La conquista del espacio

Imagen de archivo del Obelisco ante una vacía calle Corrientes en Buenos Aires, Argentina, Marzo 20, 2020. REUTERS/Matias Baglietto
Imagen de archivo del Obelisco ante una vacía calle Corrientes en Buenos Aires, Argentina, Marzo 20, 2020. REUTERS/Matias Baglietto

Podemos arrancar con una primera definición de la palabra “espacio”, tomada como sitio ocupado por un cuerpo y podemos concluir casi de manera concluyente en que Argentina tenemos mucho “espacio”.

Si pudieras elegir dónde pasar la cuarentena, ¿no buscarías más espacio? Sin dudas esta pandemia va a modificar la morfología urbana de muchas de nuestras ciudades.

Tenemos una demanda central que emerge, la cual estuvo ausente en los debates urbanos de los últimos años. El espacio físico.

Todos sabemos que nuestro país es enorme, el número ocho del mundo en extensión territorial. Pero también sabemos que vivimos en grandes urbes, mal y amontonados. Solo en las Áreas Metropolitanas de Buenos Aires, Córdoba, y Rosario, se concentra el 45% del total de población del país.

Tenemos tanto espacio que en nuestro territorio entra más de dos veces toda la población mundial, más de siete mil millones de habitantes. En esta hipótesis, sería un país de ciudades con una densidad igual a la de Ciudad de Buenos Aires.

¿Más datos sorprendentes? El 90% de los argentinos vive en el 0,5% del total del territorio nacional. Uno de cada dos ciudadanos viven en un radio de 400 kilómetros de distancia desde el obelisco.

Esta pandemia puede ser una oportunidad para repensar en un desarrollo territorial más equitativo. Y para eso es fundamental jerarquizar y desarrollar a las ciudades intermedias.

Somos un país que cuenta con más 2300 gobiernos locales, de los cuales solo 124 tienen más de 50 mil habitantes, y solo 12 municipios más de 500 mil. Las ciudades crecen demográficamente en espacios cada vez más pequeños. Muy por encima de la media latinoamericana en urbanización, nueve de cada diez argentinos vive en alguna ciudad. Pero no siempre fue así. A principios del siglo pasado, solo seis de cada diez decidían vivir en centros urbanos. No creo que el camino sea una vuelta a la ruralidad: se trata de una estrategia de desarrollo territorial, donde las ciudades intermedias deben tener un rol preponderante.

Como nunca antes, están quedando expuestas las asimetrías territoriales de nuestro país. El AMBA concentra el 92% de los contagios. El escenario post coronavirus puede ser una oportunidad. El gran desafío es conducir este proceso para que sea virtuoso y rescate lo mejor de cada ciudad, la potencie y la modifique. Hoy entran en jaque las grandes ciudades, entra en crisis la alta densidad urbana; las nuevas vedettes son las ciudades medianas, esas que tienen entre 50 y 300 mil habitantes.

Debemos plantear transformaciones que nos permitan mejorar la calidad de los espacios públicos. Se trata de emprender reformas urbanísticas que, después de superar la crisis actual, nos permitan vivir plenamente más que antes las ciudades. Hoy el distanciamiento pasó a ser determinante; y la necesidad de más espacio, primordial. Y no solo lo necesitamos para trabajar, caminar o pedalear, sino también para disfrutar y cuidarnos.

La salida es hacia delante, no hacia atrás. Menos estrés, ansiedad y contaminación; más salud, tranquilidad y tiempo para disfrutar con la familia y amigos. Las cuentas dan.

Vivimos una coyuntura bisagra. Las decisiones que tomemos estas semanas definirán los próximos años. Moldearán una época. Necesitamos de ciudades protagonistas que dejen de ser sumisas y de ciudadanos empoderados para llevar adelante estas transformaciones. Podría ser el comienzo de una nueva era.

Como dijo Albert Einstein: "La vida es como andar en bicicleta, para conservar el equilibrio debes mantenerte en movimiento”. A las ciudades les pasa lo mismo.

El autor es subsecretario de Cooperación Urbana Federal del Gobierno de la Ciudad y autor del libro “La Revolución de los Municipios” (2019)