(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

Ciento cuatro días y contando. La historia futura de nuestra nación se está escribiendo en estos días y en los próximos por venir. De las decisiones que se tomen ahora, dependerá que el crack económico y social que tenemos por delante sea más o menos tolerable para todos y todas, y, en especial, para los sectores más necesitados de nuestra población.

La crisis que vivimos en 2001 no tiene nada que ver con lo que enfrentamos ahora. Llamar a lo que está por venir “crisis” es hoy un lugar común. En mi opinión es algo diferente, muchos más complejo y con un alcance, a nivel mundial, como nunca antes nos ha tocado vivir.

Preocupa y mucho, tanto al sector empresario, como al sindical y a la clase dirigente, que el estimador mensual de la actividad económica haya registrado, en el mes de abril una caída en el nivel de actividad del 26,4%.

La crisis que enfrontamos en 2002 nos llevo a una caída del nivel de actividad de un 21,20%, pero en un período de varios años (1998-2002). En un solo mes nuestro nivel de actividad cayo 5,20% “más” que ese 21,20% del proceso que termino desembocando en la crisis de 2002.

Con este escenario, el diagnóstico de lo que viene no es difícil de hacer. El semáforo de la economía ya está al rojo vivo, solo qué, aún no queremos verlo. La prioridad es la salud.

En el edificio de nuestra nación, un grupo selecto estaba en el Pent House. Algunos en los pisos del medio. Otros en los de abajo o en el subsuelo. La enorme mayoría de las empresas (con solo muy pocas excepciones) han descendido tres, cuatro o más pisos con el discurrir de la cuarentena que arranco el pasado 20 de marzo.

Si el edificio se derrumba, es claro que nos caemos todos juntos.

La incertidumbre para la toma de decisiones es hoy la regla. No sabemos cuando saldremos en el AMBA (donde se concentra el mayor nivel de población y de la actividad económica de nuestro país), del ya famoso e insoportable “ASPO” y, en el resto del país, cuando se recuperará la tan añorada normalidad.

Tampoco sabemos cuando “el mundo” encontrará una vacuna y mucho menos en que momento esa vacuna llegará a nuestras tierras.

Si debemos saber que vamos a convivir con esta “nueva normalidad” por un tiempo bastante más largo del que todas y todos deseamos.

Y en el medio de ese océano de incertidumbres, los empresarios deberán decidir los pasos que darán en los próximos meses. Tarea por cierto dificultosa, tanto por la falta de certezas, como por las circunstancias propias de nuestro país.

Al ya complejo escenario que planteamos, se suma la conflictividad laboral que se aproxima, paritarias en stand by, reestructuraciones empresarias adaptadas a la realidad actual, con más un largo etcétera de temas laborales que posan una nube negra más sobre el futuro de las empresas.

En el medio de esta atmósfera, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, estira la vuelta a la normalidad del sector judicial, tan necesario y relegado en estos tiempos de pandemia.

 En abril la caída en el nivel de actividad fue del 26,4%. (Adrián Escandar)
En abril la caída en el nivel de actividad fue del 26,4%. (Adrián Escandar)

Con este escenario, a nivel judicial, se teme una avalancha de concursos y quiebras. Algunas estimaciones calculan en 100.000 las empresas que enfrentaran un proceso judicial de esas características. El número asusta. Más si deducimos que un gran porcentaje de esa cifra recaerá sobre los tribunales comerciales con asiento en la capital de la nación.

Ahora bien, un dato de no menor transcendencia es que, a la fecha, se han presentado tan solo siete procesos durante la “centena” que se nos ha impuesto como forma de cuidar la salud de nuestra población.

Por otra parte, hay varios proyectos de ley (o de reforma de ley) dando vueltas por los pasillos del Congreso de la Nación. Algunos de muy interesantes perspectivas en punto a brindar soluciones concretas para las empresas con dificultades económicas.

Además, desde el propio Poder Ejecutivo Nacional, con buen criterio, se está hablando de una reforma fiscal significativa. Es deseable que se concrete de una vez por todas y con la participación plural necesaria en este tipo de situaciones.

Si a todo lo anterior, logramos revertir la imagen de país “poco” apegado a las reglas de juego, y al respeto por la propiedad privada, seguramente podremos enfrentar el cráck pandémico de la economía nacional, con posibilidades de superarlo.

De lo contrario, la caía de nuestra nación a niveles de pobreza nunca antes vistos, será una realidad.

A los empresarios con “barbijo” les queda la prudencia y el análisis de lo que está por venir, para tomar las mejores decisiones posibles a fin de minimizar los riesgos de toda decisión que se tenga o deba tomar en estos días.

Salvo casos muy asilados, pensamos que las soluciones concursales, aún, deben esperar. Las estadísticas acompañan esta afirmación.

Es tarea de todos y todas, sumar nuestras voces, aún desde el disenso, pero con el respecto necesario por el que opina diferente, que no es un enemigo, sino tan solo alguien que tiene una mirada diferente a la propia, seguramente encontraremos una hoja de ruta que nos saque de lo más profundo del abismo.

La creatividad y lucidez de los argentinos y argentinas, ha sido una constante durante tantos años de sin sabores. Es hora de que nuestra nación deje de ser una fábrica de pobres, que, tras el mercadeo barato de miedos existenciales nos pone a todos a “parir” al mismo tiempo.

En este orden, valores como la seguridad jurídica, y el respecto por la opinión diferente a la propia son trascendentales.

Es de esperar, que, los empresarios con “barbijo” puedan encontrar la forma de sacar a sus empresas del respirador artificial para seguir dando trabajo, creando riqueza y pagando los impuestos necesarios para que solventar el crecimiento de nuestra nación.

Albert Einstein fue, sin duda alguna, uno de los grandes genios de nuestra era. Por eso es válido recordarlo en este momento:

No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”