Coronavirus: la importancia de reaccionar a tiempo

@RGarciaMoritan
Un verdulero trabajando durante la pandemia (REUTERS/Agustin Marcarian)
Un verdulero trabajando durante la pandemia (REUTERS/Agustin Marcarian)

La diplomacia de la salud adquiere relevancia en las actuales circunstancias globales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) son ejemplos concretos en ese sentido, como lo es la diplomacia multilateral, que, desde hace tiempo, advierten sobre los riesgos de una urgencia sanitaria mundial y la necesidad de adoptar medidas preventivas urgentes. Naciones Unidas, en particular en la Cumbre de la ONU de cobertura sanitaria global, adoptó una declaración histórica que reconoce, entre otras cuestiones, la necesidad de mayor cooperación internacional para poder responder a brotes de enfermedades infecciosas. También lo hizo el G20 en la Cumbre de Osaka. Dos décadas antes, en Abuya en el 2000, 189 miembros de las Naciones Unidas habían recomendado destinar el 15% del presupuesto a mejorar la sanidad para estar en condiciones de responder a una pandemia. En general ningún país cumplió con ese objetivo.

La financiación habría sido el escollo principal para avanzar en medidas preventivas globales a pesar de que en 2019, en la última Asamblea de la ONU, un grupo de expertos de la OMS y el Banco Mundial, integrantes del The Global Preparedness Monitoring Board (GPMB), como consecuencia de la epidemia del Ébola en África subsahariana (2014 al 2016) y la pandemia de influenza del 2009, destacaron que en un mundo interdependiente había que prepararse para lo peor y que ningún país podría estar ajeno a las consecuencias más nefastas. El informe (disponible en internet), coordinado por la ex primera ministra de Noruega y ex directora general de la OMS, Harlem Brundtland, advertía que el planeta no estaba en condiciones de resistir una pandemia letal. Preanunciaba un riesgo que podría afectar entre 50 y 80 millones de personas y reducir la economía mundial en un 5%.

El GPMB destacaba que los esfuerzos de la comunidad internacional hoy son insuficientes y que una pandemia desencadenaría inseguridad e inestabilidad generalizada. El informe identificaba siete medidas para prepararse ante una emergencia sanitaria global. Destacaron, por ejemplo, que los gobiernos deben comprometerse a invertir en prevención. Recomendaba que los Estados actuaran con celeridad ante un brote epidémico compartiendo información y que la ONU debería coordinar esa cooperación. También indicaron que todos los países deben construir sistemas sólidos de salud y que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial deben redoblar esfuerzos para mitigar los efectos económicos de una pandemia.

El alcance del coronavirus deja en evidencia que las advertencias de médicos y de diplomáticos especializados no se escucharon a tiempo. Cuando el Ébola devastó África, las consecuencias podrían haber sido menores si se hubiese reaccionado a tiempo. Las principales economías del mundo miraron para otro lado quizás por ser el epicentro el subdesarrollo. Esperemos que con el Covid-19 nadie esté distraído y la cooperación internacional sirvan para mitigar efectos. La diplomacia debería estar atenta al respecto.

El autor fue vicecanciller de la Nación