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El PEN ha afrontado con energía y decisión la pandemia del COVID-19 acompañado por gobernadores y oposición. Con los dramáticos sucesos acontecidos en Europa se restringió la circulación de las personas, lo que obliga a éstas a quedarse en casa. Por ello, la infraestructura digital se vuelve absolutamente esencial para la educación, la salud y el trabajo, entre otras cuestiones.

Corea del Sur ha desarrollado aplicaciones para hacer un seguimiento de los casos sospechosos, sus contactos, o los ingresados al país provenientes de zonas de riesgo.

Usando big data se pone en conocimiento de la población zonas por las que han circulado personas contagiadas para que los que hayan podido estar ahí tomen las prevenciones del caso. Ello requiere de una infraestructura de redes tic de amplia cobertura y calidad.

Si la mayoría de la gente se queda en el hogar se sustituyen los encuentros presenciales por virtuales y aumentan las actividades de ocio a través de internet, lo que sube el consumo de datos. Cambios significativos en su distribución y volumen pueden causar congestiones en redes diseñadas para tiempos normales.

Los primeros datos disponibles hablan de un incremento del tráfico del 25% tanto en redes móviles como fijas, pero la cuarentena recién empezó. Por ahora no se han notado mayores problemas, sin embargo hay que prepararse para que esa cifra pueda aumentar significativamente si se repite lo sucedido en otros países (En general se notan incrementos del orden del 40% y en Italia uno de los operadores vio una suba del 90% de su tráfico respecto al de enero de 2019. Speedtest está mostrando incrementos mayores en las redes fijas y móviles a partir del 2 de marzo del orden del 50% y 15% respectivamente como promedio mundial de países seleccionados. Se nota también una constante caída de la calidad pero sin que ello afecte sensiblemente los servicios).

Por cuestiones técnicas y comerciales el análisis debe distinguir entre redes fijas y móviles. Hay que tener presente que al estar la gente en su casa tráfico que se cursa por un terminal móvil se descarga en aquéllas; que el acceso a través de redes móviles es el único para muchos sectores y que en muchos casos las redes fijas, todavía sobre cobre, tienen capacidades de transmisión limitadas, por lo que en esos casos el uso del móvil, aún en el hogar, será mayor.

Contar con la evolución diaria de los patrones de tráfico y congestión es fundamental para identificar puntualmente los problemas y actuar ellos. Aplanar la curva de consumo (como la de contagios) es la medida más efectiva en la coyuntura. Se puede descargar programación en horas de valle para consumir cuando se desee o desplazar ese consumo al valle. Ello incluso puede incentivarse comercialmente. En las teleconferencias se puede evitar el uso de la imagen si no es necesario, ocupando menos “espacio” en la red. La reducción en la calidad de los servicios de “streaming” a definición estándar también es un aporte significativo, como ya lo han hecho algunos OTT.

No alentar el consumo en redes móviles resulta razonable. Un aporte necesario que ya han hecho las empresas es que aplicaciones educativas no consuman datos, pero no debería incentivarse el consumo regalando gigas, no al menos en las horas pico.

Si las soluciones voluntarias no alcanzan, siempre está el recurso de priorizar el tipo de tráfico (la neutralidad de la red de la que nadie ha hecho culto en épocas normales debe ceder en la emergencia). El tráfico de sectores críticos debe prevalecer por sobre el del entretenimiento.

También en materia de infraestructura tic hay que evaluar y disponer medidas de excepción si fuera el caso. Existe espectro disponible para redes móviles que puede ser desplegado de forma rápida aprovechando radiobases ya instaladas. Ello no es inmediato por cuestiones técnicas por lo que en previsión de que esta situación perdure las decisiones deberían evaluarse y adoptarse con tiempo. Asimismo las limitaciones municipales al despliegue de redes y sus trámites asociados (salvo por la protección del patrimonio urbano o histórico) debieran ser temporariamente dejadas de lado para resolver problemas puntuales de infraestructura y su regularización tener lugar posteriormente.

Hay que conectar a los no conectados. Existen soluciones como el uso de los espacios en blanco de la TV (TVWS) que podrían llevar conectividad a áreas de baja densidad poblacional. Se trata de autorizar el uso de un canal de espectro radioeléctrico a título secundario (de los muchos que hay) no ocupados por la TV. En la emergencia debería permitirse a cualquier interesado atender áreas sin servicio, regularizando luego esa situación.

En la coyuntura hay que ampliar el uso de los fondos del servicio universal no solo para redes sino para equipamiento de pymes (incluyendo espacio en la nube) que permita garantizar la prestación de servicios y producción. A la par hay que asegurar el acceso a los servicios de emergencia y educativos a todos manteniéndolos aún a falta de pago o crédito (ya se ha avanzado en esto). ARSAT debería concentrar su actividad en áreas no servidas y asistir de ser necesario con conectividad troncal a precios preferenciales.

Pasada la emergencia quedarán sus secuelas económicas que también habrá que atender. Si bien las soluciones provendrán de la macroeconomía, habrá que revisar cuestiones en el sector para atender a la continuidad de muchos prestadores de servicios y la necesidad de inversión en las redes en la que todavía mucho nos falta, pese a que hayan respondido bien hasta el momento. Pero además seguramente muchos hábitos incorporados en estos tiempos (como el teletrabajo y su correlato de videoconferencias) se mantendrán y exigirán mayores anchos de banda. Ya no se podrá apelar a la buena voluntad de los usuarios o a medidas de coerción y excepción propias de la emergencia. Redes de gran capacidad, cobertura y baja latencia cada día serán más necesarias, sobre todo para la productividad de nuestra economía y ello será el resultado de buenas políticas públicas y no de buenos deseos ni de la proclamación de derechos.

Es de esperar que esta emergencia que nos ha encontrado a todos los argentinos muy unidos sirva para trasladar ese espíritu a la búsqueda de las soluciones que nos saquen definitivamente de la emergencia constante en la que vivimos y de la pobreza estructural en que está más de un tercio de nuestros compatriotas hace ya muchos años.

Abogado UBA. Magister en Derecho Administrativo Universidad Austral. Socio de Pinedo & Huici. Ex secretario de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones