Licencia extraordinaria a viajeros: una medida con más sabor a sobreactuación que a sentido común

La resolución 178/20 del Ministerio de Trabajo intenta ser un freno a la propagación del coronavirus, pero al parecer en su confección tuvo más peso el voluntarismo, el mostrar que se está actuando, que el sentido común

Dentro de un tren en Florencia, Italia: barbijos y desinfectantes para manos, en la lucha contra la propagación del coronavirus (REUTERS/Jennifer Lorenzini)
Dentro de un tren en Florencia, Italia: barbijos y desinfectantes para manos, en la lucha contra la propagación del coronavirus (REUTERS/Jennifer Lorenzini)

"Otórguese licencia excepcional a aquellas personas trabajadoras del sector público o privado en relación de dependencia que, habiendo ingresado al país desde el exterior, en forma voluntaria permanezcan en sus hogares, en un todo de acuerdo con lo dispuesto en las recomendaciones del Ministerio de Salud de la Nación”.

Tajante, taxativo, imperativo. Con cierto sabor a “aquí mando yo”, así se lee el artículo 1º de la resolución que el abogado y ministro de Trabajo Claudio Moroni “promulgó” este viernes; una respuesta que quizás se termine convirtiendo en un dolor de cabeza adicional para el gobierno nacional.

Sin necesidad de adentrarse en los vericuetos del derecho laboral, cuando leemos “otórguese", no hay mucho margen para la duda, no hay posibilidad de negociar, de considerar alternativas, más allá de la simple pregunta al empleado (por teléfono o e-mail, claro está) si hará uso del derecho, ahora consagrado, de permanecer en su domicilio en una suerte de “vacaciones de las vacaciones” o si, autopercibiéndose sano y libre de todo virus, se sentirá apto para retomar tareas.

Trabajadores de salud desinfectando un complejo residencial en Wuhan, el epicentro del brote de coronavirus (REUTERS/Stringer)
Trabajadores de salud desinfectando un complejo residencial en Wuhan, el epicentro del brote de coronavirus (REUTERS/Stringer)

Supongamos que un determinado universo de empleados retornantes se alinee en la política preventiva para evitar el contagio en cadena y en forma más o menos masiva opte por la permanencia en casa a modo de preventiva cuarentena. No nos dice el señor ministro en su resolución cuáles son las medidas y eventualmente las penalidades laborales (o de las otras) en las que el profiláctico empleado podría incurrir si es sorprendido en el supermercado del barrio o haciendo un trote saludable por una plaza cercana. No creo que se estuviera pensando en crear una suerte de policía laboral que salga a la caza de asalariados violadores de cuarentena. Tal vez sí y aún no lo han informado.

Dejando de lado la parte risueña del asunto, resulta preocupante ver cómo mientras que en sucesivas conferencias de prensa o declaraciones a medios periodísticos las más altas autoridades del área de salud intentan llevar tranquilidad a la población pidiendo precaución y al mismo tiempo reduciendo cualquier nivel de pánico, desde la cartera de Trabajo se emite una resolución que por lo visto nadie se detuvo a meditar ni cinco minutos.

Las razones de la sinrazón

Las razones de la sinrazón

Pretendo iniciar este breve análisis con la más elemental falla que tiene la norma ministerial. Parece ser que estuvo pergeñada para aquellos trabajadores (obviamente de buen poder adquisitivo) que se tomaron unas vacaciones y deben retornar a sus quehaceres laborales. Una primera mirada de simple lectura indica: le damos la posibilidad al empleado de que se quede en casa, la empresa o el Estado asumen el costo, pero la sociedad gana en tranquilidad. Una “genialidad”, a no dudarlo. ¿Pero dice algo la norma sobre otros trabajadores cuyo trabajo es precisamente viajar?

Todas las mañanas, tardes y noches, despegan de los aeropuertos del país aviones de nuestra aerolínea de bandera hacia los más remotos destinos. Pilotos, copilotos, auxiliares de a bordo y, según el caso, dotaciones de relevo, llegan a destino y pasan a estar de franco por una cantidad de horas o días proporcionales a la distancia recorrida. En su franco, estos argentinos que a nivel global son centenares por día, pasean, van de compras e interactúan con otras personas, como lo hace un turista común. ¿Qué hará la empresa de aeronavegación estatal ante el regreso de cada tripulación? ¿Podrán pilotos y auxiliares acogerse al beneficio sanitario, o serán excluidos del derecho del que a partir de hoy gozamos todos los trabajadores ?

FOTO NA
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El planteo precedente es solo un mero ejemplo. Podemos pensar también qué efectividad tiene la medida para el caso de un grupo familiar retornante en el que un miembro de la familia se acoge al beneficio y otro no, con lo cual el aislamiento de uno queda invalidado por el retorno al trabajo y a la vida social del otro.

Y si ambos deciden hacer uso de la licencia, ¿quién lleva a los niños al colegio? Si son estudiantes secundarios, y la norma no prevé también una licencia para ellos, ¿quedan libres?

¿Qué hacer por ejemplo, con el ejecutivo que viaja al exterior para obtener instrucciones de la casa matriz o para recibir de primera mano directivas sobre un plan de negocios y que al regresar optare por meditar las mismas durante los 14 días que el Ministro de Trabajo generosamente le concede? A diario empleados de menor jerarquía de la Cancillería viajan al exterior llevando o trayendo documentación diplomática. ¿Les corresponderá el beneficio al final de cada viaje?

Y si un medio de prensa envía a un corresponsal a cubrir una cumbre de líderes mundiales, a su regreso, ¿lo veremos desaparecer del aire por un par de semanas? ¿Dice algo la norma laboral sobre el personal militar o policial que viaja permanentemente al exterior por razones de servicio?

Dejo librado a la imaginación la enorme cantidad de agujeros por los cuales esta medida se evaporará tornándose tan efímera como improvisada. Pero a ese mismo talento le dejo la tarea de pensar sobre el contexto en el que ha sido adoptada. Hasta ahora solo hay ocho casos confirmados, en principio controlados y provenientes del exterior. ¿Habrán sido los mismos suficientes para que alguna mente brillante descubra que tal vez no estamos preparados para lo que puede llegar a venir?

Antes de escribir esta columna, consulté a varios allegados a los famosos “resortes del poder". Todos me dijeron las mismas dos palabras: “tenés razón”. Ello, lejos de alegrarme, me preocupa. El país en este momento enfrenta al igual que el resto del mundo una situación preocupante que hay que abordar con profesionalismo, voluntad y, ¿por qué no? con una cierta dosis de sangre fría que permita a los responsables de decir y decidir qué tenemos que hacer tomar las mejores decisiones.

Ciertamente la del Ministro de Trabajo - como dije al principio, huele mucho más a voluntarismo e improvisación que a sentido común.

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El Gobierno otorgó una licencia extraordinaria a quienes viajaron al exterior para prevenir más contagios de coronavirus

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