¿La oposición estará esperando instrucciones de Marcos y Jaime?

Director de la revista Imagen y conductor de La Hora de Maquiavelo
El Senado durante el debate de la ley de emergencia económica (Gustavo Gavotti)
El Senado durante el debate de la ley de emergencia económica (Gustavo Gavotti)

El flamante ex presidente Mauricio Macri se fue a Qatar a disfrutar el Mundial de Clubes. Regresó y se volvió a ir de vacaciones. La ex gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal -a la que el actual gobernador, Axel Kicillof, en un lapsus sigue llamando “gobernadora”- partió con su nuevo novio rumbo a París.

La líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, anunció oficialmente su retiro de la política y el Congreso.

El jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, está enfrascado en su gestión y, comprensiblemente, no busca contrariar tan pronto a las nuevas autoridades nacionales.

¿Y dónde está el piloto de la nueva oposición en momentos dramáticos en los que el gobierno del presidente Alberto Fernández volcó todo el ajuste sobre los votantes de Cambiemos o Juntos por el Cambio?

“Es el turno del Congreso y las legislaturas locales”, te dicen. Solo faltaría que agreguen “se están tomando sus merecidas vacaciones”.

Como si para sus propios votantes -y para el destino del país- no se estuviera jugando en estos días de arranque del nuevo gobierno peronista el futuro de la Argentina, además de la suerte de la clase media.

La actitud de management de crisis (desaparecer del escenario), además de garrafalmente equivocada, es bastante común en la política argentina y ha tenido siempre los resultados previsibles, según los manuales de comunicación moderna: la desaparición de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante una semana entera luego de la Tragedia de Once, en 2012, inició el sendero del derrumbe de su imagen.

Mauricio Macri nunca prescindió de sus vacaciones y fines de semana de relax en medio de la grave crisis económica que se desató en abril de 2018 por la impericia de su gobierno.

Es cierto que gobierna el gobierno. Pero la oposición -y no solo en el Congreso- debe ayudar a corregir y evitar errores por el bien del país y debe darle a sus votantes la sensación de que están contenidos y defendidos. De que las figuras que identifica como sus líderes tienen algo para decir en su defensa: la orfandad en la crisis se paga caro en costos de imagen -y luego en votos.

¿Seguirán los preceptos de Jaime Durán Barba? El asesor ecuatoriano -hoy uno de los mejores estrategos de comunicación electoral del mundo, pero claramente sin conocimientos de comunicación de gobierno- allanó el retorno del peronismo con su dogma de que no se le puede explicar nada a nadie porque a nadie le interesa escuchar a políticos, es anticuado, y por ende no se puede hacer nada que no se imponga en el Congreso.

No se explicó nada. No se logró cambiar nada. Cuando no se pudo patear más para adelante la herencia de gasto público, porque los mercados se cansaron de financiarnos, se derrumbó la economía.

¿O seguirán la estrategia de comunicación del ex jefe de gabinete, Marcos Peña, hoy de vacaciones en Uruguay? Peña ejecutó con mano de hierro la estrategia duranbarbiana de explicar lo menos posible y reemplazar el debate político en los medios por la comunicación en redes sociales. De paso se aseguró que nada ni nadie opacara su propio protagonismo y el de su jefe: por eso fue un gobierno que durante casi cuatro años no tuvo voceros. Nadie salía a explicar en los medios qué se pretendía hacer ni por qué fallaban las medidas económicas, excepto que Marcos lo autorizara.

¿La oposición estará esperando unas instrucciones de Peña que jamás vendrán? ¿Seguirán los principios de Durán Barba -verificadamente errados- de que a nadie se le puede explicar nada y que instalar y debatir la agenda política es inútil y anticuado?

Es verdad que el grueso de la polémica gira en torno a medidas económicas, y que en economía, Cambiemos o Juntos por el Cambio no tiene nada para mostrar.

Pero el peronismo tampoco tiene una herencia de la que enorgullecerse: la crisis que heredó el presidente Fernández es la misma que le dejó su hoy vicepresidenta a Macri, con el agravante de la deuda que tomó el ingeniero para intentar disimularla.

