El inexplicable olvido de la guerra más sangrienta de América del Sur

Pintura sobre la Guerra de la Triple Alianza
Pintura sobre la Guerra de la Triple Alianza

El domingo 1 de marzo fue un día informativamente intenso: en lo local, el presidente argentino, Alberto Fernández, pronunció su primer discurso anual ante la asamblea legislativa y, en lo regional, asumió el nuevo presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou.

En esta intensidad informativa, nadie recordó que ese mismo día se cumplía un siglo y medio del fin de la Guerra del Paraguay o de la Triple Alianza, que enfrentó durante cinco años, a Argentina, Brasil y Uruguay por un lado y Paraguay por otro.

Fue la guerra más sangrienta que haya habido en América del Sur hasta nuestros días. En esta contienda tuvieron lugar las batallas con más combatientes que se hayan registrado en la región y murió la mayor parte de la población masculina paraguaya.

El enfrentamiento se produjo entre 1865 y 1870 y militarmente tuvo lugar entre las guerras napoleónicas de principios del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial de comienzos del XX. Pero por sus características, masas de infantes que atacaban trincheras, se pareció más a la que tendría lugar medio siglo más tarde.

El fin de la Guerra lo marcó la muerte del presidente del Paraguay, Francisco Solano López, en Cerró Cora, cuando se replegaba combatiendo al frente de los últimos restos de su Ejército, perseguido por Caballería brasileña.

En el siglo XXI, los contendientes de grandes guerras suelen conmemorar a sus muertos en actos comunes.

Cuando en 2018 se conmemoró un siglo del fin de la Primera Guerra Mundial, se realizaron diversas ceremonias y los países que se enfrentaron entonces homenajearon a sus caídos en conjunto.

En mayo de este año, se cumplirán 75 años del fin de la Segundo Guerra Mundial (la toma de Berlín por las fuerzas rusas). Como sucediera con el cincuentenario (1995), los actos incluirán ceremonias conjuntas de los otrora enemigos y en algunos casos hoy adversarios.

La Guerra de la Triple Alianza es un hecho histórico controvertido, como sucede con la mayoría de guerras. Quienes condenan a los tres países aliados sostienen que fue una agresión planificada por Brasil, Argentina y Uruguay, con apoyo e inspiración británica, para aniquilar al Paraguay. Los que defienden a la “Triple Alianza” argumentan que Paraguay tomó la iniciativa, ocupó la provincia brasileña de Mato Grosso como represalia a la intervención en la contienda civil que tenía lugar en Uruguay y ocupó la provincia argentina de Corrientes sin previa declaración de guerra.

En la mirada de hoy, parece inentendible que una guerra con una relación de fuerzas tan adversa al Paraguay haya durado cinco años.

El historiador brasileño, que a fines del siglo XX tuvo un gran suceso con Maldita Guerra, un libro sobre esta guerra, en un diálogo que tuvimos años atrás le pregunté: “¿Paraguay pudo haber ganado la guerra?”. Tras su sorpresa inicial, pensó y respondió: “Creo que sí”.

La supremacía económica y poblacional a comienzos del siglo XXI de los países que integraron “La Triple Alianza” era bastante menor a la de hoy. Militarmente, Paraguay tenía 40.000 hombres en su fuerza militar permanente, Brasil 20.000, Argentina 6.000 y Uruguay 3.000.

Solano López buscó una definición rápida, que desalentara al emperador de Brasil Pedro II de movilizar los recursos nacionales y que provocaría en la Argentina una nueva sublevación de las fuerzas federales, esta vez contra el gobierno nacional de Bartolomé Mitre.

Pero tuvo un grave error de cálculo. La sublevación contra el Presidente argentino no se produjo en 1865 y el Emperador Pedro II se puso al frente del esfuerzo de movilización, trasladándose al teatro de operaciones bélicas al igual que Mitre, quien fue nombrado jefe de las fuerzas aliadas.

La sublevación en Argentina que había esperado el líder paraguayo ocurrió, pero un año y medio después, a fines de 1866. Para ese momento, los ejércitos de la Triple Alianza ya se habían adentrado en Paraguay.

Hace tres años y medio, al cumplirse el sesquicentenario de la batalla de Curupayty -un triunfo paraguayo que provocó 2.000 muertos y 3.000 tanto a Brasil como Argentina en cada caso-, en Buenos Aires se conmemoró el hecho. En un acto conjunto, participaron delegaciones militares de los cuatro países que intervinieron en la guerra. recordando a sus caídos.

Hoy sólo el olvido y el desinterés explica que haya pasado desapercibido que el 1 de marzo de 2020 se cumplieron 150 años del fin de la guerra más sangrienta que haya tenido lugar en América del Sur, en la cual tomaron parte los cuatro países que hoy integran el Mercosur.

El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría


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