Una estructura de costos insostenible para el pequeño productor

Son muchas las dificultades que debe atravesar una pequeña explotación agropecuaria para llegar al final de la cosecha: impuestos excesivos, demoras en el cobro de su producción, tarifas inviables y otras distorsiones

Los vinos orgánicos van ganando terreno entre los productores argentinos (iStock)
Los vinos orgánicos van ganando terreno entre los productores argentinos (iStock)

El viticultor está enojado; cientos de hectáreas de viñedos han sido abandonadas o libradas al azar. Aquellos con cierta espalda financiera se han abocado a lo mínimo; esto es: podar, regar y cero insumo. No se ven reconversiones o transformaciones y mucho menos nuevas inversiones.

Nada de esto es gratuito. Ese abandono dejará al cultivo a la buena de Dios y de difícil o nula recuperación futura, según grado de abandono. Con el enorme costo social de dejar sin jornales a trabajadores tales como podadores, atadores, desbrotadores, cosechadores. Sin olvidar a los vendedores de insumos que verán que el paquete tecnológico aplicado a la producción de uva para vinificar se vaporiza.

La uva como tal no interesa desde el año pasado. Solo determinadas zonas de determinadas provincias son demandadas y en general concentrada en los varietales Malbec y Cabernet Sauvignon.

El productor en estos casos entrega su uva “a maquila” sin saber el precio al que venderá el vino que por supuesto comprará la bodega elaboradora. De no mediar ningún problema y en el mejor de los casos, cobrará entre los 6 y 12 meses de entregado el producto, sin ajuste alguno por inflación.

El 2019 mostró un consumo interno en picada. Nunca en la vida los argentinos consumieron tan poco vino; solamente 19 litros per cápita. La belle époque de la damajuana rondaba los 90 litros. La cerveza y las bebidas blancas fueron ocupando el lugar del vino y las nuevas generaciones instalaron nuevos hábitos. Gracias a un gran trabajo de marketing, el consumo de cerveza ha explotado.

El año pasado no había mercado para la uva. La necesidad nos obligó a formar una pequeña asociación de cinco productores de características parecidas en volumen y calidad, junto a una bodega local con producción propia de uva y capacidad instalada ociosa. Decidimos transformar nuestra uva en vino. Experiencia inédita ya que siempre habíamos vendido la uva. El resultado final fue flujo de caja cero. No perdimos. Y festejamos.

El precio actual de un tinto genérico de traslado ronda entre los $15 a $18 por litro. Esto es de un producto que responde a parámetros de calidad físico-químicos para poder ser envasados y comercializados. No me gusta hacer comparaciones pero invito a intentar comprar algo en $15 para que les dé una idea cabal del valor del vino.

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Nos encontramos en el Valle de Famatina, provincia de La Rioja. Ubicado entre Los Colorados y Antinaco y entre los cordones del Velazco y del Famatina, altamente productivo en viña, olivos, almendros, nogales y cultivos anuales, como el tomate. Varias bodegas de reconocida calidad se encuentran en la zona; entre ellas, Valle de la Puerta, la salteña Quebrada de las Flechas y la Cooperativa La Riojana que tiene más de 300 asociados en su mayoría pequeños productores. La zona elabora vinos de excelente relación precio-calidad. Es apreciada la calidad de su Torrontés.

Más allá del mercado y su volatilidad, la estructura de costos de producción e impositiva es insostenible en el tiempo. Una buena prueba es el costo de la electricidad, que es tres veces más de lo que el cultivo puede sostener. La distorsión de precios relativos es pavorosa y la carga impositiva de algunos insumos también. El IVA de la electricidad es del 27%.

Los productores en su mayoría somos electrodependientes; esto es, que estando en una zona árida, debemos extraer el agua del subsuelo con bombas eléctricas y realizar riego presurizado para poder producir. En la actualidad las tarifas son inviables. El insumo electricidad, de la cual no podemos prescindir es un tercio de nuestros costos, transformándose en una verdadera espada de Damocles que pone en riesgo toda nuestra estructura productiva y del empleo emplazado en los lugares más distantes y más pobres del país. El fuerte incremento de costos de la electricidad nos está dejando fuera de juego como asimismo a la actividad olivícola, de la cual La Rioja es la primera productora en aceituna de mesa y segunda en aceite de oliva. Aunque es la primer provincia exportadora en ambos.

La solución, no tiene solución. Quién debe encontrarla gasta más de lo que recauda y pretende que el sector de la producción corrija ese desfasaje. Las economías regionales, intrínsecamente más débiles, enfrentan una verdadera crisis. Los estudios del INTA en materia energética muestran la realidad económica del productor en un solo ítem. Los dirigentes locales son conscientes de lo que se avizora. Los dirigentes nacionales no lo sé, aunque no lo creo, ya que además, la pandemia les abre varios frentes.

El autor es productor, ingeniero en Producción Agropecuaria y licenciado en Ciencias Agrarias


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