A la mayoría de los presidentes argentinos les tocó lidiar con contextos adversos. Sin embargo, pocos acontecimientos en esta Argentina siempre vertiginosa se caracterizaron por su imprevisibilidad y escala mundial como la actual pandemia del Covid-19 que le toca enfrentar a Alberto Fernández.

Lo cierto es que el desafío de gobernar en una crisis como la que vivimos no involucra solo al líder de los ejecutivos nacionales o a sus pares provinciales y municipales, sino que todo el arco de la oposición no gobernante está siendo también interpelado y llamado a aportar lo suyo. Esta advertencia es, sin duda, importante para quienes sueñan con salir mejor posicionados y fortalecidos –en términos de imagen pública- de esta situación de crisis. Los dirigentes no deberían, en este contexto, perder de vista que los electores están evaluando atentos a quienes logran dejar de lado especulaciones y mezquindades para trabajar en equipo, a quienes son claros y transparentes en sus mensajes, expeditivos para la toma de decisiones y, sobre todo, a quienes logran un resultado efectivo a partir de sus acciones.

Oposición gobernando

Con la democracia dando sus primeros pasos tras la campaña electoral de 1983, Raúl Baglini, quien por entonces era diputado nacional por el radicalismo, enunció un teorema que ya alcanzado el estatus de clásico sobre el comportamiento político en relación a la cercanía o distancia respecto al poder. En pocas palabras, Baglini señaló que cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son las propuestas y actitudes de los políticos.

No hay dudas de que la profundidad y alcance de la crisis obliga a repensar los roles de líderes y gobiernos. Esto no sólo alcanza a quienes tienen responsabilidades de gobernar en los diversos niveles del Estado, sino también a la oposición.

Estos 50 días de un inusitado escenario político en una Argentina atípica evidenciaron cuan vigente está el teorema formulado por el experimentado ex legislador mendocino, sobre todo en determinados sectores de Juntos por el Cambio.

Mientras algunos líderes del ex oficialismo nacional se esmeran por alentar manifestaciones de descontento, reacciones enfurecidas por una situación extrema y reanimar falsas dicotomías como la que enfrenta la economía con la salud, otros líderes de la oposición priorizan la gobernabilidad y la moderación, tanto en sus territorios como del conjunto de la Nación. Este es sin duda el caso de Horacio Rodríguez Larreta, quien en las últimas horas ha sido blanco de ataques y cuestionamientos tanto de propios como de ajenos.

Hace unos pocos días, desde la Quinta de Olivos se anunció que el país comenzaba una nueva etapa de cuarentena, probablamente como escala previa a la tan ansiada vuelta a la (nueva) normalidad. Sin embargo, en función de que el epicentro de la crisis se concentra en las inmediaciones de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, Fernández anunció la continuidad de la fase anterior de la cuarentena en el AMBA, involucrando con ello el aval tanto del gobernador bonaerense como del Jefe de gobierno porteño.

Sin embargo, el anuncio no fue tomado de la misma manera por estos dos gobernantes. En el conurbano los intendentes insisten en el aislamiento social para evitar una tragedia, suscitando el apoyo de Kicillof, quien optó por flexibilizar la cuarentena sólo en localidades alejadas a los primeros cordones más densamente poblados del AMBA. Sin embargo, en la Ciudad de Buenos Aires una -para muchos inesperada- decisión de permitir una mayor apertura comercial y por ende un aumento de circulación, avivó las críticas de los intendentes vecinos del Frente de Todos, temerosos de que un desborde en la Ciudad pueda desbordar el límite de la Avenida General Paz.

Para muchos analistas esta decisión de mantener la recomendación de una circulación restringida pero a su vez permitir la apertura de determinados comercios no esenciales –vista por muchos como contradictoria- remite a presiones tanto del espacio político de Juntos por el Cambio como desde el Frente de Todos. En este sentido Larreta está caminando como un equilibrista, balanceándose entre ambos espacios políticos, oyendo algunas voces de su propio espacio que le reclaman más firmeza frente al gobierno, pero trabajando en conjunto con los otros.

Da la sensación de que, aun con algunas tribulaciones, la gestión prima, y el jefe de gobierno prioriza su relación con el gobierno nacional en este delicado contexto de crisis. En otras palabras, no olvida su papel como oposición, pero enfatiza su rol como gobernante.

Lo que la crisis nos dejó: ¿una nueva oposición?

A la opinión publica aun le resulta sorprendente ver una foto en donde se conjuguen los esfuerzos de un gobierno nacional y un gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de signo opuesto. Este es quizás uno de los signos más marcados de un nuevo tiempo en la Argentina. El gobierno de Fernández inauguró la posibilidad de achicar las distancias que calaban en la grieta. Una realidad que era impensada en el gobierno de la ex presidenta Cristina Kirchner o del ex presidente Mauricio Macri, hoy está funcionando.

Este complejo momento encuentra a los dos antagonismos que marcaron los últimos 10 años de la política criolla, jugando en equipo. El éxito de Alberto Fernández está en consolidar su liderazgo frente al kirchnerismo más duro, pero también frente a una oposición más dialoguista, más pragmática y con prioridades de gobierno. Una oposición que cabe remarcar, no existió durante el kirchnerismo, pero tampoco durante el macrismo.

Hoy Nación y Ciudad, oficialismo y oposición, están mancomunando esfuerzos en medio de una crisis global. Al evidente interrogante sobre como se dirimirá en el país la crisis del coronavirus, se le suma el del futuro de la grieta, una vez que la crisis haya concluido.

No sólo la crisis parece hermanar a Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta: de su éxito y capacidad de liderazgo -hacia afuera y hacia adentro de sus propios espacios- en estos tiempos aciagos no sólo depende el manejo de la crisis sanitaria y económica que atravesamos, sino también que los argentinos podamos dejar la grieta definitivamente atrás para inaugurar el camino hacia un país normal.

*Sociólogo, consultor político y autor de “Comunicar lo local” (Parmenia, 2019)