La movilidad jubilatoria y el cuento de la buena Pipa

A pesar de las subas anunciadas, y como sucedió en 1974, 1991, 2002 y 2018, los que pierden son los jubilados y pensionados

Los primeros tres aumentos del año debieron totalizar un 32,33%, pero los incrementos reales fueron muy inferiores (Adrián Escándar)
Los primeros tres aumentos del año debieron totalizar un 32,33%, pero los incrementos reales fueron muy inferiores (Adrián Escándar)

Quizás no muchos conozcan la verdadera historia de Pipa. Se trataba de una niña a la que le encantaba contar historias, pero no le gustaba que nadie la interrumpiera mientras las contaba. Un día sus amigos se cansaron de tener que escucharla en silencio y acudieron a una bruja para hacerle una broma. El hechizo consistía en que ella no podía hablar, sino solo repetir las frases que otros le decían. Luego de un día completo repitiendo lo que otros le decían Pipa comprendió la importancia de escuchar y lloró sinceramente arrepentida. Ese llanto rompió el hechizo.

La primera ley general de jubilaciones dispuso en 1969 que las prestaciones fueran móviles en función de las variaciones del nivel general de remuneraciones

La movilidad jubilatoria ha sido manipulada por sucesivos gobiernos a los efectos de cuadrar las cuentas estatales. La primera ley general de jubilaciones dispuso en 1969 que las prestaciones fueran móviles en función de las variaciones del nivel general de remuneraciones. No obstante, después de la muerte de Perón, en 1974 comienza una etapa de profunda inestabilidad económica y social, que dispara los índices de inflación. Entonces el Gobierno ordenó a la Secretaría de Seguridad Social que dejara de elaborar el índice de medición. En 1991 se dicta la Ley de Convertibilidad y la Corte Suprema, controlada por el entonces presidente Carlos Menem, interpreta que dicha ley deroga toda norma que autorice indexación por precios y actualización monetaria. Por ende, las jubilaciones ya no podían aumentar en virtud de las variaciones salariales y eligen un índice muy inferior. Entre el año 2002 y 2006 el Gobierno otorgó nueve aumentos que solo alcanzaron a las jubilaciones mínimas. A pesar de la espiral inflacionaria, recién en el año 2007 tuvo lugar el primer aumento general. En octubre de 2008 se sanciona la Ley de Movilidad que entró en vigencia en marzo siguiente y rigió hasta diciembre de 2017. Bajo catorce toneladas de piedra, el Congreso aprueba un cambio pagando a los jubilados solo un trimestre, posponiendo el otro trimestre para junio. Ese atraso generaba un ahorro fiscal de aproximadamente $100.000 millones. Por último, este año se decide la suspensión de esa fórmula automática por considerarla impagable. Es reemplazada por aumentos discrecionales del Poder Ejecutivo, que ya han generado pérdidas en los jubilados de entre el 7% y el 17% mensual.

En septiembre el aumento debió ser del 9,88 por ciento y anunciaron un 7,5 por ciento

El aumento de marzo y junio se encontraba devengado. En palabras simples, en el bolsillo del jubilado. Al suspender los efectos de la ley de movilidad se afecta un derecho adquirido, cuyo reclamo ya ha tenido acogida favorable en reclamos ante los Tribunales de Córdoba y Salta. Todo parece indicar que será lo mismo sucederá en los Tribunales Federales de la Ciudad de Buenos Aires y de otras jurisdicciones.

La ley de movilidad suspendida indicaba para marzo un aumento del 11,56%. No obstante, los jubilados recibieron un 2,3% de aumento más una suma fija de $1.500. En junio la fórmula de movilidad suspendida garantizaba un aumento del 10,89%, no obstante, recibieron un 6,12%. Finalmente, en septiembre el aumento debió ser del 9,88% y anunciaron un 7,5%. Cabe aclarar que no han sido difundidos fundamentos técnicos, económicos o actuariales que sustenten la decisión de los porcentajes elegidos.

¿Cuál es la pérdida concreta para los jubilados? Veamos tres ejemplos:

1. Jubilado de la mínima:

Haber de septiembre $18.128

Le correspondería $19.511

Pérdida: -$1.383 por mes

2. Jubilado a agosto haber de $40.000:

Haber de septiembre: $43.000

Le correspondería: $49.071

Pérdida: -$6.071 por mes

3. Jubilado del haber máximo:

Haber de septiembre: $124.690

Le correspondería: $142.948

Pérdida: -$18.258

En conclusión, los primeros tres aumentos del año debieron totalizar un 32,33%, pero los incrementos reales fueron muy inferiores. Los haberes mínimos pierden un 7% mensual y el haber máximo pierde casi un 17%. Una vez más, como sucedió en 1974, en 1991, en 2002 y en 2018, los que pierden son los jubilados y pensionados. ¿Será necesario un hechizo para que algún Gobierno escuche a nuestros jubilados?

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