(Facebook CTEP)
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Como dice Francisco, en el mundo a diario se genera cada vez más exclusión. Una de las características de esta crisis es el problema del trabajo. El capitalismo a escala global perfila su faceta más agresiva de acumulación financiera y, además, la creciente introducción de más tecnología nos plantea un conflicto: la destrucción del empleo. Unos pocos individuos ordenan la economía mundial profundizando un modelo de enriquecimiento y concentración de riquezas sin la generación de trabajo necesaria.

La exclusión existe a escala planetaria, basta observar el crimen del hambre mundial y los niños que mueren porque no tienen acceso al agua y los alimentos. El informe sobre Desarrollo Humano 2019, recientemente publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, asevera que mucha de la desigualdad que se ve en América Latina se remonta a la época colonial.

La concentración y marginación en las grandes ciudades trae como consecuencia inmediata barrios periféricos que no están integrados y que no tienen condiciones mínimas de habitabilidad.

Algunos pensaron hace años que este mundo podía sostenerse a partir de la exclusión de más de un tercio de la población mundial, pero este modelo genera un cuello de botella que pone en riesgo la vida en el planeta. Al haber más exclusión, hay mayores consecuencias sociales que solo se contienen constituyendo sociedades cada vez más autoritarias. La gobernanza mundial de un puñado de corporaciones nos lleva a sociedades sin derechos y con más violencia y autoritarismo para sostener esos privilegios. El Papa Francisco casi en soledad introduce cuestionamientos y debates que son de una gran importancia al orden hegemónico actual. Los excluidos, aquellos que están al margen del mundo del trabajo, no se quedan esperando sino que desarrollan estrategias de supervivencia y organización, desde cooperativas y emprendimientos familiares hasta producción de alimentos agroecológicos y reciclado. Allí se genera riqueza y valor.

Por ello, ante un orden social que genera cada vez más exclusión, un conjunto de organizaciones sociales dimos nacimiento a la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) con el objetivo de ampliar nuevos derechos. Este nuevo sujeto social no es receptor de dádivas sino que cuestiona el orden que excluye para transformar la realidad. Lo que está en debate es cuál es el rol de los excluidos. La respuesta ha sido crearse su propio trabajo. Es decir, aquel que quedó por fuera del mercado laboral encontró la forma de readaptarse. En la Argentina de los noventa, el trabajador de una metalúrgica que quedaba sin trabajo tuvo que repensar su lugar y salió a cortar el pasto en el barrio, o agarró un carró y se dedicó a reciclar. Se abocó a tareas que no tenían que ver con el empleo en la fábrica.

Nació en la Argentina un nuevo mundo del trabajo: la economía popular. Tal cual la concebimos, es la pelea por el excluido sobre la base de la dignidad del trabajo. Es reconstruir su vida con eje en la acción transformadora de generarse su sustento. Ese elemento hay que tomar como principio para poder asentarnos en construir una esperanza.

La idea del trabajo como la conocimos anteriormente ya dio una vuelta de página en los libros de historia. Nos presenta un desafío intelectual: pensar nuevos derechos y descartar la cínica idea de que el plan social puede ser algo transitorio cuando hace más de 20 años la realidad nos muestra lo contrario.

El mundo de los excluidos ya dio una respuesta antes que la política relacionada con la creación de puestos de trabajo, con un carácter colectivo, justo y solidario. Ahora hay que darle condiciones de mejor desarrollo, transformando el eje de las políticas sociales, y a este cambio debe acompañarlo un cambio en la organización del mundo del trabajo. El lanzamiento de la UTEP nos habla del crecimiento cualitativo de los movimientos sociales. Debemos construir la gremialidad de ese mundo de la supervivencia para que genere interlocutores y que piense nuevos derechos para este sujeto social, no siendo estos nuevos planes sino mejores condiciones de trabajo en las actividades que se realizan. Desde allí se puede combatir a la pobreza, generar mejores condiciones de vida, construir más humanidad y fortalecer la democracia que algunos vuelven a poner en discusión en todo el continente.

El autor es subsecretario de Promoción de la Economía Social y el Desarrollo Local