El presidente Alberto Fernández (EFE)
El presidente Alberto Fernández (EFE)

Los discursos inaugurales constituyen una guía importante sobre hacia dónde propone dirigirse el primer mandatario y su equipo en su tiempo de gestión. En ese momento, tras su triunfo electoral, el mandatario habla y explica a toda la sociedad sus principales objetivos. Ya no es el candidato y su discurso lo lee cuando ya han pasado los tiempos de campaña electoral, de debates desde las tribunas, de respuestas acaloradas sobre muchas cuestiones y llega el tiempo de reflexión. No les habla solamente a sus partidarios, les habla a todos los ciudadanos.

El 10 de diciembre pasado Alberto Fernández pronunció su mensaje inaugural asegurando su “compromiso democrático” de respeto a la convivencia, respeto a los disensos, dirigiéndose a “cada una y a cada uno de esos argentinos que habitan esta patria”.

Durante su discurso citó, especialmente, a cuatro ex presidentes: Arturo Frondizi, Juan Domingo Perón, Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner. Recuerdos comprensibles para un argentino que nació el jueves 2 de abril de 1959 y estos presidentes constitucionales, de una manera u otra, marcaron su tiempo y su formación. Fueron momentos distintos a los de hoy y cada uno de esos mandatarios intentó enfrentar los problemas y sus complejidades. Con el poder militar que alteraba y condicionaba todo, unos más y otros menos sufrieron los embates de la inestabilidad institucional de la época.

El 1º de Mayo de 1958, el doctor Arturo Frondizi asumió el cargo de Presidente de la Nación. “El Flaco”, como algunos le decían, entrazado con un impecable frac, pronunció un largo discurso, en el que trabajo su colaborador y amigo José Babini. Ante la Asamblea Legislativa, a la que no asistió la bancada de la Unión Cívica Radical del Pueblo, y con las presencias de numerosas delegaciones extranjeras –destacándose el mandatario peruano Manuel Prado y el vicepresidente estadounidense Richard Nixon-, el nuevo mandatario en el “Mensaje de Pacificación y Desarrollo Nacional” destacó varios objetivos para su mandato:

-"Es necesario sellar definitivamente el reencuentro de los argentinos; eliminar los motivos de encono, los pretextos de revancha y los últimos vestigios de persecución. Debemos extirpar de raíz el odio. El pasado queda a nuestras espaldas. No nos volveremos a remover las culpas ni a deslindar responsabilidades".

-“Gobernaré para todos los argentinos. Abandono toda tarea partidista y declaro solemnemente que desde la Casa de Gobierno no se hará política de partido. Debemos terminar con el sectarismo y la intolerancia. El Poder Ejecutivo promoverá reuniones y consultas con los partidos políticos, con dirigentes del trabajo y la producción, con hombres de ciencia, técnicos y profesionales".

-"Los cambios de orientación oficial desalientan a las empresas, que no se atreven a trazar planes para el futuro si no es seguro que las condiciones tomadas como punto de partida se han de mantener en el plazo previsto. Si no hay previsión, tampoco hay inversiones; y sin ellas, declina el bienestar de la población".

-“No hay justicia social valedera sin la solución de los problemas económicos nacionales”.

-“Tenemos que librar una lucha sin cuartel contra el atraso, el estancamiento, el desánimo y la desesperanza. Tenemos que extirpar hasta sus raíces la ignorancia, la miseria, la enfermedad y el miedo al futuro”.

Arturo Frondizi fue el primer civil en 50 años que llegaba a la Casa de Gobierno, dejando atrás innumerables mandatos de militares. En 1938 lo había hecho Roberto Marcelino Ortiz (1938-1942), hasta que por enfermedad lo reemplazó Ramón S. Castillo, depuesto por las Fuerzas Armadas en junio de 1943.

