La hora de los liderazgos locales

Sociólogo, autor del libro "Gustar, ganar y gobernar" (Ed. Aguilar)
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Una notable dificultad de los estudios sociales, sobre la cual la academia ha trabajado arduamente en las últimas décadas, es la de comparar diferentes países. Algo muy naturalizado en contextos de crisis mundial, donde los ciudadanos y gobernantes de diversos países quieren saber cómo les está yendo en comparación con los demás.

Sin embargo, los países no son unidades de análisis idénticas unas a las otras. Evidentemente estamos ante realidades muy diversas, con variables y factores internos peculiares y específicos que complejizan los análisis comparativos. Pero es cierto que hay una serie de indicadores económicos, índices y balances relativamente estandarizados que posibilitan aproximarnos a esta tarea. Teniendo en cuenta estos riesgos y matices a la hora de comparar, es interesante analizar entonces cómo repercutió la pandemia en distintas naciones, cómo diagnosticaron los escenarios de crisis y cómo afrontaron los inéditos desafíos de las semanas que se sucedieron.

En algunos países, la matriz económica es de tal fragilidad que el impacto de esta crisis puede perdurar por muchos años. Para quienes identifican letras, según la forma que podría tener la crisis y recuperación económica, la economía en estos países se comporta como una L, siendo que el impacto es notable (primer palito de la letra), y la recuperación va a ser casi imperceptible en el futuro inmediato, como lo representa el palito horizontal de la letra. A riesgo de simplificar, podemos identificar que esta es la realidad que atraviesan algunos países africanos, asiáticos e incluso latinoamericanos.

Si tenemos en cuenta otro grupo de países, diametralmente opuestos a los primeros, con bases económicas sólidas, la recuperación se espera que siga un movimiento de V, es decir que, ante la caída provocada por la parálisis mundial, le siga una reactivación casi inmediata y de la misma magnitud que la caída. Estas son las naciones más industrializadas del mundo, como Estados Unidos, China y la mayor parte de Europa, donde, probablemente, superada la crisis, tenga lugar un efecto rebote de la economía.

Por último, podemos identificar un tercer conjunto de países donde, si bien antes de la crisis la economía atravesaba serios problemas, existe una serie de elementos que, de ser correctamente estimulados, pueden dinamizar la actividad progresivamente. La forma en este último grupo no es de V sino de J invertida, lo que da cuenta de una recuperación lenta, con fuerte intervención, pero dinámica. Muchos analistas consideran que Argentina puede estar en este último grupo.

En definitiva, cada país tiene tantas particularidades que hace difíciles compararlos entre sí. Sin embargo, algo que quedó claro con la crisis desatada por la pandemia global es que un factor con notable incidencia en la desaventura, sobre todo en las posibilidades de superarla, es el liderazgo político. En los países donde los líderes han actuado precavidos, pero con sensatez, sensibilidad y sentido común, el impacto del virus ha sido menor. Se trata de un elemento que no se limita solo a los funcionarios nacionales, sino que es posible identificarlo también a nivel provincial y local.

Es más, según los estudios de opinión pública que se han conocido en los últimos meses, son los líderes en estos dos niveles subnacionales quienes más han logrado consolidar su liderazgo a partir de su gestión de la crisis. Indudablemente, la proximidad con sus ciudadanos ha sido un capital que ha dado dividendos.

Los desafíos del liderazgo local

A nivel local, y en términos generales, los liderazgos en Argentina han demostrado una rápida adaptación y una diligente respuesta ante las necesidades. Los intendentes y los gobernadores entendieron que esta crisis no podía quedar solo en manos del gobierno nacional, ya que la disímil situación en la que están inmersas las distintas ciudades y regiones de nuestro vasto país, ameritan un abordaje local. Para decirlo de otra forma, no es igual el desafío de gestionar la crisis en el AMBA que en un remoto pueblo de la Patagonia, una provincia andina o una ciudad como Resistencia en Chaco. Los localismos importan y la dimensión territorial ha recobrado protagonismo ante tal adverso escenario.

Si bien Argentina constitucionalmente -e incluso reivindicado en términos discursivos- es un país federal, lo cierto es que en términos reales se trata de un federalismo relativo que, a menudo, parece hacer realidad el refrán “Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires”. A lo largo de los años las tensiones políticas entre las provincias y los gobiernos nacionales no han fortalecido el federalismo en nuestro país, registrándose un progresivo proceso de centralización de facultades y recursos en la Nación en desmedro de las provincias.

Sin embargo, esta es la oportunidad -como pocas- de fortalecer ese federalismo para que no se convierta en letra muerta de la Constitución. Nadie como los propios gobernadores, o mejor aún, los intendentes, conocen sus territorios. Nadie como ellos sabe dónde resulta más efectivo intervenir económicamente, apoyando productivamente a emprendedores y empresarios. Nadie como ellos tiene la capacidad logística de abarcar territorialmente y movilizar tanto funcionarios locales como militantes para incidir positivamente con políticas sociales y estrategias de desarrollo.

Los resultados están a la vista. Para muchos líderes locales estos niveles de aprobación y de imagen positiva que han alcanzado en un contexto adverso no tienen antecedentes. Pero una difícil decisión estratégica que tanto líderes como equipos de comunicación deben tomar por estos tiempos, es hasta dónde expandir su liderazgo y cuánto más visibilizar la imagen del gobernador/intendente. El interrogante que debaten muchos por estos días es si es preferible bajar –o sostener- la exposición mediática o, por el contrario, aprovechar las circunstancias para aumentar la visibilidad pública en vistas a la contienda electoral del próximo año.

*Sociólogo, consultor político y autor de “Comunicar lo local” (Parmenia, 2019)

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