Alberto Fernández mostró por dónde pasará su relato

Director de la revista Imagen y conductor de La Hora de Maquiavelo
Alberto Fernández junto a Cristina Kirchner (Foto: JUAN CARLOS CÁRDENAS / Comunicación Senado)
Alberto Fernández junto a Cristina Kirchner (Foto: JUAN CARLOS CÁRDENAS / Comunicación Senado)

El presidente saliente se la dejó picando: su última cadena, en la que buscó destacar sus logros y minimizar sus fracasos notorios en lo económico, ayudó al flamante presidente, Alberto Fernández, quien apovechó su discurso inaugural para arrancar con un relato de “nuevo modelo, porque el anterior siempre fracasa”.

Quizás si Mauricio Macri hubiese sido más explícito y sincero describiendo qué debió haber hecho para evitar entregarle la economía en semejante estado de descalabro a Fernández, el flamante presidente tendría que hacer un esfuerzo mucho mayor para enunciar el “cambio de modelo” y buscar un relato que enmarque su mandato.

El discurso inaugural fue una brillante pieza de oratoria en la que dejó sentadas sus diferencias con la anterior gestión. “Hambre” fue una de sus palabras más usadas, y en la combinación con “modelo que siempre fracasa” logró establecer ese relato de arranque para el que el dudoso balance de Mauricio Macri servirá ahora de trampolín para una serie de medidas económicas, muchas probablemente antipáticas.

“Hambre” es la mejor síntesis para descuartizar el balance del gobierno saliente, pero a la vez es un propósito sensato: resolver el problema del hambre en un mandato es un objetivo alcanzable en la Argentina, mientras que “pobreza cero” era una quimera, aun habiendo hecho todo bien en materia económica. El equipo de Macri confundía siempre marketing de campaña electoral con comunicación de gobierno.

Sin embargo, Fernández hizo una interesante apuesta a no machacar una y otra vez contra “el modelo neoliberal”, como lo hacía su predecesora, lo que lo ayudó a diferenciarse del tono confrontativo de la hoy vicepresidenta. Un verdadero equilibrista que dejó buena impresión en muchos de los que no lo votaron.

Sus alusiones a ex presidentes fueron igualmente equilibradas: Alfonsín estuvo varias veces presente, y hasta se dio el lujo de “quitarle” a Macri a Arturo Frondizi.

En la casi una hora de discurso, Fernández aprovechó también para marcar muy sonoramente el propósito de superar la grieta y tolerar el disenso. Fue un contraste muy fuerte con la chocante anécdota del “cambio de lapicera” para firmar las actas que había protagonizado unos minutos antes la ahora vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, rechazándole el bolígrafo al presidente saliente delante de la cámara de TV.

Fernández demostró que, sin ser un experto, tiene muy claros los principios básicos de la comunicación: lo gestual es tan importante como el contenido, pero el contenido es fundamental cuando se está en el gobierno y se tiene la atención de todos los analistas, algo que el equipo del ex jefe de gabinete Marcos Peña y el gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba no entendía. Creían que no había forma de explicar temas complejos y antipáticos. Ergo: si la opinión pública no estaba convencida de entrada, no había nada que hacer -y no se hizo- nada. Todo indica que con Fernández tendrán cuatro años de clase de apoyo.

Que lo gestual para el nuevo mandatario es importante es algo que demostró manejando su propio auto al Congreso. No hacía falta, pero buscó proyectarse como un “tipo común y corriente”. Y demostró que entiende que, en una situación de crisis, y en un país con una población altamente pendiente de la actualidad política, el contenido y los títulos que salgan de su discurso son esenciales.

No es el primer caso en la historia argentina: el ex vicepresidente Carlos “Chacho” Alvarez convocó a la prensa para que lo vieran viajar al Congreso en subte el primer día de sesiones. Probablemente fue la última vez que lo hizo.

Pero más allá de la gestualidad, Fernández les dio a los medios opciones de títulos por todos lados. Se esperaban definiciones sobre la deuda y el hambre, y hubo varias, pero sorprendió con sus anuncios sobre la reforma de los servicios de inteligencia y de la pauta publicitaria, y presentó de manera muy atractiva una propuesta de reforma judicial, a pesar de que podría tratarse de una caja de pandora de la que podría salir un sistema para facilitar la impunidad de los funcionarios, tanto como una mejora sustancial del poder más sospechado de la Argentina.

Fue una pieza de oratoria magnífica que denota claramente que Fernández no necesita que le escriban los discursos para encantar serpientes.

Los aciertos en lo gestual y el contenido fueron también muy elogiados por los profesionales de comunicación. En una encuesta realizada inmediatamente después del discurso, 50 profesionales argentinos de comunicación y asuntos públicos le asignaron una nota de 8.50, al contenido, y casi el 70% elogió como positiva la escenificación general de la toma de poder por parte de Alberto Fernández. Un porcentaje similar opinó que la extensión -que superó el promedio de Mauricio Macri, aunque se mantuvo claramente por debajo de la ex presidenta y ahora vicepresidenta Kirchner- fue “adecuada”.

Los comentarios de los expertos en comunicación fueron sumamente elogiosos y auspiciosos. Marcaron que con su discurso, el flamante presidente se colocó una vara muy alta. La única duda es que ahora tendrá que saltarla con resultados.

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