, excusas, órdenes de prioridad y agendas cruzadas.

Las organizaciones (pequeñas, medianas y grandes) actuaron bajo una enorme presión, con sentido de urgencia y sin la posibilidad de retroceder. Debieron flexibilizar, movilizar procesos y permitir el trabajo remoto (de todos aquellos colaboradores no exceptuados por la cuarentena) en cuestión de días para poder seguir con la operación de la manera más normal posible. Con aciertos y errores, con limitaciones y gratas sorpresas lograron hacerlo. Si bien hay organizaciones que hace años estaban acostumbradas al trabajo remoto, la gran mayoría tuvo que profundizarlo al extremo o tuvo que estrenarse en esta modalidad.

Quedó ampliamente demostrado, como si fuera un experimento natural, que el principal obstáculo para la evolución digital es conductual/cultural y no tecnológico. La tecnología funcionó como el gran habilitador de este cambio repentino y las personas se adaptaron a gran velocidad ya que no había nave para abordar y huir. La línea base que se ha logrado en tan corto tiempo será un excelente punto de partida para ajustar y mejorar prestaciones a los clientes externos e internos con nuevos y novedosos procesos.

Con casi cinco meses operando en este nuevo escenario, el aislamiento parece entrar en una etapa de deshielo que va a generar nuevas situaciones. Por un tiempo aún indeterminado las organizaciones deberán atravesar un período de transición hasta encontrar una nueva dinámica de funcionamiento. El modelo cien por ciento remoto ha sido una respuesta inevitable a la coyuntura del confinamiento estricto y ha demostrado ventajas y limitaciones. Pocos imaginan que este modelo sea perdurable en el tiempo para todos y la proyección indica que iremos a un modelo mixto, que balanceará el modo presencial con el remoto. Como seguir fomentando esa chispa que se genera en los encuentros casuales en el pasillo o en la máquina de café, brindarles un entorno seguro a todos los colaboradores, gestionar equipos distribuidos, contar con las tecnologías que habilitan y optimizan toda esta dinámica, adaptar el modelo operativo ante nuevas necesidades, repensar el espacio físico, implementar un marco para el teletrabajo ley mediante, son todos desafíos que ya están en marcha y son parte de la agenda de las empresas.

Previamente a esta crisis, casi todos los cambios que estamos viendo estaban en el horizonte de muchas organizaciones, el problema era ese, que como pasa con el horizonte, es un lugar a donde nunca terminamos de llegar. Es por eso que el Covid-19 nos va a dejar una contribución invaluable dentro de tanta desgracia; la experiencia y la convicción acerca de la necesidad de acelerar el desarrollo de las capacidades humanas y tecnológicas que nos permitan ser organizaciones flexibles, preparadas para adaptarnos muy rápido a nuevos escenarios y agregar valor a nuestro ecosistema de negocios ante entornos cambiantes, porque, seamos optimistas, el proceso de evolución hacia una operación más digital seguirá latente sin necesidad de que las naves se vuelvan a quemar.

El autor es especialista en Gestión de Talento y socio en Amrop


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