26 años de impunidad: ¿algo se mueve?

17/07/2019 Manifestantes reclamando justicia para las víctimas del ataque de la AMIA de 1994
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17/07/2019 Manifestantes reclamando justicia para las víctimas del ataque de la AMIA de 1994 POLITICA TWITTER

Cada año se recuerdan los muertos de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires y los supervivientes, amigos y familiares siguen exigiendo justicia, que todavía no llega. Sin embargo, algo ha cambiado.

Desde el 18 de julio de 1994 en que una explosión acabo con la vida de 85 personas y con la del mismo número de familias, de manera irreparable, las diferentes instituciones judías organizadas por el Congreso Judío Mundial (CJM) y las víctimas del terrorismo no se cansan de reclamar justicia, y no obstante las autoridades argentinas no han detenido a los autores.

Argentina e Israel señalan desde hace 26 años de manera inequívoca a Irán como el promotor de la masacre, más específicamente a su brazo Hezbolá del Líbano. El fiscal argentino Alberto Nisman también era de la misma opinión y, tal vez por ella y sus implicaciones, en 2015 fue hallado muerto en su casa la noche antes de acusar a la ex presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner de encubrir a los iraníes acusados del peor atentado de la historia argentina.

Aunque la justicia argentina informara en septiembre de 2018 que la muerte del fiscal fue “consecuencia directa de la denuncia” contra Kirchner, nada sucedió.

Y es que los atentados contra instituciones judías y representaciones israelíes en el mundo son crímenes políticos y racistas que se asientan en teorías políticas que los gobernantes de Irán no solo no ocultan, sino que son parte de sus programas políticos.

Hezbolá fue concebido en 1980 por clérigos musulmanes y financiado por Irán con el objetivo primordial de hostigar a Israel atacándolo, al país y a sus intereses en el mundo.

Y no ha dejado de hacerlo desde todos los ángulos que ha podido: desde la frontera con Líbano, desde la frontera con Siria y también desde Argentina.

Es más, el manifiesto de Hezbolá de 1985 dice lo siguiente: “Nuestra lucha solo terminará cuando esta entidad (Israel) sea eliminada”.

Y tras décadas de pasividad institucional, el año pasado hubo un cambio de rumbo cuando el ex presidente Mauricio Macri aprobó el decreto que declaraba a la organización Hezbolá como grupo terrorista y congelaba sus bienes en el país. Así, Argentina se unía a una larga, aunque no lo suficiente, lista de países y entidades que clasifican al grupo armado chiíta como organización terrorista -desde Estados Unidos, pasando por la Unión Europea, la Liga Árabe, Francia, Australia hasta los Emiratos Árabes Unidos-.

No solo los 114 muertos de los terribles atentados en Argentina están en presentes en espíritu del decreto político, sino que también conviene recordar la nada desdeñable presencia de Hezbolá, como actor de Irán, en Latinoamérica, confirmada con recurrentes informaciones en los medios de comunicación sobre sus actividades en tráfico de drogas, armas, personas y blanqueo de dinero en la triple frontera que separa Argentina, Brasil y Paraguay.

La autora es fundadora y directora ejecutiva de Fuente Latina



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