Por ejemplo, nadie salió a explicar por qué fue una pésima decisión derogar el pacto fiscal entre nación y provincias para bajar los impuestos a ingresos brutos. Ahora las provincias tienen la puerta abierta para aumentar en lugar de bajar las alícuotas, lo que va a significar un tremendo aumento de costos para las empresas y la competitividad de la Argentina en general.

¿Dónde están los funcionarios del anterior gobierno que negociaron este importante paso?

Los integrantes de la ex coalición de PRO, radicales y Coalición Cívica tienen tanto derecho a dar el debate público como Fernández a gobernar. No es sencillo para la actual oposición salir a opinar: en su balance final, Macri despilfarró la oportunidad de plantear qué debía haber hecho su gobierno para no terminar tan lastimosamente y culpó de todo su infortunio a la sequía de 2018. Macri no le dejó un camino fácil a la oposición.

La única ex ministra que se mantuvo al pie del camión y entendió el rol que tiene en la opinión pública aun sin tener un cargo legislativo es Patricia Bullrich. La ex ministra de Seguridad criticó abiertamente a su reemplazante, Sabina Frederic, por derogar el protocolo de seguridad anterior que daba más libertad de acción a la policía ante delincuentes peligrosos, y prohibir las pistolas eléctricas no letales.

Bullrich, además de haber sido una de las funcionarias más valoradas en las encuestas del gobierno anterior, entiende de comunicación (es lo que estudió).

Ante la ausencia de un “gabinete en las sombras” que debería convocar a los medios para opinar sobre qué está haciendo el gobierno, por ahora el rol de Bullrich es lo más parecido a esa forma ordenada y efectiva de la oposición para controlar al gobierno.

Es cierto que Argentina no tiene tradición de oposiciones que organicen gabinetes en las sombras, pero en materia de comunicación es hora de que se pongan los pantalones largos. Cerca de Bullrich dicen que la ex ministra podría asumir algún tipo de rol de coordinación comunicacional para articular entre los distintos bloques, distritos opositores y líderes sin cargos. Pero la realidad es que su nombramiento al frente del PRO por ahora es una promesa y no se concretó formalmente.

Mientras tanto, para contrariar a Durán Barba, en muy pocos días de gobierno de Alberto Fernández la realidad fue demostrando cómo la instalación del debate en la opinión pública puede ser más poderosa que cualquier mayoría parlamentaria.

El mejor ejemplo es el agregado al paquete de ajuste sobre la clase media de “Solidaridad” de la promesa de revisar las jubilaciones de privilegio, y el gesto -meramente simbólico y reactivo- de ambas cámaras del Congreso de congelarse las dietas por los 180 días que dura la emergencia.

Si bien es cierto que este gesto fue una iniciativa de diputados y senadores de Cambiemos, la presión surgió de las redes sociales, cuando estalló la indignación ante las declaraciones del senador Carlos Caserio. El peronista cordobés había argumentado en una entrevista por TV que la clase política no precisaba participar de la “solidaridad” porque a ellos ya les tocaba el rol de ajustar a los otros.

Otro ejemplo fue el fracaso de la ley minera en Mendoza: a pesar de haber sido votada por abrumadora mayoría por todos los bloques de la legislatura provincial, las manifestaciones terminaron de convencer al gobernador Rodolfo Suárez de que debía vetarla.

Donde hay argumentos, y la oposición instala el debate y busca los medios y las redes sociales, más allá de las mayorías, se logran resultados.

Quizás la oposición tenga que dejar de lado los dogmas comunicacionales que la llevaron al fracaso cuando fue gobierno y buscar desde afuera la coordinación y estrategia para ejercer un control efectivo a un gobierno que ahora tiene “superpoderes” para hacer y deshacer.

Además de que el país necesita una oposición efectiva, serviría para encontrar nuevos líderes y mantener la cohesión de sus votantes de cara a las próximas elecciones.

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