El trayecto del Congreso de la Nación hacia la Casa Rosada lo hizo en un Cadillac 1955 negro descapotable, acompañado por el teniente general Arturo Ossorio Arana, el alto oficial que había acompañado al general Eduardo Lonardi el 16 de septiembre de 1955. Por lo tanto, su presencia en el automóvil, más que una presencia protocolar parecía un llamado de atención. Pocos sabían en ese entonces los innumerables planteos que se desarrollaron, en secreto, hasta días antes, para impedir que el nuevo Presidente no asumiera. ¿La razón? El pacto con Juan Domingo Perón del que todo el mundo político hablaba pero nadie había visto.

Al instalarse en la Casa Rosada, Frondizi comenzó a moverse dentro de los límites que le fueron marcando las fuerzas militares y políticas de la oposición. El clima que se respiraba era la imprevisibilidad. No se sabía qué problema estallaría al día siguiente mientras trataba de gobernar un país fragmentado. Durante toda su gestión Arturo Frondizi hubo de soportar innumerables planteos militares que fueron erosionando su poder y su gestión. La inestabilidad fue la marca de la época y el pacto con Perón era la cuestión o la excusa para frenar los cambios. Un ejemplo, de los tantos, al decir de Albino Gómez, un ex miembro de “la Usina” (grupo de intelectuales que trabajaban en las sombras bajo la conducción de Frigerio), “Frondizi asumió con un poder tan condicionado por la fuerza que detentaban los derrotados del 23 de febrero de 1958, que hasta le impidieron acceder a Rogelio Frigerio al Ministerio de Economía y tuvo que inventarle un cargo”.

El peronismo (fuerza proscripta que inclino la balanza electoral a su favor) también presionaba al Presidente buscando una “coparticipación” del poder y los colaboradores presidenciales, o los miembros de “la usina” de Frigerio, convertido ya en secretario de Asuntos Económicos y Sociales de la Presidencia, interpretaban que salvo la letra del pacto no existía ninguna promesa de “coparticipación” o “cogobierno”. Frondizi tan solo llevaba menos de 60 días en el poder cuando dos enviados de su gobierno visitan a Perón en República Dominicana. Durante los encuentros el ex Presidente llegó a decir: “Se están portando con nosotros con una gran deslealtad. Yo no estoy dispuesto a que los políticos me manoseen ante el pueblo. No quiero que me tomen en joda.”

Bajo la consigna “al que me engaña una vez, lo perdono; al que me engaña dos veces, lo maldigo; si me engaña tres veces, me maldigo”, Juan Domingo Perón, el 22 de junio de 1959, denuncia su pacto con Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio, dando a conocer su texto. De ahí a una severa crisis militar había sólo un paso. El planteo se desarrollo ante el silencio de la sociedad y termino con los desplazamientos del Secretario de Guerra, general Héctor Solanas Pacheco. Parecía una “chirinada” pero se llevó puesto a algunas de las figuras más destacadas del gabinete presidencial. Entre otras al joven canciller Carlos Florit. A pesar de sostener que “no renunciaré, no me suicidaré, no me iré del país”, Arturo Frondizi va a ser derrocado en marzo de 1962 y encerrado en la Isla Martín García.

Juan Domingo Perón fue otro de los mandatarios que Alberto Fernández citó expresamente y es lógico: en un momento de su vida se afilió al Partido Justicialista y pese a su corta edad pudo observarlo cuando asumió la presidencia de la Nación por tercera vez el 12 de octubre de 1973.

