La nueva anormalidad

Los diferentes escenarios que podrían enfrentar las empresas en la próxima etapa de la post-pandemia

Una foto de la marchas del 9 de julio (REUTERS/Agustín Marcarian)
Una foto de la marchas del 9 de julio (REUTERS/Agustín Marcarian)

Pocos temas ocupan tanto espacio en la agenda de los negocios y en los medios de comunicación como “la nueva normalidad” entendiendo a la misma como un intento de saber cuáles son los cambios que vinieron para quedarse.

Sabemos que toda crisis pasa y esta no será la excepción: con una vacuna todo tenderá a una normalidad, pero será una nueva, diferente. Sólo el tiempo dirá si mejor o peor a la conocida antes de este evento catastrófico.

Para poder desarrollar el tema e intentar llegar a algunas conclusiones es necesario plantear dos escenarios bien diferentes. Con vacuna y sin vacuna.

Sin vacuna las noticias no son alentadoras, por varias razones.

- Laberinto político. El Gobierno está en un laberinto sin un claro rumbo. Lo que comenzó como una forma de controlar una pandemia se transformó en una “cárcel” de la que parece difícil escapar. Los anuncios iniciales del presidente Alberto Fernández poniendo énfasis en priorizar la vida sobre cualquier otra variable, trajo mucho rédito político, con niveles de popularidad que hace años no se observaban. Inicialmente esta estrategia fue considerada por muchos demagógica, más si se tiene en cuenta que estamos en un país con casi 40% de pobreza en el que todos los días muere gente por desnutrición o por alguna falencia del sistema político y económico.

Otro ejemplo: Argentina está al tope del ranking de muertes por accidentes de transito, algo que debería ser bastante más simple de mejorar o solucionar que una pandemia. Sin embargo, para resolver ese y otros temas la política no parece tener el mismo empeño que con el Covid-19. Así, el rédito político mencionado se va desgastando producto de problemas económicos que son cada vez son más difíciles de esconder. ¿Por qué el gobierno no flexibiliza? Básicamente, porque le falta creatividad para encontrar soluciones que no desemboquen directamente en una explosión de la epidemia. Y porque sería asumir que podían haberlo hecho antes.

Alberto Fernández presenta a los gobernadores que están de manera virtual en el acto por 9 de julio
Alberto Fernández presenta a los gobernadores que están de manera virtual en el acto por 9 de julio

- Sobrevivir. Mientras que no se pueda volver a una normalidad, que solo una vacuna puede lograr, estaremos transitando por diferentes niveles y estados de irrealidad. Ni los que les va bien –porque hay algunos a los que les va bien– ni a los que están al borde de la quiebra pueden decir a donde irá a parar su negocio o trabajo. Sólo podemos trabajar en el día a día e incrementar una de las palabras más usadas en la actualidad “sobrevivir”. Carlos Páez Vilaró, sobreviviente de la Tragedia de los Andes, cuenta en sus conferencias y libro que el día 10 después del accidente se dieron cuenta de que no los buscaban más. Ese impacto desolador de la noticia inicialmente fue difícil, pero luego se transformó en un alivio: se dieron cuenta que dependía de ellos y debían dejar de sobrevivir para empezar a vivir. La ausencia de una vacuna nos priva, en parte, de la posibilidad de proyectar e intentar hacer un claro plan, ya no para sobrevivir, sino para pensar en cómo empezar a vivir.

El escenario con vacuna claramente es más alentador, pero aún es incierto y con con muchas suposiciones y fechas posibles. No obstante, existe un gran consenso en cuanto a que finalmente la vacuna llegará. Este aspecto no es algo menor, ya que permite empezar a planificar diferentes acciones para intentar recuperarnos lo antes posible.

La ausencia de una vacuna nos priva, en parte, de la posibilidad de proyectar e intentar hacer un claro plan, ya no para sobrevivir, sino para pensar en cómo empezar a vivir

Una vez más vamos a partir el análisis en dos:

- Política y economía. Todo apunta a pensar que una vez más Argentina perderá una gran oportunidad que no se da por un precio histórico de commodities o un “viento de cola”. La oportunidad, que cada vez parece más lejana pero que aún posible, radica en realizar un gran plan de restructuración económica y política. Con foco en refundar instituciones, legislaciones y reconciliar segmentos de la economía que hace años están distanciados. Claro que esto requiere un gran consenso y liderazgo desprovisto de egoísmo y revancha política.

