Carne vacuna para exportación
Carne vacuna para exportación

El presidente Alberto Fernández señaló desde el inicio mismo de su gestión que “la Argentina se quedó sin dólares”, y a continuación procedió a elevar los derechos de exportación, a profundizar el cepo cambiario y a ampliar el alcance de las licencias no automáticas para importar.

Todo esto plantea una importante contradicción, porque con el set de medidas referidas cabe esperar que se reduzca la disponibilidad de dólares provenientes tanto de la vía comercial como de la vía financiera.

Las razones

En primer lugar, porque los productores argentinos de bienes agropecuarios son tomadores de los precios internacionales. Es decir, el precio que perciben por vender en el exterior constituye un dato para ellos. Entonces, la aplicación de un derecho de exportación no puede trasladarse al cliente del exterior, sino que provoca una reducción directa del precio percibido por el productor.

La relación entre precio y cantidad ofrecida tiene una relación directa en lo inmediato, lo que señala que los productores estarán dispuestos a ofrecer un mayor volumen en la medida que puedan cubrir el mayor costo de producción, y viceversa

¿Qué cabe esperar si se reduce el precio de una mercadería? En la facultad enseñamos que la relación entre precio y cantidad ofrecida tiene una relación directa en lo inmediato, lo que señala que los productores estarán dispuestos a ofrecer un mayor volumen en la medida que puedan cubrir el mayor costo de producción, y viceversa. Pues bien, si el precio percibido es menor, entonces se reducirá el nivel de producción y, en el caso de los bienes agropecuarios, los volúmenes exportados y la consecuente generación de dólares serán menores.

En segundo lugar, porque como afirmó también el Presidente de la Nación, el cepo cambiario actúa como un palo en una puerta giratoria. Al limitar la cantidad demandada de dólares para atesoramiento y turismo, limita inexorablemente la cantidad ofrecida de dólares. Cuando es difícil acceder a una mercadería, el interés por venderla también se reduce.

En tercer lugar, porque el proceso de integración comercial observado en las últimas décadas, que buscó elevar la productividad de las economías y el ingreso promedio de sus habitantes, llevó a una mayor especialización productiva de cada país. Esto implica que para producir y exportar mercaderías, es necesario también importar insumos y productos intermedios, además de bienes de capital y de piezas y accesorios para mantener operativo el stock máquinas y equipos instalados. Las mayores restricciones a las importaciones impactan negativamente sobre el nivel de producción doméstico y, a la larga, sobre las exportaciones.

El caso “extraordinario” de la carne vacuna

Es importante alertar que puede haber una excepción a la regla en el corto plazo , que puede llevar a confusión. Se trata del caso de la carne vacuna.

En la cadena de valor de la carne vacuna el derecho de exportación, como en los demás casos, reduce el precio percibido por el exportador y éste a su vez traslada la baja de precio hacia atrás. Pero la diferencia está en que en este caso las hembras pueden cumplir dos roles: ser bien de capital (actuar como vientre para producir nuevos terneros) o bien de cambio (ser enviada a faena para producción de carne).

En un contexto de menor oferta de hacienda y carne vacuna, el precio relativo de la carne se recuperará fuertemente, ello impactará notoriamente en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y el consumo doméstico caerá y probablemente las exportaciones también

Cuando la cría de ganado vacuno deja de ser una actividad rentable, el productor se ve obligado a reducir el número de madres, venta que pasa a engrosar el número de animales comercializados habitualmente. Un porcentaje de las hembras cambia su condición de bien de capital a bien de cambio, lo que se traduce en un aumento de la cantidad de cabezas faenadas y, por lo tanto, de la producción de carne vacuna. Puesto en otros términos, la caída del precio relativo del animal en pie no reduce la cantidad ofrecida de hacienda a los frigoríficos, sino que por el contrario la expande mientras dura el proceso de reacomodamiento a un rodeo menor. Siguiendo el razonamiento, en estos períodos puede observarse un mayor volumen exportado y/o un mayor volumen ofrecido en el mercado doméstico.

Las estadísticas oficiales indican que ya a partir de la primavera de 2018 los cambios en la política económica (adopción de una política monetaria restrictiva, que llevó a un súbito aumento de las tasas de interés y al estrangulamiento del crédito, así como el restablecimiento de los derechos de exportación), sumados a la sequía que había afectado las principales zonas productivas del país, hicieron que la venta de hembras comenzara a crecer en forma significativa, proceso que se mantuvo hasta la actualidad. La participación de las hembras en la faena total pasó de un promedio de 44,1% en junio 2017-agosto 2018 a un promedio de 48,1% en septiembre 2018-diciembre 2019, explicando la totalidad del crecimiento de la faena total y de la producción de carne en 2019. Para tener un punto de comparación, existe consenso acerca de que una participación de las hembras de 43% a 45% en la faena total es el que asegura el sostenimiento del stock de hacienda vacuna en el campo. Por lo tanto, el sector se encontraría en proceso de reducción de existencias desde el cuarto trimestre de 2018.

A partir de la primavera de 2018 los cambios en la política económica sumados a la sequía que había afectado las principales zonas productivas del país, hicieron que la venta de hembras comenzara a crecer en forma significativa, proceso que se mantuvo hasta la actualidad

Durante el último año se faenó un total de 13,9 millones de cabezas de ganado vacuno, es decir 424,4 mil más que en 2018 (+3,2%). Por su parte, la faena de hembras ascendió a 6,73 millones de cabezas, lo que arrojó un crecimiento interanual de 661 mil cabezas (+10,0%). En cambio, la faena de machos descendió a 7,15 millones de cabezas (-186,6 mil; 2,5%). Y todo esto se tradujo en una producción de 3,12 millones de toneladas (+1,8% anual), que combinado con la retracción del consumo interno, permitió alcanzar un récord histórico de exportaciones (830 mil toneladas).

Como ocurrió en el pasado reciente (2009), todo esto finaliza en el mediano plazo con una gran crisis sectorial, que también tiene impacto a nivel nacional, debido a la importancia que aún mantiene la carne vacuna en la canasta de consumo de los hogares argentinos. Hay que tener en cuenta que el ciclo ganadero, desde que se toma la decisión de preñar una hembra hasta que se puede enviar un animal terminado a faena, tiene una extensión de alrededor de 24 a 30 meses. Entonces, las hembras que no se preñaron y en cambio fueron enviadas a faena en el presente porque los números del criador no cerraron, son los terneros que no se podrán faenar dentro de dos años. En un contexto de menor oferta de hacienda y carne vacuna, el precio relativo de la carne se recuperará fuertemente, ello impactará notoriamente en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y el consumo doméstico caerá y probablemente las exportaciones también.

Por lo tanto, el aumento de los derechos de exportación sobre la carne vacuna podrá generar una sensación de alivio en el corto plazo, pero inevitablemente terminará teniendo un impacto negativo sobre la cadena de valor, sobre las finanzas del sector público y, por supuesto, sobre los consumidores.

El autor es Profesor de Política Económica UCA y socio de ESTRATECO Consultores