Presos libres: no es el virus, son valores

Estas varado en alguna parte del país o del mundo, pero no podés volver.

Él violó y hoy puede volver a su casa a tomar mates, probablemente con sus víctimas como vecinas.

Tu negocio que tanto te costó construir, sin un mango del Estado, hoy está en coma. Mirás a tu familia y no sabés cómo llegar a fin de mes.

Pero él, femicida, hoy es prioridad en tu país. El Gobierno despliega un operativo para que pueda volver a estar cómodo en su casa.

Trabajas en un hospital, todos te aplauden pero no te bajan los insumos mínimos para cuidarte.

Pero él, asesino condenado, puede respirar el mismo aire que vos, descansar y pasear por su barrio que quizás sea, lamentablemente, el mismo que el tuyo.

No, no se trata del virus. Son valores. O los tenés bien puestos. O los tenés podridos. Y gran parte de nuestra política y nuestra Justicia los tiene destrozados hace tiempo.

Es hora de que despertemos. Estos tipos toman decisiones sobre tu vida, te piden esfuerzos, te cuentan cómo te tenés que portar, definen quien merece sufrir y quien no. Y ahí siguen. Hace 30 años igual. Cambiando de partidos como quien cambia de remeras. Como si eso les diera una nueva licencia para arruinarnos una vez más. Avalando injusticias con sus acciones o con su silencio cómplice.

Esos que dicen que des siempre un poquito mas, pero ellos no se pueden bajar sus sueldos que arrancan en $150.000 porque ahora están “laburando mucho”. Los mismos que se pueden tomar 45 días de vacaciones al año (pagas y oficiales), no sabes nunca bien que hacen y después bajan un martillo y te quieren dar clases de lo que esta bien y lo que está mal. Hoy largan miles de delincuentes, asesinos y femicidas para que vuelvan a vivir cerca de tu casa, total las casas de ellos están custodiadas o cercadas.

Están ahí para trabajar para la gente. ¿En que momento se creyeron que podían autogobernarse como una casta? ¿Quién se creen que son?

Basta de esconder la miseria humana y el desprecio hacia otros con tecnicismos, palabras lindas, pañuelitos, épicas y sloganes berretas. La épica hoy es cuidar al que labura, al que genera empleo, y al que lo necesita, se esfuerza y no encuentra la forma.

Por eso me metí en esto. Para pelearla desde adentro. Cansada de ver lo mismo de siempre. Sin otra preparación que saber que tengo los valores bien puestos. Sé que, pase lo que pase, puedo mirar a mis hijos a los ojos. Consciente de mis aciertos y mis errores.

No me metí en la política para ganar un carguito o satisfacer como un perrito faldero los deseos de un liderazgo cobarde, berreta y cruel como hoy abundan en nuestro país.

De chica aprendí que antes de cualquier ideología están las personas. Que justicia es cuidar a las víctimas y castigar al victimario. Que quien se equivoca, paga. Y que los vulnerables a los que hay que ayudar son aquellos que quieren progresar pero no pueden.

Hagamos que esta crisis que estamos viviendo sirva para que terminemos de abrir los ojos y actuemos. No esperemos a que algo cambie si lo que cambia a través de los años son solo las caras. Es hora de que ese cambio le llegue al sistema.

Empecemos cuando esto termine con una reforma política y judicial urgente. Para quitarles uno por uno los privilegios. Menor poder para ellos. Más democracia. Más poder para vos. Mas libertad.

Y a vos. Si sos juez. Si sos un político con poder para decidir en este asunto. Pensá un rato en la cara de Ángeles, de Chiara, de Brenda, de Matías, de sus madres y padres. Y paren esta locura. Porque ante la injustica el silencio es cómplice. Porque de avanzar, millones de argentinos vamos a hacerles sentir nuestra voz y hacer que se arrepientan del paso que están dando.