El presidente Alberto Fernandez (REUTERS/Mariana Greif/File Photo)
El presidente Alberto Fernandez (REUTERS/Mariana Greif/File Photo)

Siempre el fin de un año con sus dos fiestas tan convocantes invita a una reflexión serena. Los distintos sectores que integran el hacer cotidiano de Argentina deberían realizar introspección. El primer camino a transitar debe ser el del encuentro. Para que ello se posibilite, la conjunción binaria de nosotros y ellos, amigos y enemigos, debe terminar. Si hay encuentro, podremos coincidir en logros y fracasos. El primer fracaso compartido sigue siendo la pobreza robusta.

El siglo XXI tenía todo para ser el siglo de la integración, de la oportunidad, el de transitar el fatigoso camino de la inclusión. Para su concreción, se necesitaba de fuertes liderazgos mundiales que construyeran las políticas para hacer realidad estos desafíos. Entre paréntesis, ¿qué pasó con aquellas Metas del Milenio? El único que surgió con claridad para protagonizar los desafíos mencionados es argentino y eligió para su papado el nombre de Francisco. El resto de quienes gobiernan el mundo, lejos están de protagonizar soluciones conjuntas ante un mundo desigual y en peligro, por atentar contra el propio planeta. Sus economías no crecen y donde lo hacen, no guardan equidad. A propósito del cuidado de la Casa Grande, en 2020 entra en vigor el Acuerdo de París firmado por 195 países en el 2015, donde se comprometieron a reducir en 2 grados la temperatura global. El acuerdo está en riesgo porque las economías más contaminantes (China, Estados Unidos e India) no han cumplido hasta hoy con las exigencias de reducción de emisión de CO2.

Las economías mundiales no crecen en la magnitud de las necesidades de los desafíos que la humanidad exige. Las guerras regionales gozan de buena salud y aparecen como nuevas protagonista las revueltas: movimientos sin conducción. ¿Estaremos en los albores del surgimiento de otro sistema político distinto al democrático?

El contagio por inconformidad ante necesidades básicas insatisfechas es global. En América Latina tiene un epicentro gravitante. Argentina, que padece de todos los males que alimentan las revueltas en el mundo, accionó en consecuencia a través de las urnas. Alberto Fernández llega así a la presidencia y es quien debe navegar por las turbulencias de ríos de pobres y excluidos, con terceras generaciones de familias que no conocen la cultura del trabajo. Por ello la urgencia de la Mesa contra el Hambre y el desafío no menor de ligarlo al trabajo; instaurar aquel mensaje bíblico de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Pero en el mismo desafío se incluye preparar la Argentina tecnológica de la nueva década. La ciencia sigue avanzando, con sorpresas tan agradables como ver que, dentro de los cinco mayores logros científicos de este 2019 en extinción, está la posibilidad de que caminen y muevan sus brazos los cuadripléjicos. En este camino está en la línea de largada, en la Argentina 2020, que comiencen “a caminar” los excluidos y hambrientos hacia el empleo inicial de pico y pala. Y en el mismo camino, en la meta de llegada, está el futuro que hoy se podría definir como el del mundo 5G. Esta cronista considera que estos desafíos humanos requieren más y mejores políticas que las implementadas en la renegociación con los acreedores. Sin desconocer la estrecha vinculación entre uno y otro ante una economía, la argentina, desguazada. Y con muchos argentinos que ya olvidaron el ayer y reclaman y/o condenan al nuevo gobierno por lo hecho en estos 15 días. Si hay una revuelta latente en esta Argentina, se llama autoconvocados del campo. No sienten ser representados por sus entidades. Es ahí donde el presidente Fernández en persona deberá actuar para evitar desbordes mayores. En estos días sólo se hicieron ver.

El gobernador de Santa Fe Omar Perotti pretende gestionar en espejo con quien no sólo es su Presidente sino su principal referente partidario. Tras largas negociaciones y ceder en algunos ítems con la oposición, al cierre de este análisis la legislatura santafesina le aprobaba dos de los tres mensajes: ley de consenso y reforma tributaria. La ley de emergencias -social, sanitaria, alimentaria y de seguridad- pasaría a comisiones. Esto es relevante dado que el gobernador bonaerense Axel Kicillof terminó fracasando por la falta de número de sus propios diputados en el intento de aprobar su reforma. Kicillof no negocia y en todo caso consulta a CFK.

Ayer se conoció que el juez Bonadio envió a juicio oral a la actual Vicepresidenta. La semana pasada desde esta columna anunciábamos algunos ítems sobre el proyecto de la reforma judicial que enviará el Ejecutivo para su tratamiento en sesiones extraordinarias, con la intención de repartir el poder en Comodoro Py. Hasta donde se sabe, en la iniciativa no aparecen reformas para la Justicia Federal del interior del país. Sólo la implementación del sistema acusatorio que ya es ley desde el 2015 y existe en Salta desde junio pasado. El camarista federal Dr Aníbal Pineda me decía: “Lo que hace falta en el interior son muchos más jueces y fiscales. Cada fiscal federal tiene 1800 causas y sólo ocho empleados. La Cámara Federal de Apelaciones de Rosario dictó 12 mil sentencias en el 2018. Es decir 40 sentencias por día hábil por juez de Cámara”. Pineda sostiene que eso fue posible por el compromiso de muchos empleados y secretarios, pero señala que hay un 30% de vacantes sin cubrir, y que la Justicia federal del interior tiene competencia plena, resuelve en todas las materias y sólo lo penal representa el 25% del trabajo total.

A propósito de la reforma judicial, me decía monseñor Lozano que al delito se lo combate con más escuela, con más deporte, con más barrios solidarios, y agregaba algo muy importante: a las cárceles van los delincuentes pero en ellas no se solucionan las causas de la violencia y el delito. Si acordamos cómo encarar las dos grandes asignaturas pendientes: pobreza y violencia con todas sus caras, seguramente será más fácil encaminar los otros temas.