La AMIA pide un cambio

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Estamos a pocas semanas de elegir las nuevas autoridades de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) y, por primera vez en mucho tiempo, estamos debatiendo a la luz del día y de cara a toda la comunidad argentina cuáles son los caminos que determinarán nuestro destino. Se trata de qué comunidad queremos; una integrada a la sociedad, con mejor gestión y contemplando la amplia diversidad de miradas y voces o una más bien cerrada concentrada, casi únicamente, en el aspecto religioso.

Nos hemos acostumbrado a convivir con el hecho de que la AMIA represente a solo una parte de nuestra comunidad, cuya conducción no ha logrado éxitos significativos como tampoco generar esa unidad tan necesaria en nuestros días. Muchos sienten resignación y una dolorosa indiferencia. No se reconocen en la institución madre de nuestra colectividad.

La misión de la AMIA es promover el bienestar individual e institucional de la vida judía en la Argentina, con el objetivo de asegurar la continuidad y sostener los valores de nuestro pueblo en particular haciendo hincapié en los más vulnerables. Lamentablemente, este espíritu no ha sido potenciado, más bien todo lo contrario

Parece que aquella misión de la AMIA ha quedado circunscripta exclusivamente a cuestiones religiosas y solo nos une como conjunto, el sentimiento de dolor por el atentado terrorista que la hizo tristemente conocida mundialmente.

El trabajo diario de asistencia hacia los sectores más vulnerables, el área de juventud o el apoyo por la educación de la red escolar ha pasado a un segundo plano.

La unidad requiere del compromiso de todos, pero muy especialmente de aquellos que tienen la responsabilidad de conducir la institución que en los últimos años no estuvo a la altura de lo que la mayoría entendemos que deben tener las instituciones centrales comunitarias, modelos de convergencia e identificación, y produjo hechos o declaraciones que generaron más vergüenza que orgullo.

De este modo, no solo se alimenta a aquellos monstruos por los que toda la comunidad de bien de la Argentina ha decidido luchar: el antisemitismo en todas sus formas, la discriminación o aún posiciones más repugnantes, como el nazismo, sino que aleja a miles de hermanos que se sienten totalmente distantes de quienes conducen excluyendo mas que integrando.

Necesitamos una sola AMIA, donde todas las voces sean escuchadas, conviviendo todos bajo el respeto mutuo, venimos a sumar y no a dividir. Una AMIA unida y diversa, en donde las mujeres y los jóvenes tengan un espacio verdaderamente influyente y no figurativo.

Para ello, hay que mirar la gestión con una visión mucho más holística de la que estamos acostumbrados desde hace 13 años. El partido que conduce la mutual no ha desarrollado los valores sostenidos en la verdadera misión de la entidad, madre de la comunidad judía en la Argentina. Ya vimos que la diversidad y la inclusión no son su fuerte, pero no es lo único; a pesar de contar con un equipo de profesionales de calidad, la gestión ha sido pobre, con presupuestos en educación y juventud inferiores al 2 ó 3%, sin la transparencia necesaria, con poca creatividad y bajo reconocimiento de una gran porción de la población judía en nuestro país.

Son nuestros hermanos con los que podemos tener diferencias, por eso entendemos que es nuestra obligación marcar los déficits también de gestión, que nada tienen que ver con cuestiones religiosas. Finalmente se sabe, o no se sabe. Se puede, o no se puede. Se quiere o no.

Hace más de un año trabajamos construyendo una alternativa con un grupo de dirigentes de amplia experiencia, comprometidos, responsables, hombres y mujeres, independientes que se suman a jóvenes que desarrollan planes transversales a todas las áreas, con 42 instituciones que se reconocen en los ideales de nuestra agrupación llamada UNA AMIA.

Nuestro proyecto tiene como objetivo integrar e incluir a todas las corrientes e ideas que componen nuestro pueblo y hacer de AMIA, nuevamente, una organización moderna, que responda a su misión original y sea motivo de orgullo para nuestra comunidad y el país.

Siento un gran honor de ser el candidato de un consenso amplio y diverso para conseguir que el 5 de abril los judíos de la Ciudad y el Gran Buenos Aires digamos: “Estamos presentes y queremos una mejor gestión en la AMIA”.

El autor es candidato a presidente de AMIA por UNA AMIA



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