Alberto Fernández y Martín Guzmán, el fin de semana pasado en Olivos
Alberto Fernández y Martín Guzmán, el fin de semana pasado en Olivos

Una vez más los argentinos afrontamos y debemos confrontar con los bonistas extranjeros que adquirieron la deuda por nosotros emitida. Un simple y superficial análisis nos indicaría que debemos honrar nuestros compromisos y pagar todo lo que inicialmente se comprometió.

Ahora bien, debemos hacer un análisis también simple, sintético y cierto: gran parte de la actual deuda en negociación la contrajo la administración del presidente Mauricio Macri, en su momento muchas fueron las voces (entre ellas la nuestra) que se levantaron en contra de contraer más deuda externa, dado a que no existía ningún plan de inversión de los fondos pedidos. Muy por el contrario, estaban destinados a continuar financiando a un Estado deficitario por el desorden de todas las variables económicas y financieras.

Los bonistas tenían pleno conocimiento de a quiénes les estaban prestando, ya que teníamos una larga tradición de deudores crónicos y defaulteadores seriales

Estos hechos se conocían aquí y desde luego en el exterior. Y con mayor detalle y precisión por los fondos tomadores de los títulos emitidos por la Argentinas. Entonces, si conocían el destino final de sus préstamos y continuaron prestando, ¿qué motivó este proceder? En principio, porque pagábamos tasas de interés que nadie en el mundo pagaba. Las consecuencias de este proceder terminó conociéndose y provocando una crisis como la que hoy padecemos.

Los bonistas tenían pleno conocimiento de a quiénes les estaban prestando, ya que teníamos una larga tradición de deudores crónicos y defaulteadores seriales. Ahora todos estamos en el mismo problema, deudores y acreedores, todos tenemos culpas compartidas, todos teníamos conocimiento del juego en el que participábamos y todos sabíamos sus consecuencias y a que atenernos. Pero se sumó un hecho imprevisible y desconocido: una pandemia que nos descoloca por sus consecuencias (exceptuado lo estrictamente referente a la salud) en lo económico, financiero, laboral y social. Con una magnitud por nadie sospechada.

En su momento muchas fueron las voces (entre ellas la nuestra) que se levantaron en contra de contraer más deuda externa, dado a que no existía ningún plan de inversión de los fondos pedidos

El partido tomó otra dimensión. Muchos son ahora los países que se encuentran en crisis similares a la nuestra, y que de prolongarse en el tiempo y alcance esta pandemia, esos contextos se pueden potenciar. Es decir, por la gravedad del problema, muchos prestamistas podrían verse obligados a rever sus rígidas posturas.

En definitiva, estamos asistiendo a un negocio que en su origen fue muy dudoso. Hay responsabilidades compartidas, tanto de deudores como acreedores, nadie lo duda. Ambos debemos asumirlo. Como bien decía Shakespeare, ”lo que no es posible evitar, tenemos que aceptarlo”.

El presidente Alberto Fernández parece dispuesto a consensuar en el marco de lo justo, equitativo y siempre dentro de nuestras reales posibilidades de pago. Nuestros acreedores deben tomar conciencia de que el coronavirus genera y nos enfrenta a una nueva realidad: están feneciendo algunas estructuras económicas y hábitos sociales en todo el mundo, y nos encaminamos a nuevos destinos. Más justos y solidarios.

El autor es presidente de IADER