La policía arresta a un manifestante de Hong Kong después de que una bandera china fuera retirada del asta de una bandera en un acto de apoyo a los derechos humanos de los uigures de Xinjiang en Hong Kong (REUTERS/Lucy Nicholson)
La policía arresta a un manifestante de Hong Kong después de que una bandera china fuera retirada del asta de una bandera en un acto de apoyo a los derechos humanos de los uigures de Xinjiang en Hong Kong (REUTERS/Lucy Nicholson)

Xinyiang es una región autónoma de la República Popular de China, ubicada en los límites del noreste de su territorio; con extensas fronteras: Rusia, Mongolia, Pakistán, Afganistán y las exrepúblicas soviéticas: Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. Su superficie alcanza 1.650.000 km2 y cuenta con, aproximadamente, 22 millones de habitantes.

La región en cuestión fue ocupada en 1949 por la República Popular China. Hasta ese momento constituía una república independiente, denominada Turkestán Este. A esa fecha, su etnia mayoritaria –denominada “Uigur”– constituía el 80% de la población; mientras que la etnia “Han” (92% del total de la población china) era absolutamente minoritaria, con una participación no mayor al 10%. Los Uigures son absolutamente diferentes a los Hans; en efecto: su origen y fisonomía es turca, al igual que su lengua y religión musulmana. Para agravar aún más el problema, la gran mayoría de su población no habla ni lee ninguno de los dialectos chinos derivados del mandarín.

Una vez ocupado el territorio en cuestión, el gobierno central de China –manejado por los Hans– comenzó de inmediato una fuerte política de migración de su gente hacia la zona en cuestión. A lo largo de los años este proceso se fue acelerando, habiéndose llegado a la dramática situación actual: la etnia Han ha pasado a ser mayoría con más del 70% de la población, ocupa el poder político y discrimina –cada vez más– a la minoría Uigur. A lo largo de este vejatorio proceso, se han ido produciendo disturbios por parte de los “Uigures”, los cuales fueron rápida y fuertemente reprimidos. Lamentablemente, en los últimos años la discriminación y la violencia han ido en fuerte aumento.

El extenso territorio de Xinjiang abunda en fuentes de energía y otros recursos. Los más importantes son: petróleo (30% de las reservas chinas), gas (40%), carbón (35%), oro y energías eólica y solar

En efecto, recientemente, las pruebas –obtenidas a través de un excelente trabajo conjunto de 17 medios internacionales– han documentado la brutal represión implementada actualmente a través de una estructura de control que se inicia con la identificación de “Uigures sospechosos”, continúa con la detención de miles de ellos y finaliza con su internación –sin juicio ni garantía alguna de debido proceso– en campos de concentración, denominados “Centros de Educación Ideológica” (sic).

Se estima que, a la fecha, más de 1 millón de Uigures se hallan confinados en estos campos y sólo son liberados cuando la “autoridad” considera que ya están en condiciones de “integrarse” a la cultura e ideología política china (¡incluyendo su forma de pensar, hablar y de vestirse!). Obviamente, en los campos las condiciones de vida no son precisamente razonables; contando los mismos con unidades policiales de control, torres con guardias armados y sistemas de vigilancia con cámaras. Claramente, todo este esquema de represión constituye una clara e inaceptable violación de los derechos humanos de esta sufrida minoría étnica. Más aún, en el sistema represivo, las autoridades chinas están utilizando tecnologías de punta; entre otras: seguimiento de aplicaciones en celulares, sistemas de reconocimiento facial y uso de “inteligencia artificial” mediante la interacción de “megadatos” a través de la incipiente herramienta G5.

Manifestantes de Hong Kong sostienen banderas uigures del Turquestán Oriental en un acto de apoyo a los derechos humanos de los uigures del Xinjiang en Hong Kong, China, en diciembre,2019. (REUTERS/Lucy Nicholson)
Manifestantes de Hong Kong sostienen banderas uigures del Turquestán Oriental en un acto de apoyo a los derechos humanos de los uigures del Xinjiang en Hong Kong, China, en diciembre,2019. (REUTERS/Lucy Nicholson)

Ahora bien: ¿la raíz de esta gravísima represión es sólo étnica? Claramente, no. En efecto, los recursos económicos y la geopolítica están jugando un rol fundamental en el conflicto. El extenso territorio de Xinjiang abunda en fuentes de energía y otros recursos. Los más importantes son: petróleo (30% de las reservas chinas), gas (40%), carbón (35%), oro y energías eólica y solar. Sin embargo, no todo termina allí; en efecto, desde el punto de vista geopolítico la importancia de la región no es menor: extensa red vial y ferroviaria que comunica con Asia Central; puerta de entrada al país de gas y de minerales provenientes del oeste asiático; parte integrante de la nueva “ruta de la seda” y centro neurálgico de telecomunicaciones.

Los Uigures son absolutamente diferentes a los Hans; en efecto: su origen y fisonomía es turca, al igual que su lengua y religión musulmana

Resulta claro, entonces, que el objetivo último de las autoridades chinas es desplazar definitivamente a la minoría Uigur y, de este modo, asegurarse el dominio de tan importante centro económico y geopolítico. En síntesis: una vez más, la existencia de un ancestral conflicto étnico es utilizado por la mayoría gobernante para aplastar y desplazar de un territorio rico en recursos energéticos y de gran importancia geopolítica a minorías que, usualmente, la han precedido en la propiedad de la tierra. A este respecto, llama la atención la inoperancia de las Naciones Unidas para evitar este tipo de violentas represiones y discriminación, así como también- en el caso particular bajo análisis- la falta total de protesta por parte de los países con mayorías musulmanas. ¿Será, entonces, qué los valores económicos estratégicos se hallan por encima de la vigencia de los derechos humanos?