Esos meses de Perón (1973-1974) van a estar signados por la violencia del “entrismo” castrista en el Movimiento Nacional y la virulencia de otras organizaciones terroristas que crecieron al amparo de La Habana y Perón gastó parte de sus decaídas energías en imponer el orden constitucional. Juan Domingo Perón, a diferencia de sus discursos en las dos inauguraciones constitucionales de 1946 y 1952, cuando asumió en 1973 no habló. Quien sí lo hizo fue el vicepresidente primero del Senado, el cordobés José Antonio Allende. Más que una exposición de motivos el legislador Demócrata Cristiano trazó una pincelada del Líder que volvía a ponerse la banda presidencial sobre su uniforme de teniente general y su tiempo:

-“En un tiempo en que todos los argentinos nos encontramos no para inculparnos, sino para hablar de nuestros propios problemas; no para quejarnos solamente de los extraños, sino para ver qué es lo que podemos hacer y qué es lo que vamos a impedir que otros pretendan hacer. Ese es, y no otro, el testimonio del diálogo reciente entre el señor presidente electo y quien ocupara la segunda posición en la decisión del electorado del 23 de septiembre” (se refiere al dirigente radical Ricardo Balbín).

-“Están presentes los señores representantes de las fuerzas armadas, de las tres armas. Yo puedo señalar que su presencia testimonia el reencuentro con el afecto popular del país; su definitiva incorporación al proceso nacional; su respeto a la voluntad popular en todo aquello que su requerimiento profundo de cambio y de tiempo nuevo imponen”.

-“Se encuentran también representantes de la vida social organizada, de la realidad económica y de la vida cultural, lo que es sumamente promisorio para el espíritu argentino […] Yo estoy seguro de que cada uno de esos sectores rendirá la cuota de sacrificio, según su responsabilidad; el que tiene más sabrá compartir más, bajo la conciencia de que si no lo hace no podrá mantener nada. El que sólo pueda dar su esfuerzo pondrá mayor ahínco en proporcionarlo, porque es una verdad de Perogrullo que un país es grande, antes que nada, por el esfuerzo humano".

Si bien no leyó un discurso ante el Parlamento, al Perón de esos días se lo puede interpretar en los textos de sus innumerables exposiciones y entrevistas. Por ejemplo, el 13 de noviembre de 1973 dijo ante una numerosa audiencia política: “Nosotros nos hemos considerado un gobierno en emergencia, porque el estado del país es el de una emergencia, y en esta circunstancia no podemos estar haciendo una lucha interna por pequeñas cosas o por nimiedades. Muchas veces se enfrentan los hombres políticos por la falta de un diálogo conveniente, por la falta de buena voluntad. Hagamos triunfar al país, que cuando el país se realice se realizaran todos los argentinos; cuando un país no se realiza, ninguno de sus habitantes podrá realizarse".

El Perón de esos meses de gobierno no pudo ver a la Argentina estabilizada. Su muerte el 1º de julio de 1974 profundizó aún más las diferencias sectoriales y tras sucederlo su esposa llegó el devastador golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976.

Tras las elecciones presidenciales del 30 de octubre de 1983, Raúl Alfonsín se presentó el 10 de diciembre ante la Asamblea Legislativa para pronunciar su discurso inaugural. Lo hizo en las peores condiciones, con un país profundamente lacerado y con una guerra internacional perdida. Sus palabras, inicialmente, sobrevolaron sobre los dolores de una sociedad sufrida y abatida, prometiendo que venía a “trabajar para el futuro” con la intención de prever (y solucionar) los problemas de “las siguientes dos generaciones”.

En un momento calificó de “deplorable y en algunos aspectos catastrófico” la situación del Estado que le tocaba administrar, “con vastos sectores de la población acosados por las más duras manifestaciones del empobrecimiento, con situaciones sociales que reflejan crudamente el impacto de la miseria, con un endeudamiento de insólito volumen y de origen muchas veces inexplicable…con la educación y la salud relegadas a un segundo plano” y “con una situación agravada por decisiones irresponsables cuyas consecuencias se transfirieron imprudentemente a un futuro que ahora vienen a depositarse en nuestras manos".

El catálogo de anhelos, de buenas intenciones y esperanzas, no pudo concretarse en el tiempo y lo que era el recitado de falencias heredadas, simplemente, pasaron agravadas al siguiente mandato presidencial. No pudiendo controlar los desfavorables síntomas económicos y sociales, Raúl Alfonsín abandono el poder del Estado seis meses antes de cumplir su mandato, dejando al país comprometido en todos los órdenes y tan solo 90 millones de dólares de reservas.