Esto son algunos de los aspectos que considero se deberían revisar.

Reforma impositiva. No hay que explicar demasiado la necesidad de una reforma impositiva que fomente la inversión y achique la desigualdad fomentando menos impuestos distorsivos que afectan a las bases de la pirámide de ingresos. No soy optimista al respecto por dos razones: a) Implicaría una reforma del Estado con foco en revertir el déficit; b) Existe una barrera ideológica predominante en la Casa Rosada que pregona que los empresarios y trabajadores siempre tienen recursos para financiar la ineficiencia y corrupción política.

Una vez más, las empresas argentinas se enfrentan al desafío de tener que adaptarse a una dura realidad, una que ya era extremadamente difícil y que ahora se complica más

Eliminación de burocracia estatal. Cualquiera que al menos haya intentado emprender en este país sabe la tortura burocrática que implica el arte de abrir un negocio. Pero esos problemas lejos de desaparecer, una vez en funcionamiento, se multiplican y complejizan. En promedio, las empresas tienen un sobrecosto de un 10% por la cantidad de recursos que hay que destinar para cumplir con todos los requisitos estatales, desde trámites, autorizaciones, certificaciones y habilitaciones, entre otros. Todo esto con un agravante: en general no evitan nada de lo que intentan solucionar o prevenir.

Plan estratégico nacional. Sería un buen momento para desarrollar un plan a 10 años con consenso político, público y privado sobre qué hará Argentina con sus recursos naturales, tecnológicos, intelectuales, su posición geográfica y el nuevo contexto mundial. Contamos con los recursos intelectuales para desarrollarlo, pero la dirigencia política suele subestimar este aspecto con una falsa sensación de seguridad basada en que, en teoría, Argentina es rica y siempre se repone de todo.

Reforma laboral. Este debe ser uno de los puntos más postergados de la política nacional. Gremios fuertes y gobiernos presos de una relación cuasi mafiosa donde se disputan el primer puesto de apriete mutuo. Si estos dos actores pudieran sentarse junto a especialistas para analizar alternativas se descubriría que hay más beneficios que perjuicios. Sólo un ejemplo: Dinamarca hizo una reforma hace varios años luego de una gran crisis y los expertos hablan de que una de las causas fundamentales de su éxito fue la “flexiseguridad”, que combinó flexibilidad para contratar y despedir con una alta protección social para los desempleados y una política activa en el mercado laboral.

Reforma previsional. Una vez más los grandes perdedores son los pobres abuelos que ven llegar su jubilación al límite de la indigencia. Hoy, más del 50% de los jubilados no podría vivir sin la ayuda de sus familiares. Este aspecto es complejo y una vez más, como casi todo lo hasta aquí desarrollado, necesita de mucho consenso. Este modelo tiende a perdurar como uno de los grandes fracasos nacionales, perjudicando a quienes deberían disfrutar de la última etapa de su vida.

Mondo empresario y emprendedor. Una vez más, las empresas argentinas se enfrentan al desafío de tener que adaptarse a una dura realidad, una que ya era extremadamente difícil y que ahora se complica más.


Los cambios a los que nos expone esta pandemia sacuden las bases de la mayoría de los negocios tal como los conocíamos. Para muchas esto se parece más a una oportunidad que un problema, pero son las menos. Para la gran mayoría estos cambios son inalcanzables. Mucho más en un país que no apoya o brinda herramientas a las empresas para comprender y hacer frente a estos desafíos. Argentina hoy tienen menos empresas que hace 10 años, y menos empresas es menos trabajo y menos impuestos.

¿Puede revertirse esta situación? Sí, pero hay que resolver todos los puntos desarrollados anteriormente. Las empresas están dispuestas y lo demuestran todos los días al decidir mantenerse abiertas, en muchos casos con ingresos cercanos a cero. Pero para muchas el tiempo se acaba, presionadas por deudas y por desaliento ante un Estado que solo les habla para retarlos, ponerles más impuestos y exigirles que hagan el ajuste que la política no se anima a realizar.

La crisis pasará. Llegará la vacuna llegará, la gente volverá a salir a las calles, los chicos al colegio, los abuelos a ver a sus nietos y algunos empresarios, los que sobrevivan, abrirán sus negocios. Todos viviendo en una nueva “anormalidad”.

El autor es conferencista internacional y director de la consultora GrupoSet

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