Desde el año 1987, la Asamblea General de las Naciones Unidas señala cada 26 de junio como el “Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas”.

El nombre compuesto que lleva esta fecha no expresa los múltiples enfoques que han transitado desde entonces los temas de consumo, desde lo estrictamente jurídico pasando por lo meramente sanitarista. Pero lo mejor de estos debates es que ya no se discute la diferencia que existe entre una persona que atraviesa una experiencia de consumo problemático, y una persona que comete un delito en un negocio de narcotráfico.

Esta distinción es clave y ha sido un gran avance para poder entender el campo de los consumos problemáticos, deshacer antiguos prejuicios y adentrarnos en la problemática desde un enfoque contemporáneo, complejo e integral.

La gestión de Sedronar se guía por una perspectiva de Derechos Humanos y en el marco de la Ley Nacional de Salud Mental. Tenemos evidencias de múltiples investigaciones que nos dicen que el consumo problemático no es un asunto de voluntad individual sino que es una construcción y un tipo de vínculo que una persona establece con un objeto o sustancia, legal o ilegal; y que esa persona no está aislada sino que vive en una cultura de consumo, en un contexto social único y particular.

Por esta razón, el foco principal de nuestra política es la de generar estrategias de cuidado. Corrernos del eje de “la droga” y hablar de las personas.

De nuestra experiencia aprendimos que existen múltiples dimensiones a tener en cuenta. Primero, la noción de cuidado del propio cuerpo y el nivel de acceso a la salud que tiene una persona. Luego, lo relacionado a los lazos sociales y cuáles fueron las condiciones de existencia concretas que sirvieron de base a su desarrollo. En suma, qué trayecto de vida tuvo esa persona. Por último, la dimensión del contexto, porque hay que admitir que existen normativas sociales que no están escritas y que tienen que ver con lo que toleramos como sociedad.

Actualmente, vemos que la sociedad tolera que los menores de edad consuman alcohol, pese a no estar permitido. Ante tanta información, no hay manera de que el problema de consumo no sea considerado desde una problemática social que atraviesa a todos los sectores. Sobre la cual el Estado tiene la responsabilidad de generar políticas públicas que den respuestas.

En sintonía con este enfoque, desde Sedronar estructuramos nuestra tarea en dos grandes áreas: la de prevención, investigación y estadística, y la de atención, cuidado y acompañamiento. Mantenemos un criterio federal de intervención porque las particularidades locales del consumo problemático requieren de estrategias diferenciadas.

No trabajamos solos. Existe una enorme red de actores de la sociedad civil, organizaciones sociales y eclesiales, agrupaciones de madres, federaciones, foros y mesas de trabajo en los tres niveles del Estado, que estamos consolidando de manera conjunta y articulada con el objetivo de abordar a las personas desde todas las dimensiones de su vida.

Por eso, este 26 de junio es una gran oportunidad para reflexionar sobre cómo queremos vivir. Si consagrados al consumo de cosas como salida a la angustia y la frustración, o abiertos a la desafiante experiencia de la palabra, el afecto y los lazos comunitarios.

La autora es secretaria de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentinas