(Foto: AFP)
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La política es palabra, es negociación, es discurso y también son gestos. Gestos polisémicos que engloban un mensaje mucho más potente y profundo que lo que se dice. Y no me refiero al lenguaje no verbal. A la expresión de los ojos, la posición de las manos o al color de la corbata que se viste. Me refiero a los gestos que albergan una intención política y marcan los pilares de un relato de gobierno.

Para ver esto en la práctica podemos tomar al gobierno de Pedro Sánchez que, en los 45 días que lleva como presidente investido, ha empezado a marcar gestos que definen su agenda futura y posicionamiento, sus alianzas y sus adversarios. Sin ir más lejos, esta semana el gobierno nos sorprendió realizando un Consejo de Ministros en el Palacio de la Zarzuela presidido por el Rey Felipe VI, jefe de Estado y uno de los líderes políticos con mejor imagen de España. Desde 2014 que no se realizaba un evento de este tipo en presencia del Rey. No era necesario, no lo exigía nadie, pero era un gesto que Sánchez intencionalmente quería dar para responder a todos los dichos y miedos invocados sobre la relación entre el gobierno de izquierdas y la Casa Real.

Podría ser una reunión más, pero para un gobierno de coalición conformado con ministros que se declararon republicanos o antimonárquicos, es un símbolo de respeto a las instituciones que brinda el sentido de estabilidad y normalidad que el país necesita. Un gesto que deja claro que esta legislatura no pondrá en duda el poder del rey ni la institución que lidera. Es un gesto para el circulo rojo, para los centristas huérfanos de liderazgo y para aquellos que, en los debates de investidura, ponían en tela de juicio la relación y respeto constitucional de Sánchez con la Corona y viceversa.

Lo grandioso de los gestos políticos es que tienen la posibilidad de transmitir innumerables significados al mismo tiempo. Volviendo al ejemplo anterior, Sánchez mostró su liderazgo dentro de la coalición cuando sus propios ministros entendieron que la relación con el rey debía cambiar. Ahora toca pararse y aplaudir, mostrar respeto y hacer declaraciones prudentes. Sin el liderazgo -incluso ideológico- del presidente socialista, los líderes de “Unidas Podemos” que integran la coalición -Pablo Iglesias, Irene Montero o el comunista Alberto Garzón -jamás participarían tan cómodamente de un acto del estilo.

Bien utilizados, los gestos políticos consiguen desesperar a los adversarios ya que erosionan sus argumentos y socavan la confianza de sus ataques previos. Persiguen pequeñas victorias sistemáticas que marcan un rumbo y amplían paulatinamente los principales pilares que el gobierno pretende dejar en su legado.

Los gestos políticos nos desvelan valores que los gobiernos quieren imprimir a su gestión. En ese sentido, Sánchez quiso hacer del diálogo su virtud y diferenciarse del gobierno anterior que proponía la coerción en torno al conflicto catalán. Por eso mientras la oposición le azotaba en los medios de comunicación diciendo que empoderaba al inhabilitado presidente de la Generalitat, Quim Torra, y que claudicaba ante los independentistas, Sánchez mostraba en cadena nacional un gesto político de voluntad de acuerdo. En realidad no era tan importante Torra ni los independentistas, sino desarmar el relato del adversario y enviar un mensaje de reconciliación a aquellos catalanes no radicalizados que en los últimos años se sumaron al pedido de independencia en solidaridad a la inamovilidad del gobierno de Rajoy.

Los gestos en política también tienen el poder de cohesionar, agrupa a los propios y los hace sentir cómodos formando parte y defendiendo un movimiento y un liderazgo. Por ello el gobierno socialista no tardó en aprobar la suba del sueldo mínimo, derogar parte de la reforma laboral realizada por el Partido Popular -símbolo de la etapa del ajuste- e iniciar la discusión sobre la eutanasia (o muerte asistida). Son tres movimientos que simbolizan tres facetas fundamentales del electorado de izquierdas: combatir la desigualdad, ganarle una pelea a la derecha liberal y sumar más derechos sociales tal como sucedió con el aborto o el matrimonio igualitario.

Los gestos en política son tan importantes como la propia gestión gubernamental. De hecho, por su exposición suelen llegar a ser más relevantes y mejor recordados por los ciudadanos. Una buena comunicación de gobierno los define, los estudia y escenifica para llevarlos a la práctica cuidando el mínimo de los detalles. La política está marcada por estos gestos, para bien o para mal, son ellos los que recordamos y pasarán a la historia.

El autor es consultor y analista político