Los costos que paga el Gobierno por no tener capacidad de iniciativa

Una señal de salud política de una gestión es la capacidad de decisión. Cuando se domina el escenario se completa, se aleja el vacío, el poder no se discute y se ejerce. Es lo opuesto a los estrategas y estadistas

Crédito - Presidencia de la Nación
Crédito - Presidencia de la Nación

La iniciativa es el territorio de la estrategia y de los estadistas. Un territorio que hace décadas que la política argentina ni sueña conquistar. Una metáfora de la Argentina del territorio inmenso y vacío, en el que la mitad de la población se agolpa, entre la miseria y la abundancia, en apenas el 1 % del territorio y que decidió destruir la vía férrea de la comunicación interior destruyendo el sistema ferroviario.

A la calma global, a la ausencia de viento exóticos, sucedió el retorno del estancamiento y de la inflación. A la huida de los dólares, generados por la deuda, la estrepitosa caída de la actividad y el descontrol inflacionario.

A la calma global, a la ausencia de viento exóticos, sucedió el retorno del estancamiento y de la inflación. A la huida de los dólares, generados por la deuda, la estrepitosa caída de la actividad y el descontrol inflacionario

Alberto Fernández ganó las elecciones porque representó la necesidad de una respuesta profunda a la explosión de la pobreza, del estancamiento, de la deuda. Guardó silencio respecto de sus iniciativas, primero por el trámite de la deuda externa; y luego por el cerco que le instaló la pandemia del COVID-19.

A pesar del derrumbe de la economía y el incremento del dolor social, su prestigio creció hasta niveles inimaginables. Se hizo súbitamente de un enorme capital político. Pero nadie puede negar que la erosión de ese capital fue más producto de las fuerzas propias que del cascoteo adversario.

Tampoco se puede negar que a medida que la economía profundiza su deterioro y que la cuarentena demuestra que no es ni cura ni vacuna -y aunque sin duda ha reducido el número de personas en terapia intensiva– su imagen se deteriora a causa de demasiado presente gris y demasiado nublado sobre el futuro. Lo que despejará esa niebla, es bueno tenerlo presente es, siempre, la iniciativa.

La idea tiene raíces en Santo Tomás de Aquino que entendía por “iniciativa” lo que provocaba el inicio de los procesos. Tomar la iniciativa implica ejercer el derecho a adelantarse a los demás. Ir por delante da ventajas en la posibilidad de conducir. Pero no brinda certidumbres. En política nunca no las hay.

Alberto Fernández ¿tiene hoy la iniciativa?

Una de las “iniciativas” o una de las acciones que podría haber representado “el comienzo de un proceso” fue el anunciado lanzamiento del Consejo Económico y Social.

Más que la institución en sí -cuyo valor es discutible si previamente no existe el resultado de los trabajos de un organismo público similar al Consejo de Pos Guerra de la década del 40 o los Consejos de Desarrollo que rigieron hasta la mitad de los 70 del SXX- lo que importa es la discusión y el acuerdo, con las fuerzas sociales de la producción y – por supuesto – el consenso político, acerca del mapa, el rumbo y las rutas alternativas.

Hasta ahora no se dio. Pero es tal la necesidad que la CGT y la AEA, el núcleo de las empresas más grandes instaladas en el país, decidieron empezar el diálogo público, porque el reservado hace años que existe. Esa “iniciativa” ocurrió por fuera del gobierno. Y no porque la gestión de Alberto Fernández no dialogue, sino porque no expone un mapa, un rumbo y rutas alternativas acerca de las cuales valga la pena dialogar.

La "iniciativa" del encuentro virtual entre empresarios y sindicatos ocurrió por fuera del gobierno. Y no porque la gestión de Alberto Fernández no dialogue, sino porque no expone un mapa, un rumbo y rutas alternativas acerca de las cuales valga la pena dialogar
La "iniciativa" del encuentro virtual entre empresarios y sindicatos ocurrió por fuera del gobierno. Y no porque la gestión de Alberto Fernández no dialogue, sino porque no expone un mapa, un rumbo y rutas alternativas acerca de las cuales valga la pena dialogar

Los gobiernos, en nuestro país, no son normalmente comparables porque las condiciones de todas las gestiones han sido radicalmente diversas. Ningún otro ha atravesado una pandemia en globalización; ni enfrentado condiciones tan negativas del entorno y de tan previsiblemente larga duración. Esto es único; y sólo le tocó a Alberto Fernández.

Tampoco hay nada en el horizonte externo que suene alentador como si lo fue, por ejemplo, en el período de términos del intercambio gloriosos del primer y el segundo gobierno K. Como decía un empresario íntimo amigo de Néstor Kirchner, él era un hombre de suerte. No cabe duda de que fue un afortunado.

Tampoco hay nada en el horizonte externo que suene alentador como si lo fue, por ejemplo, en el período de términos del intercambio gloriosos del primer y el segundo gobierno K

En el contexto del COVID-19, que pesa negativamente más allá de la coyuntura recesiva e inflacionaria, de un déficit público difícil de contener y de la cuestión gravísima de la deuda externa que, además, arriesga un default cuyas consecuencias sólo agravarán el futuro, no es fácil tener la energía para tener “la iniciativa”. Aunque justamente, en esas condiciones, la única manera de disipar la niebla que arriesga accidentarse, es tener “la iniciativa”.

La palabra de Economía

El ministro Martín Guzmán afirmó que su programa era “administrar la crisis”. Es insuficiente: administrarla es evitar que se desborden las variables que representan valores críticos. Que no se descontrolen, la inflación, la desocupación, la pobreza, la recesión, el déficit fiscal, el déficit de la Balanza de Pagos. No es su administración lo que evitará que esos problemas –aunque esos números no se agraven– continuén generando el efecto telaraña de la decadencia.

Romper la telaraña es cambiar la dirección; y eso requiere del pensamiento estratégico que ataca las causas y transforma las estructuras.

Es la estructura, que dice el ministro administrar con la crisis, la que produce todos esos desequilibrios y desbalances que impulsan la telaraña de la decadencia. ¿Quién toma la iniciativa?

Es la tentación de la heteronomía: ausencia de autonomía de la voluntad y vocación de regirse por paradigmas externos. Lo contrario a la autonomía, en este caso, estratégica, que es lo que permite saltar los cercos de la información condicionante. Hay una suerte de “iniciativa heterónoma”, es decir, la iniciativa que replica el interés de otros y no el propio de la Nación.

Hay una suerte de “iniciativa heterónoma”, es decir, la iniciativa que replica el interés de otros y no el propio de la Nación

Con una sociedad profundamente dolida, la mitad en la pobreza, la economía casi paralizada, la gravísima situación de la justicia en un estado lamentable, un Estado exhausto e ineficiente, el movimiento obrero atomizado y sectorializado, el capital híper concentrado, con nuevos ricos inmensamente ricos con fortunas súbitas y “exprés”, generadas pari passu con la decadencia económica y social; y ahora, en una de esas, preservadas por leyes tributarias confeccionadas a medida, es hora de la iniciativa estratégica autónoma para evitar que lo peor este por venir.

¿Alberto Fernández tendrá por fin la iniciativa? La respuesta estará en los hechos que aún no han sucedido.

El autor fue subsecretario de Economía del ministro José Ber Gelbard y uno de los que redactó ese plan, además de escritor, autor del libro “Economía y política en el tercer gobierno de Perón”, y profesor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA

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