Alberto Fernández (EFE)
Alberto Fernández (EFE)

Complicado momento de la historia. Se mejora el diálogo sin abarcar a todos, se desnuda el fracaso de quienes se van sin logros dignos de ser reivindicados. Aumentó la deuda, la inflación y la pobreza: difícil encontrar algo destacable. Luego viene el hilado fino, que se reivindica del peronismo y del kirchnerismo. Cantaron la marcha y luego vocearon a Néstor. Alberto fue leal a su historia. Cristina ocupó con dignidad su lugar, no dejó de marcar la dureza de su postura.

Faltó una cuota de autocrítica. Macri incrementó nuestros males, Néstor había eliminado la deuda, pero fueron muchos años de kirchnerismo como para no tener responsabilidad sobre la pobreza y la decadencia. Respetar la figura de Alfonsín no alcanza para dejar de asumir errores propios.

La justicia y los servicios tienen sobradas culpas, pero con ello no liberan causas que mancharon de sobra nuestra imagen. Es cierto que no podía cuestionar las políticas del kirchnerismo por ser su heredero y además el elegido de Cristina. Pero con lo mal que gobernó Macri se llevó un 40% de los votos, y de eso somos absolutamente culpables. Asumirlo es imprescindible.

Fue un discurso coherente que toma distancia en muchas partes del pasado, que ayuda a disolver los miedos, que enriquece las posturas de Cristina. No tenemos por qué exigirle más, pero alguna autocritica nos hace falta, y todavía eso no llegó para ninguna de las dos partes de la grieta. Resulta mucho más fácil dejar de ser grieta que animarse a asumir culpas propias. Apoyo al gobierno, solo veo salida si revisamos nuestros errores, y esa es la principal responsabilidad colectiva.