De todos los problemas que hay me concentraré en las pymes. No quito la importancia de otros temas, ya que hasta las donaciones de sangre se redujeron.

Las primeras reacciones del Gobierno fueron proteger el nivel de salario y empleo… de los que lo tienen. Sin embargo, eso debilitó extraordinariamente a empresas que no tienen ventas ya que no tienen recursos. Es imposible pagar gastos si no hay ingresos. La solución de los créditos es un salvavidas desinflado, ya que no es bueno endeudarse para gastos corrientes.

La cadena de pagos sufrió un grave shock inicial, ya sea por falta de fondos o simplemente falta de clearing. En Argentina el cheque es un instrumento de crédito, además de un instrumento de pago. Generalizar el uso de cheque electrónico algo mejora. Los proveedores están refinanciando continuamente a sus clientes, porque si no los pierden. Pero en algún momento esa posibilidad se evapora. Por algo siempre hay tanto temor a un corte en la cadena de pagos. Hay una gran “solidaridad” entre empresas que extienden los plazos porque saben que si el cliente sobrevive algún día pagará. Si no tiene los recursos para pagar ahora de nada sirve exigirle. Lo mismo con alquileres, logística, etcétera. Todos están en el mismo problema, todos tienen que atarse las zapatillas mientras están corriendo.

Dos tercios de las pymes han solicitado ayuda de diversas maneras, y no todas lo han recibido. La destrucción de capital es de todo tipo: no es solamente menos dinero en el banco (¡pocas pymes lo tenían!) sino que se desarma el “alma” de la pyme. Su razón de ser es encontrar un producto o servicio que alguien necesite, brindarlo lo mejor que pueda y así pagar todos sus gastos: alquileres, insumos, salarios e impuestos. Hoy muchos no pueden hacerlo porque no pueden tener su actividad funcionando o algún proveedor suyo no puede entregar. Las pymes deben preservar “cómo” se hace el producto. El fondo de la cuestión es que la organización sepa hacer algo y tenga a quien venderlo…¡y cobrarlo! Las personas deben entender lo que hacen y por qué lo hacen, no se puede perder el know-how. Cambiar procesos cuesta plata y reentrenar es difícil.

Para evitar embargos, convocatorias y APEs los contadores y abogados están trabajando a full. Estamos en una situación tan absurda que muchas pymes comienzan a crear otra razón social porque la actual no podrá sobrevivir. La nueva nacerá de las cenizas, sin respetar contratos anteriores y con menos obligaciones. ¿Es eso lo que queremos? Quedarán entonces personal y proveedores sin pagar (tampoco bancos ni impuestos).

Tanta rigidez normativa y restricciones impuestas durante la cuarentena mostraron un gran desconocimiento de cómo funcionan las empresas. Se decretó preservar salarios y empleos a pesar de ventas cero, pero manteniendo impuestos y otros costos. La realidad se impuso y afortunadamente AFIP y otros están flexibilizando los vencimientos…que de todas maneras no se estaban pagando. Es indispensable que se permita la mayor flexibilidad posible a las empresas, para atender otro público, vender otro producto, atender de otra forma. En una palabra, poder reconvertirse si es necesario para sobrevivir. De nuevo, las pymes están tratando de atarse las zapatillas mientras siguen corriendo.

El Gobierno debe fomentar la máxima flexibilidad, no impedirla. Los Ministerios de Trabajo y de Producción tienen que tener otra forma de ver el nuevo mundo. Ellos son los árbitros en el medio de esta carrera.

Debemos entender que sin empresa no hay trabajadores, y sin trabajadores no hay empresa, ya que son los clientes de otras empresas. Sin trabajadores o empresas no hay quien pague los impuestos del Estado.

La autora es economista de la UCEMA