Malvinas: la táctica británica y una necesaria solución política

El principio de autodeterminación al que apela el Reino Unido no debería entrar en colisión con el de integridad territorial, sobre el cual la Argentina basa su reclamo

@RGarciaMoritan
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El reclamo de Argentina sobre las Islas Malvinas, ubicadas a 480 kilómetros de la Patagonia, ha estado basado en dos principios, la cesión territorial (que Francia efectuó a España y, a la vez, España a la Argentina cuando se independizó en 1816) y el de integridad territorial de plena aplicación para el archipiélago, incluyendo Georgia del Sur y Sándwich del Sur, en virtud del alcance del Tratado de San Lorenzo el Real de 1790 que reconocía la soberanía española en las costas de América del Sur e islas adyacentes. Consecuentemente, en base al utis possidetis iure, esas fronteras no podían ser alteradas por Estados no involucrados en el proceso de la independencia.

El Reino Unido, en cambio, ha ejercido una posición jurídica más oscilante. Según la época fluctuó entre distintos principios. En una etapa basó la pretensión en el descubrimiento, que durante los siglos 18 y 19 fue un argumento de cierto peso. Hoy ya ni siquiera Londres cree que los británicos descubrieron las islas como lo demuestra el mapa del cartógrafo de Magallanes de 1520 como un Memorándum del Canciller británico Francis Pym, de diciembre de 1982, que acepta que las evidencias del primer descubrimiento son inciertas y oscuras. Además de que hubiese sido un derecho incipiente que no se formalizó hasta 170 años después. La ocupación, en todo caso, no fue inmediata.

El segundo principio jurídico británico, tras la guerra de 1982, fue el de la prescripción adquisitiva de los tratados. Francis Pym sostuvo que la ocupación era suficiente para que el Reino Unido ejerciera soberanía ya que de 1849 a 1884 la Argentina supuestamente no había reclamado y, consecuentemente, había consentido la ocupación británica. Sin embargo, es aceptado en el derecho internacional que la anexión por prescripción adquisitiva es de 50 años de ocupación ininterrumpida sin que ningún otro Estado la reclame. Por lo tanto, los 35 años no serían suficientes. Los mismos registros británicos de protestas argentinas destruyen la base de la prescripción adquisitiva.

El tercer principio que proclama el Reino Unido, básicamente desechando los dos anteriores, es el de la libre determinación de los pueblos conforme al artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas. En el caso de Malvinas es un principio inaplicable al haberse desplazado a la población argentina por una trasplantada, que proviene del Reino Unido y que siempre fueron súbditos de origen británico. Se produce así, un choque entre el principio de autodeterminación y el de descolonización establecido por la resolución 1514 de 1960. A pesar que el Reino Unido rechaza que sea una cuestión colonial, ONU la ha aceptado como tal (resoluciones 2065 y 3160). El Comité de Descolonización la considera juntos a otros 16 territorios no autónomos sujetos a descolonización en todas sus formas y manifestaciones.

Aunque la ambigüedad británica es parte de una táctica diplomática, el principio de autodeterminación, conforme lo dispone la resolución 1514, no debería entrar en colisión con el de integridad territorial. Ambos pueden convivir en armonía en una solución política. Es hora de que el conflicto anglo-argentino se resuelva de acuerdo con las tendencias de la descolonización y ponga punto final a una situación inadmisible de tantos siglos.

El autor es ex vicecanciller