Ante el aislamiento, el Zoom nuestro de cada día simula normalidad

Cómo la realidad social y las relaciones interpersonales han sido superadas por las nuevas comunicaciones virtuales remotas

Zoom se convirtió en la plataforma por excelencia durante la cuarentena (Reuters)
Zoom se convirtió en la plataforma por excelencia durante la cuarentena (Reuters)

Cuando la realidad supera a la ficción, generamos nuestros propios guiones - ahora virtuales - para empezar a posicionarnos en este nuevo mundo de cara a la pandemia mundial.

¿Usted recuerda cuando fue la última vez que se juntó con sus amigos?

¿Cuál fue el último cumpleaños al que concurrió de manera presencial?

Dígame la verdad, ¿recuerda más bien el Zoom que hizo con sus hijos o su grupo de amigas, o compañeros de colegio?

Es así, estos casi cuatro meses de confinamiento obligatorio, preventivo, social, hasta diríamos “profiláctico”, nos han llevado casi a la rastra (por no decir a la fuerza) a aprender las nuevas tecnologías de la comunicación.

Quién iba a pensar, que Pepe, Pocha, Tito o Beba iban a estar en estos momentos conectados a un Zoom. Porque ¿sabe lo que significa al menos? Bueno, aquí tiene una explicación sencilla: es una plataforma que permite realizar videoconferencias, videollamadas, reuniones, entrevistas y chatear de forma rápida y sencilla (dixit Google).

Cuántas veces hemos sentido esa necesidad de decirle a alguien que estamos re podridos, que no vemos la hora que se termine este confinamiento, que queremos salir de una buena vez, que sabemos que estamos pasando por lo peor, pero que sabemos también que somos argentinos, que si nos cuidamos un poquito más, de esta salimos, como lo hemos hecho de tantas, ¡pero de tantas!

No vale la pena discutir, pelear, reír o llorar. Porque si nos cuidamos entre nosotros o solitos, si nos cuida el Estado o si desafiamos a las leyes de la naturaleza y de la biología, y encaramos la calle (trate de contenerse, los superhéroes son solo de historieta) puede ser seguramente peor. La grieta ya no existe mi amigo! Está en una cierta clase social que necesita de ella para tener de que discutir con el otro al que considera su adversario o peor aún su enemigo, y que trata de imponerle su línea de pensamiento más recalcitrante.

Señoras y señores, volvamos al eje, estas nuevas maneras de comunicarnos vinieron para acortar las distancias, para colocarnos con el matecito detrás del celular y de las computadoras, para que podamos hacer de nuestras vidas diarias, algo que valga la pena para saber del otro y mostrarle que la estamos pasando como se puede.

La nueva estética del aislamiento social obligatorio, hacen que la imagen de cuadricula de nuestras caritas por Zoom, se vean mas significantes para no sentir muchas veces la temida y angustiante soledad (de relacionamiento).

Ahora resulta ser que queremos mostrarnos amigables con el ultimo diseño de barbijo (tapabocas acá en la Argentina, porque en el resto del mundo lo llama a secas: Bar…bi…jo), o con el mate amigo, succionando la bebida nacional frente a la camarita, cual si fuera el elixir de los dioses, y que es necesario hacerlo ante los demás.

Lentamente y a paso firme, nos iremos transformando en una especie de colmena virtual en todos los ámbitos de nuestras vidas cotidianas: Zoom para las escuelas, para el trabajo, para ver a la familia, hasta para verse con las chicas y cada una con la botella a la vista de Vino, Aperol Spritz, vodka, o simplemente la cervecita, para sentirse que no nos va a ganar la angustia existencial de los 100 días de encierro.

Quiero decirle con todo esto que, pese a los problemas de la vida misma, el Zoom nos mantiene de alguna manera unidos con ese otro al que necesitamos tenerlo de aquel lado de la pantalla, y de esta forma empezamos a crear el nuevo sentido de relaciones sociales, familiares, y profesionales, que ya a saber Dios si vinieron para quedarse o será una nueva prueba a la que la vida nos sometió sin quererlo, sin siquiera soñarlo en los más lejanos deseos del brindis del Año Nuevo pasado.

Por eso, estimada y estimado lector, le deseo salud, bienestar y sobre todo entereza psicológica. ¡Suerte!

El autor es politólogo y analista político

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