¿Hacia dónde queremos ir?

Los argentinos deberíamos explicitar a dónde nos queremos ver como país dentro de cuatro décadas, por ejemplo, y comenzar a actuar en consecuencia

El Obelisco durante la cuarentena por coronavirus (REUTERS/Agustín Marcarián)
El Obelisco durante la cuarentena por coronavirus (REUTERS/Agustín Marcarián)

En 2020 la economía argentina cumplirá una década de estancamiento con tasa de inflación alta y creciente, caída del ingreso por habitante y, como correlato, un significativo deterioro de las condiciones de vida de la población. Más aún, a partir de 2018 la crisis de confianza convirtió el estancamiento en caída continuada de la actividad económica, con un ritmo de aumento del nivel general de precios de casi 40% promedio anual. A nivel regional, y con excepción de Venezuela, Argentina fue el país con peor performance, incluso cuando se extiende lo suficiente el período de análisis. La pandemia del coronavirus y la cuarentena adoptada para enfrentarla, de extensión récord a nivel mundial, constituyen tragedias inéditas que vinieron a profundizar de forma apreciable esta realidad, pero lejos están de ser la causa del problema. Revisemos los números.

Argentina, una rara avis

Entre 2011 y 2019, para dejar de lado las conjeturas sobre la caída extraordinaria que registrará este año, el Producto Bruto Interno (PBI) de Argentina, indicador que mide la generación de riqueza del país por año, acumuló una contracción de 2,6% con relación a 2011 (-0,3% equivalente anual). En tanto, el ingreso por habitante disminuyó casi 10% entre puntas del período (-1,2% equivalente anual), ya que la población total continuó creciendo a una velocidad promedio de 0,9% anual.

A nivel regional fue el país que exhibió la peor performance, excluyendo a Venezuela. Tal como se puede observar en el Cuadro Nº 1, Bolivia, Perú, Paraguay y Colombia, lograron crecer a un ritmo superior a 3,0% por año. Por su parte, Chile, México, Uruguay y Ecuador, lo hicieron a una velocidad superior a 2,0% por año. En tanto, la economía de Brasil creció sólo 0,3% por año.

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Al extender el período de análisis, se mantiene el hecho de que Argentina es uno de los países que menos creció de la región. Entre 1980 y 2019 el PIB argentino acumuló un crecimiento de 93,6%, lo que arrojó un ritmo promedio de 1,7% anual. Sólo Venezuela mostró números peores, con una caída de 35,3% en 39 años (-1,1% equivalente anual). En tanto, en el tope del cuadro se ubicó Chile (+4,1% anual promedio).

Asociada a la pobre performance del PBI estuvo la volatilidad de la tasa de crecimiento o contracción. En 39 años el PBI argentino registró 17 caídas, lo que implica que estuvo en recesión casi 44% del tiempo considerado. Incluso Venezuela experimentó menos caídas que Argentina (16), si bien con otra distribución temporal. En los demás casos, los países que más contracciones registraron fueron México, Paraguay y Uruguay, con sólo 8 años de caídas. Por su parte, Brasil retrocedió en 7 ocasiones, Chile, en 4, y Colombia, apenas en una ocasión (1999).

El deterioro relativo se agudiza cuando se considera el ingreso por habitante (en dólares constantes, corregidos por el poder de compra en cada país). Mientras que en 1980 Argentina tenía el mayor PIB por habitante de los once países considerados, en 2019 se ubicó en el cuarto lugar, detrás de Chile, Uruguay y México, tal como se puede observar en el Cuadro Nº 2. En tanto, con el resto de los países se redujo la brecha.

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En materia de inflación, entre 2011 y 2019 Venezuela, que atraviesa un proceso hiperinflacionario, lideró por lejos el ránking. Pero Argentina se destacó por ocupar el segundo lugar, al haber multiplicado por 9 su nivel general de precios en sólo dos períodos presidenciales (+33,4% equivalente anual). La tasa de inflación pasó de un promedio anual de 24% en los primeros tres años a 38% en los últimos cuatro, con un pico de 52,7% en 2019. En tanto, Uruguay, país que más cerca estuvo de Argentina, acumuló un aumento de 87,7% entre puntas del período, lo que arrojó una tasa de sólo 8,2% equivalente anual, y Brasil tuvo un alza acumulada de 57,0% (5,8% equivalente anual). En los demás casos, el nivel general de precios aumentó entre 37% (México) y 19% (Ecuador).

<b>En 39 años el PBI argentino registró 17 caídas, lo que implica que estuvo en recesión casi 44% del tiempo considerado</b>

Al extender el período de análisis a las últimas cuatro décadas (incluyendo las tasas de tres dígitos promedio anual de los ’80, que culminaron con dos episodios hiperinflacionarios (2º trim. ’89 y 1º trim. ’90) y los años de la década del ’90 en los cuales hubo estabilidad de precios (1994-2001)), Argentina continúa ubicándose entre los países que más inflación registraron y también entre los que más tiempo enfrentaron tasas de inflación anual de dos y tres dígitos. En 1980-2019 ocupó el tercer lugar, con un aumento del nivel general de precios de 75,9% promedio anual, habiendo sido superada solamente por Brasil (87,2% anual) y Venezuela (99,2% anual). Detrás de nuestro país se ubicaron Perú (60,1%), Bolivia (41,1%), Uruguay (26,9%), Ecuador (21,6%), México (21,2%), Colombia (13,2%), Paraguay (11,7%) y, finalmente, Chile, cuya tasa de inflación promedio fue de un dígito (8,9% anual).

Asimismo, cabe señalar que Brasil y Argentina fueron los países que más tiempo convivieron con tasas de inflación superiores a 100% anual (14 y 11 años, respectivamente; o sea, 35% y 27,5% del tiempo). En tanto, si se toma el número de años con tasas de inflación superiores a 20%, el ránking fue liderado por Venezuela (29 años), Argentina (25 años), Ecuador (19 años) y Brasil-Uruguay (cada uno, con 16 años).

<b>En casi cuatro décadas la producción de bienes y servicios creció a un ritmo apenas mayor que la población total. En cambio, en el resto de los países de la región la disponibilidad de bienes y servicios por habitante se expandió a ritmos superiores</b>

A través de esta revisión estadística (súper sintética) se evidencia que los argentinos no hemos logrado hacer funcionar el sistema económico de una forma razonable, al tiempo que perdimos una institución central como es la moneda. En casi cuatro décadas la producción de bienes y servicios creció a un ritmo apenas mayor que la población total. En cambio, en el resto de los países de la región la disponibilidad de bienes y servicios por habitante se expandió a ritmos superiores, e incluso en algunos casos lograron alcanzar niveles superiores al nuestro.

En consecuencia, los argentinos deberíamos dejar de preguntarnos hacia dónde vamos, porque la revisión de la historia reciente nos brinda una respuesta bastante clara (y penosa). En cambio, deberíamos comenzar a preguntarnos hacia dónde queremos ir. Y en este caso, deberíamos explicitar a dónde nos queremos ver como país dentro de cuatro décadas, por ejemplo, y comenzar a actuar en consecuencia. Las condiciones necesarias para salir del estancamiento secular con elevada inflación en el que estamos inmersos, elevar el ingreso por habitante y mejorar las condiciones de vida de los argentinos, son bien conocidas por todos. ¿Estamos dispuestos a hacer el esfuerzo, aun cuando sean las generaciones futuras las que vean los frutos, o preferiremos seguir discutiendo relatos?

El autor es profesor de Política Económica UCA y socio de Estrateco Consultores

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