Pasó ya un mes desde que asumió Alberto Fernández. Puede parecer más para algunos porque Alberto prácticamente empezó a “tener poder” desde el día que ganó. Es que el macrismo, lo sabemos, se desentendió del país cuando supo que perdía. La propuesta política del Frente de Todos fue clara: construir un frente sin exclusiones y proponer una economía que nos incluya a todos. La división entre productivos e improductivos, entre trabajadores y planeros, entre emprendedores y subsidiados, con que el macrismo nos dividió tuvo un solo resultado: que a todos nos vaya mal.

Alberto propone mensajes claros: terminar con el hambre, empezar a atender “a los últimos”, a los postergados, encender la economía, acordar con los acreedores pero no a costa del crecimiento, en definitiva, se propone una política de sinceridad frente a una sociedad que fue engañada. Encontramos un Alberto que no pierde tiempo priorizando su relato, su comunicación o su liderazgo sino ejerciendo las funciones con la autoridad legítima que le dieron los votos y con su natural y sólido temperamento.

No hizo más que tomar el toro por las astas. Y para eso diseñó un plan de emergencia que actualizó, por ejemplo, el monto de las retenciones, sin promover con eso una pelea directa con el sector agrario. Aprendimos. Las tareas requieren de un equilibrio completo: evitar el default, evitar un salto inflacionario, proteger a los más humildes, reactivar el consumo para recomponer también a las clases medias y tener una política de desendeudamiento. Y pasamos un diciembre difícil, pero en paz.

Este es un mundo complejo. Suenan tambores de guerra y se observan a diario enormes disputas comerciales entre potencias. Todo lo que nos habla de una vida en la incertidumbre. La idea que esbozó el papa Francisco sobre una “tercera guerra mundial en cuotas” es tan cierta que nos precipita a una reflexión sin máscaras. Porque si era necesario tener de nuevo en la Argentina un gobierno patriótico, también es necesario no perder la mirada pragmática para no achicar nuestro horizonte. ¿Quién tiene hoy un “modelo” o “paradigma” en el mundo para ofrecer? Probablemente nadie. No hay fórmulas mágicas ni referencias automáticas. Los argentinos nos tenemos a nosotros mismos, recuperamos un gobierno que nos protege, y tenemos una sola prioridad: volver a ponernos de pie para caminar, crecer y reconstruir una sociedad justa.

El autor es secretario de Relaciones Políticas y Parlamentarias