Foto de archivo ilustrativa de la Ciudad de Buenos Aires en medio de la cuarentena por el coronavirus. Mar 21, 2020. REUTERS/Matias Baglietto
Foto de archivo ilustrativa de la Ciudad de Buenos Aires en medio de la cuarentena por el coronavirus. Mar 21, 2020. REUTERS/Matias Baglietto

Comenzamos a transitar días claves, los más cruciales, los más determinantes del aislamiento. Son estas las horas en donde surgen las dudas, los minutos en los que aflojamos nuestros reparos y por decantación natural, por los medios que tenemos, escasos pero de rápida e instantánea circulación, los expresamos. Algunas conversaciones cambian de matiz y van perdiendo ese freno natural que imponen las grandes crisis.

En los medios de comunicación ocurre lo mismo. Las críticas surgen, de a poco, pero consistentemente. En algunos casos con más énfasis político partidario que en clave política, una sutileza no menor, que en la crucialidad del momento, separa el interés particular del general.

Al comienzo del camino se tenían dudas acerca de si una medida de esta dimensión era posible en una sociedad democrática, porque nuestro país no es China. Y China, mal que les pese a los que se maravillan con su crecimiento, su potencia industrial, sus avances tecnológicos y su milenaria cultura, extraordinaria por cierto, no lo es. En regímenes de ese estilo se prefieren las cosas más que las personas, los privilegios de alguna casta sobre los derechos de las mayorías, una sociedad con bozal a la audacia de la libertad. Siempre es más fácil restringir dado que el entrenamiento para ello es impuesto no acordado. Alejandro Katz, ensayista y editor, lo explicaba muy bien en la entrevista que le realizó Pablo Sirven hace unos días en el diario La Nación: “…el autoritario tiene ventaja para ejercer el poder, pero también déficit. No nos olvidemos que se conoció la existencia del virus un mes y medio antes de que impusiera la cuarentena en la provincia de origen y que los periodistas y científicos que lo informaron fueron censurados y perseguidos. Quizá otro sería el escenario que vivimos si esto no hubiese ocurrido…”.

Por eso es vital conservar el espíritu democrático, el amor al debate, la pasión discutidora y por la polémica que tenemos como sociedad, sin perder de vista el contexto, sin olvidarnos donde estamos parados, sin ignorar que transitamos arenas movedizas. Hay países que son espejo de lo que podría ocurrirnos si nos relajamos, si nos descuidamos, si vale más, en estos días, nuestro hastío individual que la promesa colectiva de una salida. La sociedad civil, es decir nosotros y nosotras, es más esencial ahora, que hace quince días. Nuestras micro decisiones individuales, salir o no salir de nuestros hogares, acaparar o comprar lo necesario para alimentarnos, construyen el éxito en la emergencia. Recurso que se distrae en el infractor, se pierde y no se recupera. Tan sencillo como elocuente.

Es imprescindible que los que estemos en casas, departamentos, campos, quintas, chacras, pensiones, conversemos, hablemos de lo que sentimos, descarguemos, expresemos nuestros pesares o dudas, tengamos los momentos necesarios para dialogar sobre nuestras emociones. Recordando siempre el estado del planeta y de nuestro país dentro de él. Habitamos en un laboratorio social, nuestra especie es gregaria por naturaleza y ahora está obligada a estar confinada. “…vivimos una experiencia inédita para nuestra generación y todas las que nos precedieron, la experiencia del aislamiento colectivo…”, sigue explicando Katz. Es importante ser consciente de ello, dado que no hay recetas probadas para su tránsito, la solución se construye en la propia experiencia.

“Algo cansado, algo agobiado por la responsabilidad, soportando muchas pálidas pero tratando de no aflojar…”, le decía a este diario un funcionario local dedicado cien por cien a que las cosas salgan bien, en la primera línea de combate contra este enemigo invisible, comiendo rápido y poco, mirando su casa desde la vereda, sin tiempo para relajar, en tensión y con escaso espacio para charlar de lo que le pasa. No es el único. Hay muchos y muchas, con pocos segundos para hastiarse, las horas no les alcanzan para preparar todo. Los minutos son breves, parecen durar menos, para cuidarnos.

Con incertidumbre y con luces de alarma económicas y sociales que también se encienden y preocupan para lo que viene, debemos ser lo más constructivos posibles, poniendo toda nuestra energía y conciencia en la eficacia social de cada cosa que decidamos hacer, decir y publicar. Estamos a mitad de camino pero en movimiento. Unidos.

El autor es periodista de La voz del pueblo, Tres Arroyos