La salida de la cuarentena: entre los riesgos y las responsabilidades

Sociólogo, autor del libro "Gustar, ganar y gobernar" (Ed. Aguilar)
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El mundo debate las medidas a adoptar para ir saliendo progresivamente de las medidas de aislamiento preventivo que, como ya es ampliamente conocido, han sido hasta hoy la medida más efectiva para frenar las contagios mientras se espera una vacuna que, según informaron por estos días algunos prestigiosos periódicos como el New York Times, podría llegar incluso antes de lo previsto para estos desarrollos científicos.

Es indudable que los ciudadanos de todas las latitudes están ansiosos por retornar a esa “nueva normalidad” que se avecina, pero lo cierto es que si hay algo claro que ha quedado en evidencia en el marco de esta pandemia es que la situación amerita no tomar decisiones apresuradas ni impulsivas. Ello se paga, nada más ni nada menos, que con vidas humanas.

No debería perderse de vista que hasta hace no tantas semanas el debate en el mundo era si entrar o no a una cuarentena total. Como es sabido, algunos presidentes tomaron decisiones envueltos en un controversial letargo que puso en riesgo la salud y la vida de millones de personas. El ejemplo más cercano de esto en la región, es la irresponsabilidad del presidente brasilero, Jair Bolsonaro, quien haciéndose eco de las declaraciones de Donald Trump negó sistemáticamente los nocivos efectos de la pandemia, alentando, incluso, a que sus ciudadanos no dejasen de salir a las calles. Hoy Brasil es el segundo país en el mundo con más contagios de Covid-19, superado sólo por Estados Unidos, y el sexto país en el mundo con más muertes (más de 21 mil).

La salida de la cuarentena

En los últimos días ha comenzado a tomar fuerza en el mundo la idea y, ciertamente, la necesidad, de salir progresivamente de las medidas restrictivas que implicaba la estrategia de aislamiento total. Algunos países europeos han comenzado a desandar este camino, teniendo dos factores como aliados. Por un lado, ya han superado el pico de contagio, dado que la evolución del virus en aquellas latitudes está temporalmente desfasado del hemisferio sur. Por otro lado, Europa comienza su camino estacional hacia el verano, con lo cual, las cálidas temperaturas reducirán los cuadros de enfermedades respiratorias, gripe, resfríos y otros fenómenos que aumentan la exposición al virus.

Para el hemisferio sur en general, y Latinoamérica en particular, la situación es inversa. Las autoridades de los países alertan que aún no se ha alcanzado el pico de contagios y como si esto fuera poco, en pocas semanas comenzarán a llegar las temperaturas invernales.

En este marco, el propio éxito de la anticipada cuarentena argentina parece por momentos conspirar contra la propia sostenibilidad en el tiempo de las necesarias medidas preventivas frente a la llegada del invierno y el tan temido “pico”. Es indudable que esta calamidad no durará por siempre, aunque la ansiedad y la angustia por momentos nos impida ver la luz al final del túnel. En algún momento, los argentinos retomaremos una cotidianeidad, llamada por algunos “nueva normalidad”. La incógnita, además de “cuándo”, es “cómo” saldremos de la cuarentena.

Los electores reconocen que hasta ahora el Gobierno se ha desempeñado de una forma correcta. En la mayoría de los relevamientos de opinión pública la aprobación a la gestión y la imagen del Presidente evidencian tendencias positivas con muy pocos antecedentes. No hay dudas de que muchos de los líderes políticos en funciones de gobierno en nuestro país han logrado revertir una negativa percepción acumulada en las últimas décadas y que la sociedad percibe como positivo el diálogo y la cooperación entre gobernantes de distintos signos políticos. La coordinación y el trabajo en equipo son, en este sentido, dos elementos imprescindibles con los cuales se entró y estableció la cuarentena.

Es indudable que si bien un conjunto amplio de dirigentes sigue firme con dicha convicción de ponderar el diálogo y la coordinación para salvaguardar la salud de la población, hay otro conjunto de dirigentes de la oposición que no están comprometidos con ello.

La responsabilidad no es de un presidente; es de todos

Una de las ingeniosas formas a las que acudían en el mundo antiguo para pensar y reflexionar era de la mano de las fábulas. Entre todas ellas, existe una que bien podría aplicarse a nuestro contexto de crisis, por lo que sería apropiado detenerse en ella.

En la orilla de un río, un escorpión le pide a una rana que lo lleve nadando en su espalda hacia la otra orilla. La rana, alertada por su intuición, se niega a hacerlo respondiéndole que la picaría con su aguijón. El escorpión, insistiendo en su deseo, le dijo que, si cruzando el río, él osase con picarla, ambos morirían, ya que no estaba en su naturaleza saber nadar. Persuadida por las palabras del escorpión, la rana se aventuró a cumplirle su deseo y emprendió el nado. Sin embargo, al llegar a la mitad del trayecto, el batracio sintió un agudo pinchazo sobre su lomo; el escorpión la había picado. Confundida y agonizando, la rana le preguntó por qué lo había hecho, siendo que ahora él también moriría. El escorpión, sin dudarlo le contestó: “No tengo elección, está en mi naturaleza”.

Si bien son múltiples las interpretaciones que esta conocida fábula de la rana y el escorpión ha tenido a lo largo de su historia, una nos parece particularmente atinada para este tiempo que nos toca vivir. La naturaleza en nosotros es una fuerza muy influyente. Hacer lo que nuestro impulso, deseo o costumbre nos dicta, es una pulsión casi irresistible. Sin embargo, este tiempo nos desafía a pensar. La mayoría de las personas –incluyendo al Presidente- es consciente de que la cuarentena no es sólo gravosa para la economía, sino también para la actividad social, deportiva, y cultural. Al mismo tiempo, es evidente que el país no atraviesa –desde hace ya varios años- un buen pasar económico. Sin embargo, es lícito detenerse a pensar: ¿cuáles son los riesgos de la apertura indiscriminada y de salir masivamente a las calles en este momento? Para remitirnos a la fábula, ¿qué ocurrirá si, siguiendo nuestros irrefrenables deseos, picamos a la rana?

La crisis no ha terminado. Los argentinos tenemos la oportunidad de seguir haciendo lo que hasta aquí se hizo correctamente: trabajar juntos. Es evidente que de esta situación no saldremos por el mérito de una sola persona. Es necesario que oficialismo y oposición; gobierno nacional, gobiernos provinciales y locales; líderes y electores, entendamos hacia dónde estamos yendo, cuáles son los riesgos de no seguir ese camino y comprometernos con lo que resta para salir de la larga cuarentena más fortalecidos como sociedad.

*Sociólogo, consultor político y autor de “Comunicar lo local” (Parmenia, 2019).


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