La política internacional frente a las elecciones en EEUU

La Casa Blanca, en delicados tiempos electorales tras los efectos del COVID-19, juega a una diplomacia a varias bandas tratando de demostrar autoridad e incluso autosuficiencia

@RGarciaMoritan
Donald Trump y Joe Biden (Shealah Craighead/White House/dp / DPA)
Donald Trump y Joe Biden (Shealah Craighead/White House/dp / DPA)

La política internacional está entrando en un pseudo impasse hasta el 3 de noviembre. La administración Trump aprovecha el momento midiendo los impulsos diplomáticos a través de un cristal relacionado con las elecciones presidenciales. Al mismo tiempo, los principales adversarios de Estados Unidos muestran una actitud acorde a las circunstancias a la hora de reaccionar o aplicar contra represalias frente a iniciativas punitivas norteamericanas. China mantendría una posición de expectativa estratégica. La mayoría de los países europeos, en particular Alemania frente a la decisión del retiro de tropas estadounidenses de su territorio, estarían en la misma sintonía de desensillar hasta que aclare. Lo mismo se podría decir incluso de la intención de Argentina, Chile, México y la Unión Europea de posponer la sesión de la Junta de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo para la designación del próximo presidente del organismo.

La Casa Blanca, en delicados tiempos electorales tras los efectos del COVID-19, juega a una diplomacia a varias bandas tratando de demostrar autoridad e incluso autosuficiencia. Un ejemplo es la reciente votación en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde solo República Dominicana acompañó a Washington para extender el embargo de armas contra Irán que vencía en octubre próximo. Votos en contra de Rusia y China y 11 abstenciones que incluye a aliados tradicionales como el Reino Unido, Francia, Alemania y Bélgica. Un resultado que a primera vista puede parecer embarazoso pero que quizás la Casa Blanca impulsaba para demostrar al electorado que el sistema multilateral es inoperante y va en contra del interés de detener las ambiciones armamentista y proliferantes del régimen iraní.

Es evidente que al presidente Donald Trump no le preocupa mucho remar contra el mundo, en particular en tiempos electorales. En el pasado ya adoptó acciones similares de auto aislamiento diplomático en el Consejo de Seguridad de ONU. Un caso fue respecto a Palestina, en junio de 2018, donde tampoco se inquietó de quedar aislado. Tuvo en esa oportunidad un solo voto. En la resolución 2334, en otro ejemplo, sobre los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados desde 1967, no se inmutó ante la perspectiva de quedar en soledad ante una situación de cuasi consenso con 14 votos a favor.

El acuerdo entre Israel y Emiratos Árabes, más allá de la especial importancia estratégica al ser el tercer país árabe que concluye la paz tras Egipto y Jordania, tiene un lado de propaganda electoral al proyectarse la firma del instrumento en las proximidades del Salón Oval. El importante acontecimiento está relacionado con Irán al establecer un frente común junto Arabia Saudita contra el chiismo iraní. En el Líbano, tras la explosión en Beirut, también Estados Unidos intenta debilitar a Hezbollah y al chiismo libanés que responde a Teherán, al reclamar por un gobierno más transparente y responsable.

La cruzada electoral de Estados Unidos parece tener a Irán y Venezuela en la primera línea de fuego. La incautación de cuatro buques que llevaban petróleo iraní a Venezuela es un ejemplo. Con China, siendo el rival estratégico principal, es probable que se mantenga la tensión en términos declarativos, en particular respecto a Hong Kong, sin derramar mayores iniciativas que agrieten aún más la delicada relación. La duda es qué ocurrirá en política internacional si Donald Trump logra un segundo manato. Es probable que el mundo post pandemia, con uno u otro resultado electoral, empiece en ese instante.

El autor fue vicecanciller