Somos conscientes de lo más importante de esta cuarentena: el esfuerzo que hizo la sociedad. Hoy estamos a mitad del río. Estamos atravesando este inmenso desafío que nadie imaginaba. Ninguno pensó llegar acá. La crisis del mundo, la crisis argentina que heredamos en 2019, nos parecían desafíos tremendos, pero posibles de resolver. Cuando uno va a elecciones lo hace porque cree que puede. La política es voluntad, inteligencia, organización y un poco de suerte también. Pero es voluntad transformadora. Pero el Covid-19 nos quemó los papeles. Nos puso una colina mucho más alta.

La cuarentena fue nuestra herramienta. No estuvo orientada desde la prohibición. No fue un “no”, más bien fue un “sí”: sí a la vida, sí a cuidarnos, sí a darnos tiempo. Y se cumplió porque la sociedad confió. Lo que vemos ahora es el resultado de lo esperado: nos dimos cien días y el pico está llegando. Enfrentarlo es un desafío. La sociedad, dije, es la que hizo el esfuerzo más grande porque aceptó perder cosas para cuidar la vida. Perder plata, ahorros, trabajos, tiempo, contacto. Soy político y como tal, en una parte me siento privilegiado. Por eso nuestro compromiso es ayudar a que todos estén mejor, a que los que tengan que empezar de nuevo lo hagan sabiendo que un Estado y un gobierno les dará una mano. Porque es un gobierno que sabe de qué se trata el dolor. El primero de todos: el de nuestros muertos. Y después el otro, el de nuestras frustraciones.

Por eso no suscribí a mofarme de los runners, o de los que hacen ejercicios, es lógico que muchos quieran estirar un poquito el límite, aunque todos advertimos los riesgos. El derecho a la vida que defendemos por supuesto que es también el derecho a la alegría, al ocio, al disfrute, a estar en familia, entre amigos. Tenemos esta vida. Este es el tesoro. Pero ahora como gobierno pedimos un esfuerzo más. Un poco más. Y cuanto más estrictos seamos ahora, más tiempo tendremos después.

El Estado cuida a la sociedad lo más que puede. Pero, como lo vi en cientos de barrios, el Estado ayuda también a través de las mismas organizaciones de esa sociedad. El rol de las iglesias, de los clubes de barrio, de los movimientos sociales, de las cooperativas, de los sindicatos. El Estado no podría hacer ni la mitad de lo que hace si no existieran esas organizaciones. Pero no todo el mundo está organizado. Uno quisiera disculparse de corazón con cada argentino o argentina que se siente solo en estos días. Pero que sepan que haremos el esfuerzo para estar cerca.

Ojalá la política haya estado y esté a la altura de la sociedad. Como decimos en el barrio: la sociedad se la bancó. Pero falta un tiempo, que es el decisivo. Los países que oscilaron, que no terminaron de priorizar la salud, chocaron su economía. Nosotros quisimos siempre manejar los tiempos del Covid. Preparar el sistema sanitario. Movimos el Estado en días. Para las ayudas económicas, para ampliar la capacidad. Y encima, en el medio de todo esto, estamos negociando la deuda externa con dignidad. Esta es la que nos toca. Vamos a cruzar ese río. Solo pedimos paciencia. Un poco más. Tengamos la certeza de que Alberto Fernández es el presidente de todos, no va a bajar los brazos, y nos va a cuidar.

El autor es secretario de Relaciones Parlamentarias, Institucionales y con la Sociedad Civil de la Jefatura de Gabinete