Alberto Fernández no citó a Carlos Menem ni a Eduardo Duhalde para los que trabajó. Tampoco a Fernando de la Rúa. En sus palabras ante la Asamblea Legislativa aclaro que intentaba no “emplear frases gastadas ni artificiales”, pero no pudo evadir reiterar conceptos expuestos con mucha anterioridad cuando propuso construir “un Nuevo Contrato de Ciudadanía Social. Un contrato social que sea Fraterno y Solidario. Fraterno, porque ha llegado la hora de abrazar al diferente. Solidario, porque en esta emergencia social, es tiempo de comenzar por los últimos, para después poder llegar a todos”. Objetivos esperanzadores, nunca concretados, para un país cuya dirigencia se sumerge tras los egoísmos de sectores.

“Poner a la Argentina de pie” es una de las tantas frases que pretendió no usar y cayó en la misma tentación de alguno de sus antecesores al que no tuvo la generosidad de citar. Conociendo como pocos el pasado inmediato argentino dijo que se deben “suturar demasiadas heridas abiertas en nuestra Patria". "Apostar a la fractura y a la grieta significa apostar a que esas heridas sigan sangrando. Actuar de ese modo sería lo mismo que empujarnos al abismo”, explicó.

A la hora de las duras verdades, a diferencia de otros mandatarios que navegaron en la medianía de la insensatez o la complicidad, Fernández trazó un panorama de lo que recibía. “Faltaría a la verdad y a la responsabilidad, si no compartiera con ustedes el exacto escenario en el que hoy asumimos. Tiene cifras y datos contundentes, emanados de la administración saliente. Y es la información indispensable para comprender los desafíos que tendremos que asumir como sociedad. Si no hiciera esto, no podría explicar por qué va a llevar algún tiempo lograr aquello que todos queremos”.

-“La inflación que tenemos actualmente es la más alta de los último 28 años. Desde 1991 la Argentina no tenía una inflación superior al 50%. La tasa de desocupación es la más alta desde 2006. El valor del dólar pasó de $9 a $63 en solo cuatro años. La Argentina no para de achicar su economía. El PBI de 2019 es el más bajo de la última década. La pobreza actual está en los valores más altos desde 2008. Retrocedimos más de diez años en la lucha por reducir la pobreza. El PBI per cápita es el más bajo desde el año 2009”.

-“La deuda externa en relación al PBI está en su peor momento desde el año 2004. La indigencia actual está en los valores más altos desde 2008. El nivel de producción industrial hoy es equivalente al del año 2006: retrocedimos 13 años. El empleo industrial registrado tiene el nivel de 2009. La cantidad de empresas es equivalente al nivel registrado en 2007: retrocedimos 12 años. Se cerraron 20 mil empresas en 4 años. En estos 4 años se perdieron en la industria más de 141 mil empleos registrados del sector privado. En términos interanuales, el empleo industrial registrado lleva 42 meses consecutivos de destrucción".

Como en otros tiempos, su discurso campea sobre un rosario de buenas intenciones. Una de las principales es cuando afirmó, ante la atenta mirada de su vicepresidenta, que “una democracia sin justicia realmente independiente no es democracia”. Loable aspiración que los presidentes no llegan a cumplir con cabalidad y que transfieren con sus culpas a cuestas período tras período.

Propuso “una prensa independiente del poder e independiente de los recursos que la atan al poder". "Por eso, vamos a reorientar el presupuesto de publicidad del Estado bajo otros criterios. Queremos que dejen de servir a la propaganda del Estado para que pasen a servir al mejoramiento de la calidad educativa”, dijo. Sana aspiración no cumplida desde 1983 y que si se concreta llevaría a cambiar el “estilo” profundo del peronismo en el poder.