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Nuestra gente está sufriendo demasiado. El impacto negativo que está causando la propagación del coronavirus sobre la economía de los principales países del mundo es muy importante. Estiman que la contracción económica mundial este año podría ser similar a la registrada durante el crack del ’29. Esto ya se siente fuertemente en nuestro país, que enfrenta una situación económica compleja desde hace una década. El dramatismo del momento exige a la política dar lo mejor de sí para generar las condiciones de un nuevo comienzo, para millones de argentinos que necesitan renovar sus aspiraciones de un futuro próspero y en paz.

Empecemos por la economía. Si bien es cierto que siempre se puede estar peor, en general las crisis económicas representan para los países una excelente oportunidad para realizar las reformas estructurales que la economía necesita, para poder avanzar bajo un esquema de sustentabilidad macroeconómica en una senda de crecimiento sostenido. Es necesario comenzar a analizar la forma en que nos prepararemos para que la economía empiece a transitar el período post pandemia sobre bases más sólidas y sustentables. Un relevamiento de todos los indicadores termina demostrando que la economía argentina tuvo a lo largo de los años crecimientos erráticos, con altas tasas de inflación, déficit fiscal crónico, en el marco de baja productividad del Estado y alta presión impositiva. Todo lo cual terminó generando aumento de la pobreza y mayor desigualdad en la distribución de los ingresos. En resumen, cada vez gastamos más, pero eso no se traduce en más y mejor seguridad, salud, educación ni seguridad social, y al mismo tiempo se paga cada vez más impuestos. Estos déficits fiscales se terminaron financiando ya sea con emisión monetaria, que significó cada vez más inflación, o a través del aumento del endeudamiento externo, que recurrentemente terminó en procesos de renegociación de pasivos. Tras la emergencia de la pandemia, que requiere medidas excepcionales, debemos abocarnos a resolver esta situación para no seguir conviviendo con la inflación o el endeudamiento.

Para salir de este encierro es imprescindible avanzar en dos aspectos. Por un lado: mejorar la productividad del Estado dentro de un patrón de mayor eficiencia de las erogaciones. En este sentido, particular relevancia toma mejorar sustancialmente la calidad y la cobertura de la educación y la salud pública. Por otro, establecer un sistema tributario más eficiente, combatiendo al mismo tiempo la evasión impositiva para que la carga tributaria se distribuya de forma más equitativa entre toda la población.

Nos debemos también consolidar reformas ciudadanas que garanticen el libre acceso a la información pública y más transparencia en la gestión del Estado. Los políticos tenemos que dar el ejemplo: crear un vínculo saludable con empresarios y trabajadores, basado en la honestidad y en la austeridad del manejo de los fondos de los contribuyentes. Y hacia nuestro ecosistema de partidos, discutir y negociar de buena fe, cada uno sosteniendo sus ideas, pero abiertos a los acuerdos. Un compromiso de los dirigentes en desterrar de la política las posiciones irreductibles puede ser un aporte significativo en ese sentido.

Puede sonar demasiado ingenuo un planteo así en medio de una pandemia, cuando hay cuestiones urgentes que resolver. Pero si la muy magra década de desempeño económico desde el regreso de la democracia estuvo asociada al enfrentamiento entre sus dirigentes, es importante hacer esta convocatoria a que podamos trazar un camino con políticas públicas sostenibles en el tiempo. Porque nuestra gente ya sufrió demasiado.

El autor fue secretario de Asuntos Políticos e Institucionales de la Nación (2015-2019)