El presidente Alberto Fernández (Presidencia)
El presidente Alberto Fernández (Presidencia)

Como todo en el arte de la política, nada dura para siempre. Ni siquiera un relato político. Es natural que estos se articulen, circulen, se consoliden y entren progresivamente en decadencia. Ahí está la experiencia reciente de la gestión presidencial de Mauricio Macri y Cambiemos para recordarlo.

Sin tiempo que perder, a pocas semanas de haber iniciado su mandato, y aprovechando los nuevos bríos y las expectativas que promueve la siempre bienvenida “luna de miel” que suele acompañar a los nuevos gobiernos, Alberto Fernández comenzó así a estructurar su propio relato político con el que aspira a atravesar el que muy probablemente sea el tramo más difícil de su gestión.

El relato político como herramienta de gobierno

Lejos de lo que cierto sentido común entiende peyorativamente por “relato político”, una suerte de engaño publicitario que intenta confundir o distraer a los ciudadanos de los temas realmente importantes, estos son valiosas herramientas de la comunicación política que, de estar bien construidos y articulados, repercuten positivamente tanto en períodos electorales como durante la gestión de un gobierno.

Así, diversos gobiernos tanto de izquierda como derecha, progresistas como conservadores, latinoamericanos como europeos, se han valido de esta poderosa herramienta de comunicación para consolidar y fortalecer sus gobiernos y, de esta forma, legitimarlos permanentemente ante la sociedad. De lo que se trata, en todos los casos, es de poner en marcha el supuesto del cual parte la comunicación estratégica: no hay que esperar que las cosas ocurran, sino que hay que hacer que las cosas ocurran. En otras palabras, y siguiendo al célebre escritor afroamericano James Baldwin, “el mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo”.

Así, un origen común, un conflicto latente o manifiesto, la identificación y jerarquización del liderazgo, valores y símbolos son sólo algunos de los ejes con los cuales estrategas y especialistas en comunicación construyen esta cada vez más necesaria herramienta de la política. En tiempos de volatilidad electoral, de descontento con la política y de un electorado cuyas prioridades no involucran a los políticos y sus intereses, un relato político efectivo logra contribuir a la integración social que, sobre todo, le da sentido, certidumbre, a su comunidad pero que también les permite sintetizar la complejidad política.

Meritocracia versus solidaridad

Las personas le damos significado a nuestro entorno. Cuando esta explicación no la obtenemos de recursos racionales, científicos o argumentales, la erigimos en base a otras fuentes: supersticiones, preconceptos, rumores, prejuicios, etc. El relato político muestra la virtud de su articulación en este contexto.

Es importante que los argentinos en su conjunto entiendan por qué el gobierno les pide “un esfuerzo”, “ser solidarios”, “empezar por los más vulnerables”. La propuesta del Presidente Alberto Fernández en términos de relato político es la de plantearles a los argentinos avanzar por un sendero común por encima de cualquier grieta, en el cual el objetivo no es otro que crecer. Pero, para ello hay esfuerzos que hacer, sobre todo para enfrentar la endeble situación socioeconómica, priorizando lo que el Presidente identifica como las víctimas de una economía hostil: los sectores más vulnerables, los desocupados, los que engrosaron estos años la población que está por debajo de la línea de la pobreza.

Quizás con esta impronta el valor que con mayor fuerza le está imprimiendo Fernández a su visión de la compleja situación económica que atravesamos, y sobre todo la apuesta para que los ciudadanos contextualicen sus medidas económicas, es el valor de la “solidaridad”. Como todo valor en un determinado relato político que viene a pretender fundar un nuevo tiempo histórico, se configura en abierta colisión con el de su antecesor. En este caso, con el propuesto por Mauricio Macri hace poco tiempo atrás, la “meritocracia”, valor que ponía el eje en el individualismo, la supervivencia a partir de capacidades personales y los logros particulares. Algo muy alejado a la apelación a lo colectivo, al esfuerzo compartido en pos de la justicia social y distributiva, al valor de la cooperación y concertación que viene propugnando discursivamente el nuevo presidente.

Los tiempos han cambiado, un nuevo gobierno ha asumido. Lejos de disminuir el ritmo de trabajo en un fin de año de vacaciones de verano, el Gobierno parece haber priorizado comenzar su mandato tomando rápidamente las medidas que considera prioritarias para “capear el temporal”. Pero el Gobierno ha entendido muy bien que no todo se reduce a las leyes, decretos y consensos entre actores, sino también a la construcción de una narrativa que le permita transitar éstos difíciles primeros meses.

*Sociólogo, consultor político y autor de “Comunicar lo local” (Parmenia, 2019)