Las deudas no se pagan solas

No será fácil recuperar la normalidad rápidamente

Alberto Fernández y Martín Guzmán
Alberto Fernández y Martín Guzmán

Alcanzado un acuerdo con gran parte de los acreedores de la Argentina, queda por delante el tema de la instrumentación (un tema legal que se cumplirá seguramente con normalidad) y, mucho más importante, empezar a trabajar para pagar. ¿Qué podemos esperar entonces para el futuro inmediato?

No será fácil recuperar la normalidad rápidamente. Tanto la pandemia como la cuarentena como el default son temas críticos para poder volver a crecer. Podemos ir tachando uno, que afecta no sólo al Gobierno sino a todo el sector privado. También es preocupante la indefinición e incertidumbre en múltiples temas, cada uno un mundo en sí mismo, y que sumados generan dificultades en distintos ámbitos: las nueve emergencias decretadas en diciembre 2019 al asumir el nuevo gobierno no han tenido hasta ahora una respuesta. Asimismo, hay otros temas que pueden o no gustar (como la ley de alquileres, de teletrabajo, doble indemnización, ley del conocimiento, etcétera) y que delimitan lo que se puede o no hacer.

Por la cuarentena hubo un gran impacto en todos los países y se suspendieron muchas actividades, lo que provocó una fuerte caída en recaudación y un aumento de gastos. La actividad comercial se redujo en el mundo. Esa es otra razón adicional (e indirecta) por la que salir del default es indispensable para poder tener crédito comercial, hasta hoy casi en extinción.

A pesar del acuerdo, no creo que sea posible que el gobierno relaje controles de tipo de cambio. Las razones son muchas, entre otras la gran cantidad de pesos emitidos para financiar al Tesoro. Si lo hiciera, gran parte pudieran volcarse al dólar. Corregir ese desequilibrio llevará tiempo y dependerá de cuanto crezca la economía.

Todos los países del mundo tienen problemas y Argentina también. Lo que preocupa es que muchos problemas son autoinfligidos. Los problemas no se resuelven con prohibiciones o regulaciones, sino atacando sus causas. La deuda es un buen ejemplo: el problema no es tener deuda, sino por qué hubo que contraerla y cómo pensamos pagarla. Si logramos equilibrio fiscal será más fácil renovarla, pero si seguimos teniendo déficit será imposible pagarla. La clave está entonces en el equilibrio fiscal: si gastamos demasiado no podremos pagar; si cobramos más impuestos no podremos crecer; si llenamos de restricciones a todo el mundo nadie podrá trabajar.

Enhorabuena que haya acuerdo. Eso sí, las deudas no se pagan solas. ¡Asumamos el compromiso como Nación, todos, de trabajar!

La autora es economista de la UCEMA